Ficción Minificción Revista

Algunos textos (del libro) “Piedras de la luna” de Amélie Olaiz

::: La brevedad se hace admirar en estos textos de un libro admirable por sorpresivo, delicadamente irónico y sugerente.

Dualidad

Entre noche y día, Bien y Mal se amaron con
descaro.
El Creador, inquieto por el incesto, los separó para siempre.

Apodo de mujer

La apodaron Muñeca por su belleza y la hicieron participe del juego. Ella desempeñó el papel con temple de porcelana. Cuando sus ojos se volvieron vidriosos y su piel perdió el lustre, la expulsaron del juguetero.


El Otro

Prendió un cigarrillo oscuro. El humo, al desvanecerse, le recordó esa antigua sensación de hastío que colmaba sus últimos años de matrimonio con Beto. ¿Quién iba a imaginar que su vida sexual cambiaría tanto después del divorcio? Sonrió con sorna sintiéndose perversa. La venganza incrementaba sus orgasmos. A su lado, entre sábanas, con el cuerpo laxo y el deseo satisfecho estaba Beto, hoy el esposo de la otra, y ella, simplemente la amante.

Cavilaciones

¡A la mesa…! dispuesta con mantelitos de flores, cuchillería de plata y vajilla blanca para que la comida luzca. ¡A la mesa…! para que eI pan caliente, el olor y el sabor del guiso no pierdan el mejor momento para degustarlos. ¡Y a la cama…! por supuesto, al terminar la cena. ¡A la cama! con camisón de encaje, sábanas recién planchadas, para que la mujer se antoje. ¡A la cama! perfumada y suavecita, con la piel y el deseo excitados de tanto pensar en él. En él, que nunca escuchará la mente parlanchina de esta muda que no puede gritar: ¡A la mesa y la cama una sola vez se llama!

La dueña

Doña Amelia era Ia mujer más poderosa del pueblo. No era propietaria de ninguna casa, no tenía terrenos ni animales ni dinero. Era simplemente la dueña y señora de sus emociones.

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