::: En su columna de este mes Paguro habla del misterio del caracol y cita a un poeta que lo ha captado en versos admirables.
Busca el camaleón una caracola vacía para mudarse: en la que vive ahora se siente constreñido, tanto ha crecido en los últimos meses.
Busca una caracola abandonada, de las que el mar arroja a la playa. Ésas que muchos también buscan para llevárselas a la oreja y escuchar el susurro profundo del mar y su misterio.
Búsqueda y encuentro a los que alude el poeta en su soneto “Caracol”, en el que habla de quien, creyendo haber encontrado en la arena—al fin, después de tanto—la improbable lámpara maravillosa, toma en sus manos la caracola abandonada por las olas y la resaca y la frota hasta hacerla reluciente de coruscante nácar:
En la playa he encontrado un caracol de oro
macizo y recamado de las perlas más finas;
Europa le ha tocado con sus manos divinas
cuando cruzó las ondas sobre el celeste toro.
He llevado a mis labios el caracol sonoro
y he suscitado el eco de las dianas marinas,
le acerqué a mis oídos y las azules minas
me han contado en voz baja su secreto tesoro.
Así la sal me llega de los vientos amargos
que en sus hinchadas velas sintió la nave Argos
cuando amaron los astros el sueño de Jasón;
y oigo un rumor de olas y un incógnito acento
y un profundo oleaje y un misterioso viento…
(El caracol la forma tiene de un corazón)
Un bello Alejandrino, pero ¿Quién es el autor?
No se ha dado el nombre del autor del poema para intrigar al lector. Se trata de uno de los grandes poetas de Hispanoamérica.