Norte
Brama en el mar un Leviatán de olas
que flagela la orilla
con zarpazos de láminas grises.
La arena levanta el vuelo
con capote de vidrio.
Es hora de correr:
raudas agujas laceran la piel.
Las casuarinas lloran, heridas,
el vendaval arranca sus espinas.
Los marineros firman testamentos fugaces,
los aviones tiemblan, escondidos
en remotos armarios.
El día es un músico ebrio
que nos vuelve la espalda.
***
Prometheus revisited
Él me enseñó un soberbio paisaje con heridas,
yo le ofrecí mis cabellos, girando
a los cuatros vientos de su desgracia.
Me habló de su amor por nosotros,
del rapto de una flor llameante.
Le indiqué en un mapa el punto exacto
donde cierta tarde cayó una estrella fugaz.
Me regaló un reloj de arena de los siete mares
y fui canción para colmar los sueños
que, en él, nunca cicatrizaban.
Me preguntó por la cerradura del corazón del hombre
y solté una carcajada.
En medio de la noche, revelé el secreto:
con la flor llameante,
sepultamos los ojos de los niños
bajo las sábanas del horror absoluto:
inventamos la guerra.
***
Sol del atardecer
sol del atardecer
canción del arco iris
incendio – resplandor
cansancio
que termina
sol del atardecer
regocijo saliente de la vida
perfume del amor
que se evapora