::: Tres textos líricamente elegíacos del libro Perfiles de silencio (ALJA, 2021). Letras en la Frontera ha publicado anteriormente varias de las bellas imágenes de aves creadas por este poeta y fotógrafo.
ECFRÁSTICO
Me contemplo al fondo de una foto arcana.
Soy reflejo en esa imagen desteñida,
silente, recogido rostro de cenizas.
Consumido por el paso de los tiempos,
desde un rincón me recuerda la memoria
esos momentos de luz y sombra, sabes,
los habitó también tu ancestro un día.
≈
QUELA
A mi hermana María Micaela
“El dolor no se puede compartir”
R. Castellanos
Quela, aun no despierta el sol,
ni un simple murmullo de luz
asoma a los umbrales del amanecer.
Por las aceras de calles desoladas
oculta su presencia el desconsuelo.
La noche impensable sigue en pie.
A mi lado se desdobla el tiempo
ante tu imagen. Me sonríe tu rostro.
Cierro los ojos. Me alcanza tu voz.
Esas últimas palabras placenteras
“Ya estoy saliendo de esta, compadre”
aun retumban en mis tímpanos.
¡Cuántas veces me lo tienen
que explicar y yo sin comprender
la furia del mar en mis ojos!
¿Cuántas veces me repiten
que no estás, que te has ido?
No lo sé.
Solo sé que la vida
te hizo trampa,
y tú, sin darte cuenta.
¡Tenías tanto por qué vivir!
¡Tantos caminos por recorrer!
¡Tanto que ofrecer a la vida!
Descansas en ese suelo provinciano,
tan distante, tan sola, tan ausente,
alma en descanso entre altares de oración.
Sabes, de allá voy a arrancar un puño
del cerro, un tajo del firmamento,
un fajo de flores del camposanto.
Quiero palpar la angustia de esa tierra,
la pena de ese cielo que vela tu sueño,
los pétalos desprendidos del dolor.
Sí, sigo aquí, junto a tu imagen de tiempo
absoluto. Contemplo tus ojos, tu sonrisa,
lugar de encuentro en estas horas frías
Quela, sabía que te encontrabas lejos,
cortando flores en el campo de tus días.
Ahora, ante la gracia de tu imagen
te escucho, te platico, te adivino
aunque sigas como este día sombrío,
apesadumbrado que nunca despierta.
≈
UN NUEVO AMANECER
“Amé. Fui amado, El sol acarició mi faz,
Vida, nada me debes. Vida, estamos en paz”
A. Nervo
Desperté con un sabor amargo de boca justo antes del amanecer. Me incorporé, abrí la puerta cuidando no despertar a nadie y salí al patio. La luna, acompañada de una estrella titilante, se reflejaba en la transparencia. Al fondo murmuraban los árboles; el fresno inquieto entre el arrullo de palomas y la anacua dócil a los rumores del alba. Y prendido en lo más alto, absorto en el encanto de la aurora, un cenzontle tarareaba la presencia de un nuevo día. Contemplo el rostro del alumbramiento, elevo mis brazos y colmo del embrujo los pulmones. Al momento, percibo un aroma a tabaco; luego, una esencia a café. Ah, el abuelo ya anda en pie. Sonrío. Pensar en él siempre me trae sosiego y aspiro, profundo, su presencia. Enseguida, asoma el día, pleno, brillante y el pensamiento resplandece. Luego, sin advertirlo, me toma un escalofrío. Me asalta un miedo. Tiemblo. Cuando se agolpa el día en mis ojos y de súbito me sacude la respiración, me desato en un llanto brusco, seco. Me llevo las manos al rostro, me doy golpes al pecho, mas todo es inútil. Brotan de mis ojos vestigios desprendidos del tiempo, ausencias de dolores lejanos, ya casi olvidados. Del vértigo se descuelga una hebrita de luz. En su reflejo se desdobla mi lamento. Es en ese instante preciso, ante la promesa de un bello amanecer, cuando me pasa por la cabeza que hoy te llevamos a estar con mi padre al cementerio.