por Santiago Daydí Tolson
::: Desde su escondrijo de ermitaño nuestro paguro entrega su columna mensual, la última de este año.
Del silencio dice Thomas Hardy en su novela Far from the Maddening Crowd, que a veces tiene el remarcable poder de mostrarse cómo el alma divagante del sentimiento y que cómo tal impresiona más que el discurso. De la misma manera, afirma, decir poco a menudo expresa más que hablar mucho.(“Silence has sometimes a remarkable power of showing itself as the disembodied soul of feeling wandering without its carcass, and it is then more impressive than speech. In the same way, to say a little is often to tell more than to say a great deal.” Hardy Far…)
Aunque en la novela el silencio se refiere a la muda comunicación de un sentimiento amoroso, vale el comentario para todo silencio voluntario, sobre todo aquello de decir más diciendo menos. Tiene, en efecto, ese poder comunicativo el guardar silencio.
Lección ésta del sabio escritor experimentado para escritores encandilados por la riqueza aparente del lenguaje de las retóricas profusas. Callar es, a veces, la forma más adecuada y efectiva de expresarse.
Escribir entre líneas para una lectura entre líneas pareciera ser una forma de aprovechar ese “remarcable poder” del silencio, del decir lo menos posible.