Reseña Revista

Todo de nuevo, no canta mal las rancheras

Por Alfredo Ávalos


Con un tono íntimo, como quien le cuenta sus penas de amor a un amigo, con canciones de José Alfredo Jiménez de fondo, en una cantina del barrio La Capilla, en el centro de su Matamoros querido, Eduardo Villarreal de los Reyes, nos entrega Todo de nuevo (Ediciones Monarca, 2021), su libro más reciente de poesía.

Todo de nuevo es un largo poema de amor, un adiós que no acaba de decirse porque para “empezar como si nada, todo de nuevo” se precisa un valor que a muchos nos falta, sino nomas escuchen las canciones del tal José Alfredo, quien con casi cincuenta años de muerto sigue amenizando los interminables conciertos del despecho en las borracheras de los corazones rotos.

El libro tiene el sabor de una ranchera bien cantada, sin pretensiones literarias, ni abuso de recursos mal empleados, tan comunes en mucha de la poesía contemporánea. Sin embargo, no carece de estilo, al contrario, se adueña de un tono íntimo y confesional desde las primeras páginas, “Cuando me detengo frente a tu casa, se abre un espacio, se oxigena el aire.” p.18.

Es un poemario de los sentidos, de cuerpo (s) presente, “Un sexo que se abre es una sandía que se ríe cada vez que la parten.” p. 53. Y el poeta se abre el pecho para mostrar cómo se ama en la juventud, con ímpetus de jabalí, “me pides una paz de monasterio cuando sabes de sobra que la tranquilidad la tendré solamente muerto.” P.45.

También lo adereza con humor “me entusiasmé con una maestra, hasta que un día sensualmente me reprobó” p.30 “…y[sé] que me arriesgo a que tus hermanos me corran a patadas y que tu perro me muerda y deje imposibilitado a mi padre de convertirse en abuelo” p.31.

Tiene la estructura de un programa de tv, afirma su autor en la nota introductoria, porque viene con esas pausas que se usan para vendernos detergentes, que nada tienen que ver con la telenovela y que aprovechamos para salir corriendo al baño. No es el caso en este libro, porque en las pausas, no hay comerciales sino referencias a sus crushes del cine, como Tippi Hedren en The Birds; reflexiones sobre la muerte, y hasta recuerda la fiesta de la ropa del tendedero de su abuela y otras pepitas doradas, por lo que, la estructura del poemario aporta novedad a un tema que bien podría quedarse en simple culebrón.

Y no podían faltar los arrebatos de despecho de quien lleva ya varias horas cortándose las venas; “dejémoslo así por favor, con este dolor es suficiente” p.35. “Dices haberme olvidado y me ignoras repasando en secreto mi nombre con un beso que se convirtió en lágrima de sangre en tu garganta.” P.68. Frases que son como esos gritos que se escuchan en la cantina al oírse por encima del barullo♪♪Ella quiso quedarse cuando vio mi tristeza, pero ya estaba escrito que aquella noche perdiera su amor♪♪

Y vuelve el lector a tener 20 años, pide otra ronda y se levanta a ponerle monedas a la rockola, porque Villarreal de los Reyes dice, que se sabe otros.

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