Por Alfredo Ávalos
“Qué más da, después de todo no es su casa, solo están de paso.”
—Mommy, we have a neighbor —dice el niño camino a su cuarto de la mano de su madre.
—En español, Roddy, tenemos que practicar español. Pronto volveremos a México, allá tenemos que hablar en español.
—Something lives in the attic, Mommy —insiste Roddy—. I hear it at night.
—Es una casa vieja, Roddy, las casas viejas guardan sonidos. Yo también escucho ruidos, pero no pasa nada, métete en la cama, reza tus oraciones y nada te hará daño.
—It likes to eat wood —dice—; it’s gonna eat it all, the whole house.
Ella recuerda la pata parcialmente roída de una silla del comedor que vio en la mañana y pensó que cómo no la había notado antes.
—No tengas miedo, Dios está con nosotros —dice ella—; y señala el crucifijo sobre la pared en el cuarto de Roddy.
—But it is made of wood —dice él.
—Pero es Dios y nada puede contra Dios —le asegura y lo besa en la frente.
Roddy reza hasta quedarse dormido. Quizá Mommy tenga razón, Dios los cuida.
Por la mañana, revisa las sillas, no es solamente una, tres de las seis que conforman el comedor tienen las patas parcialmente roídas. La mesa está intacta.
Debe haber una plaga de polillas, piensa. Es un problema común con las casas viejas de madera como esta. Sigue revisando los muebles y encuentra otros que presentan el mismo daño que las patas de las sillas. Si no fuera porque viven a unos minutos del centro de la ciudad, pensaría que hay un castor dentro de la casa comiéndose las cosas de madera.
Qué más da, después de todo no es su casa, solo están de paso. Pronto serán deportados a México. Ve el calendario sobre la pared y la fecha que ella misma marcó en él. Noviembre 24, Día de Acción de Gracias, es el día que ordenó el juez de inmigración para que salga voluntariamente del país o ser removida por la fuerza. Su abogado está tratando de que se quede en el país un poco más, alegando que Roddy es ciudadano de Estados Unidos y no puede ser deportado.
—What’s Mexico like? And why do people speak Spanish there? —ha preguntado Roddy. Ella no recuerda mucho tampoco; dejó el país a los nueve años y no ha vuelto desde entonces.
Va a buscar a Roddy a su cuarto y antes de abrir, nota que en la parte de debajo de la puerta hay un descarapelo grande en la pintura, como si alguien hubiera hundido una navaja o unos dientes un par de veces dejando dos tajos limpios.
—Esto no lo hacen las polillas —se dice—. Abre la puerta y ve que Roddy sigue durmiendo. —Roddy, baby, despierta.
Roddy abre los ojos. —It came last night —dice el niño.
—¿Quién?, ¿quién vino, Roddy?”
—The Neighbor —dice Roddy y señala hacia arriba—. It may like flesh and blood, now.
—¿Por qué dices eso, Roddy?
El niño señala la pared.
Voltea y ve el crucifijo en donde el relieve del cuerpo del Cristo ha sido devorado y solo queda colgando la cruz de madera manchada con su sangre.