por Rebecca Bowman
::: En su columna La Terraza ofrece hoy su autora un agudo comentario sobre un reciente impactante libro solo diminuto por su tamaño.
Con una prosa incisiva y eficaz Alfredo Ávalos nos ofrece un conjunto de minificciones que diseccionan la realidad con una navaja tan fina como el más fino bisturí. El minilibro, publicado por Poetazos, con imágenes de la extraordinaria cerámica de Fletcher Pool, se intitula Anatomía de lo extraño e incluye fábulas insólitas, chistes crueles, cuentitos amenos y otros casi de terror. Lo que prevalece en estos breves textos es el extrañamiento, esa sensación de que el mundo se tambalea, que no es lo que nosotros esperamos. Y está bien…porque así Ávalos nos recuerda que no tenemos control, que no tenemos ni siquiera mucho entendimiento de lo que nos circunda.
Una anatomía es minuciosa, precisa, diseñada para que se entienda el sujeto, se enfoca en la estructura de un cuerpo o un sistema. Así corta Alfredo la superficie para mostrarnos lo que hay debajo. Con pocas frases resuelve toda una situación y nos obliga a ver lo que quizá no queremos mirar. No sólo nos deja una mayor perspectiva de la realidad sino además la sensación de que el bisturí también nos llegó al corazón.
Pensemos en lo extraño, en qué lo define, en quién decide si algo es o no es normal. Al examinar lo extraño entendemos aún más lo que es la generalidad y que lo extraño es muchas veces, paradójicamente, lo más común, pues ¿quién no descubre al abrir el periódico sobre la mesa del desayuno el miedo y el asco, aquel horror que hace que tiemblen los huesos?, ¿quién no encuentra que los mismos padres son capaces de desechar a sus hijos?
Este libro es un acto solidario con los marginados, con los relegados, con los que no caben en una sociedad. Ternura hay, y risa…un humor punzante y una cierta insistencia en el descorazonante hecho de lo ubicuo y banal que ya es para nosotros la violencia más escabrosa. El libro depende en gran parte de la sorpresa y el reto a lo convencional. Aunque breves, y quizá por serlo, los textos abarcan lo no dicho que todos, al vivir en este momento histórico, reconocemos. Prevalece un fatalismo extremo en estas ficciones que aun así no quita su calidad de denuncia, y a pesar de todo una y otra vez surge lo bello.
Hace falta mencionar que los textos que Ávalos eligió para esta publicación son exactamente adecuados para el formato del minilibro y la manera en que se distribuye, pues no sólo sirven para que uno los lea en esos momentos robados del diario vivir, sino que introducen y fomentan la lectura significativa para quienes no tienen esa costumbre. Revela un respeto al lector, a su inteligencia y a su tiempo, actitud refrescante que crea una complicidad con el público que lo invita a que también juegue este juego que es la literatura.
En fin, si no se conoce ya la narrativa de Alfredo Ávalos, esta breve selección es una buena entrada a su obra. La literatura es muchas veces una oportunidad de conocer un universo creado que no es el mundo sino la manera que otro tiene de percibir el mundo. La oportunidad de percibir lo que percibe otro es una de los beneficios del lenguaje, y percibir lo que percibe Alfredo Ávalos como él lo percibe es expandir nuestro mundo de una manera excepcional.

Definitivamente una colección muy bien lograda. Y el formato como bien lo dice Rebecca, en poco tiempo nos regala gran calidad de literatura.