Unas páginas de la premiada novela Cosecha de verano de la escritora mexicana y profesora de literatura hispanoamericana en la Universidad de Tejas en San Antonio, Isaura Contreras. La edición bilingüe de la novela, con traducción de Rebecca Bowman, lleva el sello de Bric-a-Brac, de San Marcos, Tejas.
Cuando las tardes se iban con una olla en la cabeza y andar desaliñada era culpa de mamá; cuando recorría el pueblo con una vara en las manos y el miedo más grande era un perro amarillo; cuando podía correr sobre terrones que no se deshacían y trazaba caminos bajo las matas de un trigal. Cuando aprendí a contar. Cuando tuve al profesor, y lo recuerdo: en su silla frente a los otros ¿cincuenta?, decirme que yo era linda, su nariz en mis mejillas, mis piernas en sus rodillas, sus manos entre mi falda. Entonces, mi abuela enferma del pecho, papá dice que muere pronto, mamá piensa en los vestidos, yo a veces en el gorrión. La abuela construyó la jaula, ella misma puede entrar, abre una portezuela, dos pasos y está en el mismo espacio del animal; le habla en un lenguaje inventado de cariños, el pajarillo vuela en círculos asustado por verla, a poco se calma y se posa en un rincón cantando desesperado, y la abuela da un espanto con su nariz filosa, sus ojos vidriosos, su risa chillante, a pausas. Perdida en la contemplación, yo o alguien, a veces todos, la vemos traslucir por el alambrado, su postura inmóvil, sus muecas tímidas; manotea intentando tocar con sus dedos el ave, y le conversa en secreto, le cuenta de todos, y hasta de mí: muchos años después en una ciudad lejana. Lo dejó tía Saura, eso pensamos, lo dejó la noche de su huida, lo dejó por coraje, para recuerdo nuestro. La adoración de la abuela: tía Saura y el pájaro, la misma cosa. Fue entonces lo del abuelo: sus caminatas incesantes por el jardín y el pasillo, las vueltas por la casa, sus palabras sin sentido, sus besos a la pared, su bilis derramada, ¿era eso? Y el abuelo la cosa más tierna: el abuelo comiendo nueces, el abuelo y su intento de no perder la memoria.
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When the afternoons went by with a pot on my head and if my hair and clothes were messy it was Mama’s fault, when I’d run around town with a stick in my hands and my biggest fear was a yellow dog, when I could race across the dirt without it crumbling and trace paths under the stalks of a wheat field. When I learned how to count. When I had a teacher, I remember him: we’re in his chair in front of the other kids, maybe fifty, he’s telling me I’m pretty, his nose is on my cheeks, my legs are on his knees, his hand within my skirt. Then my grandmother sick in her chest, Papa says that she’ll die soon, Mama’s mind is on the dresses, mine’s on the sparrow. Grandma built a cage, she can get in herself, she opens the little door, two steps and she is in the same space as the animal; she speaks to it in a made up language of endearments, the little bird, scared, flies in circles when it sees her, eventually it calms down and settles in a corner singing desperately and Grandma frightens it with her sharp nose, her glassy eyes, her shrill, jagged laughter. Lost in contemplation, I or someone, sometimes all of us, see her revealed through the wire, her still stance, her shy expressions, her outstretched hand, trying to touch the bird, she tells it about everyone, even about me: many years later, in a city faraway. Aunt Saura left it behind, or so we thought, she left it there the night she ran away, she left it out of anger, so we’d remember her. The apple of Grandma’s eye: Aunt Saura and the bird, the bird and Aunt Saura. And then there was Grandpa, his endless wandering in the garden, hallways, and around the house, words without meaning, kisses for the wall, traces of rage, was it that? And Grandpa so tender, Grandpa eating nuts, Grandpa struggling not to lose his memory.
!Una novela excelente! Cada personaje tiene unicidad, y la novela evoca inocencia, melancolía, tragedia y muchas otras cosas; realmente la recomiendo.
Efectivamente, es una novela que merece leerse. El uso del lenguaje es impecable, con mucho de lirismo propio del verso y raro en prosa.