Poesía Revista

Espacios atemporales

Tres poemas de Juan Antonio González


Distancias sin tiempo

Para Jesús Rosales, ASU.

Ante el asilo del rotor de viento y su tintineo,
bajo el atrapasueños, pendiente en el corredor
de mi hogar,
que adquirí como constante recuerdo
del eco de tu voz,
hurgan las distancias sabedoras de destinos.
Al incurrir a la bienaventuranza de los objetos,
que al marco de una veranda en Arizona
retornan mi viaje a tu voz,
a casa, aquella que resguarda
escarceos omnipresentes de las ausencias,
en la condición indicatoria de los meses y los días,
fracciones del ser para acotar su presencia
bajo la intemporalidad de las ausencias.
No hay distancias para la amistad,
encuentra su dúctil asidero
ante la afinidad que implican edad, profesión,
y visión del universo habitable y creador.
El tintineo de uno y el posicionamiento del otro,
semejan astrolabios comunicantes.
Escucho musicalidades mientras discurro latitudes.
Es inevitable. Simplemente se está,
en todas las acepciones del verbo
cuando las distancias se cuantifican
ante y bajo un tintineo en Arizona,
y un pensamiento alígero en el sur de Texas.

Otra vez New Brunswick

Aun en primavera y frente a Rutgers University
supe que hacía frío en New Jersey.
Al pasar junto a la iglesia bautista,
rumbo al centro de consumo
─el hambre reflejada en el rostro—
se escuchaban los murmurios de una lluvia fina
que divagaba en su bisbiseo
entre las tumbas del viejo cementerio adjunto,
y sus mármoles y granitos que resguardaban
los datos generales de sus ocupantes.
Sus moradores no exhalaban quejas
ante la lluvia de abril,
que semejaba el golpeteo acariciante
de unos dedos finos, femeninos,
que requerían atención.
Ellos, más bien, evocarían otras lluvias
u otros abriles menos o más lluviosos.
Entre el apresuramiento de la hora
ante un estómago que exhalaba su queja por deshora
se pudo recabar algún dato histórico del sitio,
y el color del mármol de alguna cabecera,
evidencia póstuma de preferencias
o bien de deudos, o bien, testamentaria.
Recababa atención, por homonimia,
William Faulkner,
integrante del ejército vencido, atrincherado
en terreno norestense.
Ahora, es abril en Texas.
No llueve, ni se siente el frío de primavera
en ciernes, mas un pensamiento furtivo,
escapa de su prisión, yéndose a divagar
para volver a aquella calle, a aquella ocasión,
a aquel entorno.
El estómago, con su protesta reiterada,
nunca me dejaría mentir.

Oaxaca de Juárez

Para Juan Bañuelos y Raúl Renán (i. m.)

Se desciende ante Juárez.
Se pasa revisión, y se avanza un trecho
ante vegetación variada en amplias avenidas.
Rugen los avances hacia el centro
del universo.
Se llega, y se aprecia la estancia:
su bienvenida es audaz.
Ya no se es foráneo: la casa invita.
Se multiplica la fantasía
en la cordialidad de las bienvenidas.
Recuerdas al poeta y su espiga,
los malabares de la frase y su intención.
Se aprecia la diversidad de tinturas.
Se adhiere la ciudad a los poros,
los ojos se magnetizan en su aprecio.
Las alabanzas en la calle, penetran atrios
solariegos en semipenumbra.
Se aspira la parafina de los milagros.
Milagro es estar, haber llegado,
serpentear el país por estar, volver
a llenar la vista,
plenar el corazón de aquellas plegarias,
inconclusas ante los años y los aconteceres,
cuyo dictum llevó al aprecio del depositario.
Es como la visita periódica a la casa
materna, y cada atrio semeja
algún rincón natural donde un aluvión
de recuerdos permite el descenso del reloj
hacia los soles que se apagaron.
Entonces, los cocuyos interiores
filtran su lucidez para cuantificar…
para magnificar espacios…
sitios donde el ser inicia ese desdoblamiento
que pide, que exige el retorno
para cumplimentar su integridad.
Ante la alameda, las calles aledañas
y sus espacios compartibles, el aroma del café,
de los distintos cafés, con sus diversos aromas,
son asideros sin tiempo, que desafían su rigor;
se vuelve a desandar lo andado
para apreciar nuevamente
las vertientes amenas de la amistad,
dignificada ante tierra nueva,
zócalo adjunto, torres plenas de plegarias,
bisagras sin tiempo que retan
el desafío de los espacios atemporales.


Juan Antonio González, catedrático de Letras Hispánicas en Texas Southmost College de Brownsville, TX., es narrador, poeta, crítico literario y traductor. Su obra ha sido antologada en más de un centenar de revistas arbitradas nacionales e internacionales. Es editor en jefe de la revista literaria arbitrada El Novosantanderino, y de la revista estudiantil De Puño y Letra. Funge como miembro del Consejo Editorial de: Revista Literaria de la Academia Norteamericana de la Lengua Española (RANLE), Puentes, A S U, y Pegaso, U. O. Desde el 2005 es codirector del Congreso Binacional Letras en el Estuario, y con el coauspicio de Humanities Texas se han apreciado los trabajos de los Oradores Magistrales: Rolando Hinojosa Smith, Elsa Cross, Beatriz Espejo, Héctor Carreto, Carmen Boullosa y Manuel Martín Rodríguez.

 

Deja un comentario

A %d blogueros les gusta esto: