Cuento Reseña Revista

Recreación y deleite, “La vida está en otra parte” de Adela Celorio

Por Rebecca Bowman

::: Reseña del libro de Adela Celorio escrita originalmente para la revista electrónica MediaIsla, ya no accesible.

Con un guiño Adela Celorio entrega a la literatura una colección de cuentos pícaros y profundos. Esta colección, más valiosa por ser breve, es como una bomba, pero una bomba deliciosa que estalla en medio de la dogmática pesadez de una sociedad osificada. Traviesa y, como dice Santiago Daydí Tolson, picarona, su narrativa oscila entre lo sutil de lo no dicho y lo que ella hace exquisitamente obvio, lo impuro de una sociedad decadente.

La comedia, uno de los géneros más difíciles de escribir, es de los más subversivos y eficaces, pues los libros que no se leen no reverberan en la sociedad y la comedia es expansiva en su extensión. Pensemos en Mark Twain, en Dickens, en el mismo Ibargüengoitia, el humor da en el blanco y como lo hace rápida y gratamente los lectores siguen su trayectoria.

Muchos de los cuentos del libro se arraigan en una fina ironía situacional, en lo ligeramente absurdo. Imágenes certeras, giros geniales, juegos de palabras y finales sorpresivos, la habilidad narrativa de Celorio es notable. Celorio utiliza una prosa elegante que pone el adjetivo preciso en el lugar preciso, que trata lo erótico sin caer en lo burdo.  Algo de los cuentos me acuerda, no en el estilo, pero sí en el espíritu a algunos escritos de Nabokov, pienso en Pnin, a los textos cómicos y profundamente significativos de Roth como El teatro de Sabbath y Portnoy´s Complaint, a la obra maestra de Gógol, Almas muertas.´ Señala los defectos de la sociedad que todos reconocemos tan pronto se nos los menciona, que antes percibíamos, pero solo a medias. Y sin embargo, aunque los textos denuncian, la visión de Adela no es sardónica, y el tono nunca degenera en el chillido de los indignados, simplemente nos presenta juguetonamente los hechos. 

En una lectura amena Adela subvierte las normas chilangas, en donde el hombre es quien tiene licencia para recrearse en el adulterio, en donde la mujer no debe mostrar su deseo. En el cuento más impactante de la colección, “Insigne benefactor”, demuestra la hipocresía y el encubrimiento de las instituciones a los actos más sucios de los poderosos, pero lo hace con un tono ligero, señalando así la también complicidad de las víctimas. Este cuento escandaliza aún más porque no hay escándalo.

Retomar un género tradicionalmente patrimonio de hombres, poner la sexualidad y la franca osadía en la voz de una narradora es abrir una puerta más para las mexicanas, permitiéndoles otra vez salir de una literatura que trata sobre la mujer a la que se le prohíbe pasar del umbral de su casa.  Al describir con deleite el cuerpo masculino, al pintar a mujeres que buscan el acto erótico y que no lo rehúyen, Celorio nos ofrece una alternativa a la figura de la Chingada.

Si pienso en los De cujus, los sucesores y sobre todo sucesoras de Adela Celorio, pienso inmediatamente en Erica Jong y su novela picaresca e innovadora, Miedo a volar, pero más aún en Colette, quien con sus novelas Gigi y Chéri, nos permite asomarnos al mundo cortesano. Gran parte de la narrativa occidental satisface las ganas de la burguesía de disfrutar rich people porn, al dejar ver cómo viven los ricos en un mundo que pocos conocen pero del que muchos sienten curiosidad, como la de la lectora en ”Y como una cosa lleva a la otra” que se pone a descubrir los “sueños y costumbres de la vida palaciega”. Celorio en esta colección nos ofrece viajes de cruceros, compras de joyas, champaña y bocadillos, pero también una especie de oquedad espiritual, falta de propósito, tiempo sobrado, grandes soledades y poco roce humano, y entonces la colección en su conjunto también tiene un dejo de tristeza y casi nihilismo. Y este efecto secundario de melancólico vacío queda perfecto. Es parte de la denuncia de Adela. Nos asomamos al mundo palaciego y nos resulta poco atractivo. Por eso es tan acertado el título de este libro, un título que tiene un toque irónico, pues claramente esta frase se refiere al anhelo de no vivir la vida que a uno le tocó, pero aunque pensemos que nuestras existencias no son plenas e imaginemos que colmarse de lo material nos daría infinita felicidad esta colección nos demuestra lo contrario, pues Celorio nos advierte tanto en los cuentos que lo componen como en el título del libro que La vida está en otra parte.

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