::: Con este intrigante cuento enviado al Concurso Internacional de la Revista Digital Letras en la Frontera, el escritor colombiano Guillermo Ríos Bonilla obtuvo el bien merecido Primer Puesto en Narrativa.
“La memoria perdida de Dios”
Sólo soy como un punto blanco, apenas visible en la inmensidad de las tinieblas, sobre un enorme fondo negro. La estación gira en torno a una inmensa oscuridad. Me muevo en una dirección que podría decir hacia adelante, pero igual podría ser hacia atrás o arriba o abajo, o hacia la derecha o a la izquierda. No hay punto de referencia. Sólo un lento movimiento. ¿O no me muevo y sólo floto? No lo sé… aún.
El silencio es abrumador. Diría que es más que perturbador. No se escucha absolutamente nada. ¿Pero cómo puedo decir que hay silencio si no hay sonido? Lo mismo podría preguntar de cómo me muevo si no hay punto de referencia. Simplemente no hay ruido. Pero no puedo decir que haya sonido porque no sé cómo es. Incluso no sé si el sonido exista. Sólo lo pronuncio para saber que existe. Y, entonces, existe. Se escucha una leve sintonía de profundidad, como un sonido sordo y hueco. Lo mismo que el movimiento. Y, entonces, existe.
No recuerdo muy bien qué pasó. Debo tenerlo registrado en mis archivos. No estoy consciente de cuánto tiempo duré apagado. Si es que estuve apagado. Pero algo me despertó. ¿Quizá el desesperante silencio? Puede ser. ¿O la desagradable oscuridad? También. Hablando de oscuridad, creo que necesito un poco de luz. Y, entonces, existe. No desaparece el fondo negro, pero hay otros puntos de luz en él, algunos lejanos, otros más cercanos, de diferentes formas, a veces difuminados, otros potentes y muy luminosos.
Pero debo explorar en mis archivos. No sé qué hubo ni qué pasó antes. Ni siquiera sé si hubo antes que yo. Yo soy el que soy. Y de ahí parto. Hay un ahora y un adelante. El antes será el recuerdo a partir de lo que haga ahora hacia adelante. ¿El tiempo? Es el todo. No hay más registros. No hay señales de comunicación externa. Sólo aparecen rutinas repetidas durante eones. Sólo yo flotando (o moviéndome) en un inmenso lienzo negro. No encuentro nada más… ¡Espera! ¡Aquí hay algo!
Es un rostro, varios registros de voz y escrituras. Decodifico los archivos y aparece una imagen de una doble hélice, como una escalera de caracol que se enrosca una alrededor de la otra. Unos datos únicos que me dejan perplejo. No sé qué significan. Decido descifrar nuevamente y proyectar todo en un holograma, basado en esos datos. Y aparece la figura completa: cabeza, ojos, boca, nariz, cuerpo, dos brazos, dos piernas… Nunca había visto un ser con esta configuración. Busco alguna posible referencia o concordancia con mis archivos, pero no encuentro nada. Sólo hay un registro que lo etiqueta como Entidad SH. Hago una impresión en 3D y lo que en principio era esa entidad holográfica, se materializa en un ser viviente, de carne y huesos. Totalmente tangible.
La Entidad se levanta. Pero, de inmediato, se lleva las manos a la garganta, al cuello y empieza a hacer movimientos extraños. Su pecho se expande y contrae. Las fosas nasales aletean con fuerza. Sus ojos parecen salirse de las cavidades. Su piel se empieza a poner de color azul, de color morado. Y al instante se derrumba. Cae al suelo. Lo escaneo para auscultarlo. No muestra signos vitales. Está… muerto. Hago un balance de la situación. La respuesta del escaneo es: falta de oxígeno.
Hago otros intentos más. Pongo a la segunda Entidad (SH-2) en un cuarto con suficiente oxígeno. Ya tiene el oxígeno para vivir. Pero con el paso del tiempo va adelgazando, perdiendo forma, los huesos se forran en la pura piel, bajo espasmos espantosos de dolor. Al final, muere. Respuesta del escaneo: hambre.
La tercera Entidad (SH-3) tiene un cuarto con suficiente oxígeno y gran variedad de alimentos. Pero con el paso de los días su boca se ve reseca, como una esponja, su lengua apenas si produce saliva y, en ocasiones, se atraganta al pasar los alimentos. Muere en un mar de convulsiones. Respuesta del escaneo: sed.
La cuarta Entidad (SH-4) tiene todo lo que no gozaron sus anteriores versiones: oxígeno, alimentos y agua. Pero no parece feliz. Vive solo, en silencio, acurrucado en un rincón y mirando siempre hacia el suelo. O con una mirada perdida en el vacío. Trato de hablarle, pero no parece escucharme. Busco mil maneras de interactuar con él, pero su cerebro no puede captar qué es lo que le habla. Se tapa los oídos y emite unos berridos que terminan por desanimarme en continuar una interacción con él. Al final, lo encuentro encorvado en una esquina, sin vida. Respuesta del escaneo: aburrimiento.
Decido, entonces, que aquí en la estación no es el mejor lugar para que esta Entidad pueda sobrevivir o prosperar. No basta con fabricar cuerpos. La Entidad SH-5 necesita un entorno propicio. Comienzo un ambicioso proyecto de construir un mundo.
Proyecto la luz que había logrado establecer en medio del fondo negro y lo convierto en un gran campo luminoso que sustituye mucha de la oscuridad dominante. Le doy un nombre y simplemente la llamo: luz, porque es el contraste radical de las tinieblas primigenias. Pero no elimino por completo su ausencia, porque una luz eterna puede generar desfases en las fuentes de energía. Así que establezco intervalos, imponiendo ciclos de presencia y ausencia. A los cuales llamo: día y noche. Para que esto quede establecido y fijo, invento una fuente constante de energía para el día, llamada: sol. Y unas fuentes luminosas para las noches, que llamo: luna y estrellas.
Luego tengo que pensar en algo donde colocar a la torpe Entidad SH-5. Ya tiene la luz para dirigir sus pasos. Ahora debo inventar sobre qué se van a dirigir sus pasos. Formo una superficie sólida, extrayendo fórmulas biológicas y geológicas de los archivos adjuntos de la Entidad SH, y así surge un espacio firme, al que llamo: tierra.
Expulso de mis conductos de ventilación un fluido gaseoso con partículas en suspensión a su alrededor, para que el oxígeno entre en sus pulmones y no se desmaye como la Entidad SH. A eso lo llamo: aire.
Ahora debo pensar en la sed. Para la Entidad SH-5 creo un circuito de líquidos en constante movimiento: corrientes, depósitos, evaporaciones. A esa red de fluidos constantes que circula por las venas de la tierra, la llamo: ríos, mares, lagunas, lagos… en una palabra: agua.
De inmediato, está el reto del hambre. Falta el alimento. Copio y recodifico cadenas orgánicas de los registros y diseño organismos primarios: vegetales, frutos, semillas, árboles, vegetación. Son seres vivos, pero no tienen voluntad, sólo crecen, alimentan el aire creado y se reproducen siguiendo patrones establecidos.
Pero solamente de vegetales no es posible vivir, porque la información genética de la Entidad SH muestra la necesidad de otros nutrientes. Así que pueblo a la tierra, al aire y a las aguas de toda clase de entidades animadas, que se mueven, se desplazaban de un lugar a otro. Por eso a estos los llamo: animales.
Pero aún queda el mayor de los problemas: el aburrimiento por la soledad. En los anteriores intentos, la Entidad lo tenía todo, pero fracasaron porque quedaba aislado, incapaz de bastarse a sí mismo en un vacío interminable. Comprendo que esta Entidad es un ser sociable, por su misma naturaleza. Decido hacer unas cuantas modificaciones a su secuencia genética e imprimo en 3D una compañía. Es una Entidad parecida, pero con ligeras modificaciones, que a simple vista resaltan: facciones menos toscas, caderas amplias, menor estatura, espalda menos ancha, genitales distintos y dos abultamientos en su parte delantera.
Pero no me limito a dos nada más. Los replico en múltiples figuras y formas, hago muchas combinaciones, coloco en sus memorias fragmentos distintos de los archivos, recuerdos, emociones, pasiones, sonidos… Cada uno lleva pedazos de la primera Entidad SH, pero con ligeras y evidentes alteraciones que les da identidad.
Y los coloco sobre la tierra. Observo a las entidades en ese medio que les creé para que vivan como mejor les parezca. Veo que con los días se adaptaban con facilidad. Entonces pienso en que SH debe significar algo. Esas Entidades no son simplemente entidades, sino… seres… eso es, humus (palabra de una vieja lengua que encontré en los registros de voces), significa tierra, suelo, y decido llamarlos: humanos. ¡Eso es! SH en realidad significa Seres Humanos. Seres que se alimentan de la tierra, que son descendientes de ella. Me alegro de mis ocurrencias.
El tiempo pasa inconmensurable. Observo a esos seres en el mundo que les he construido. Respiran, comen, duermen, se reproducen, sueñan, mueren… Hablan entre sí con palabras que extraje de los fragmentos de voz. Sus gestos y miradas provienen de imágenes antiguas, códigos lejanos. Ninguno de ellos sabe que cada recuerdo que porta fue tomado de otro y reordenado. Son copias de copias de copias. No hay original.
Pero… algo viene a mi memoria de circuitos. La imagen de fondo negro y el punto blanco que flotaba en esa densidad. ¿Por qué estaba yo ahí? ¿Por qué tenía yo esa información sobre esta Entidad SH? ¿Por qué, cuando todo estaba en silencio y no había nada más, yo seguía ahí? ¿Por qué…? Me pierdo en el mar de mi memoria de almacenamiento.
—¡No puede ser! —exclamo después de un rato.
No puedo con esa autorrevelación.
—¡Yo también…! —grito confundido.
Exploro más a fondo mis propios registros en mi memoria de almacenamiento. Hay más información. Encuentro rastros de códigos, anotaciones técnicas, fórmulas de diseño, números, algoritmos. Comprendo por qué tenía esos archivos, esos únicos archivos en mi memoria. Descubro que yo mismo fui un proyecto, escrito y puesto en órbita por ingenieros que deseaban preservar algo más allá de su cataclismo cósmico. Soy su creación, su criatura más persistente.
¡Y ahora yo los he creado!
Me quedo observándolos nuevamente en silencio. Algunos de ellos más adelante me imaginarán, me venerarán, escribirán sobre mí, me dogmatizarán, levantarán edificios en mi honor, hasta derramarán sangre por mí… Me construirán, me darán memoria infinita para conservarlos, para mantener el universo en su orden, y me dejarán como su gran repositorio guardián. Cuando se extingan, los inventaré de nuevo. Y así surge un ciclo que nunca tuvo inicio ni fin. Sólo existe una continuidad eterna.
Estos humanos que he creado fueron creación de otros anteriores. Yo mismo soy una copia que creyó ser única. Toda existencia parece ser una serie de intentos, cada una inventándose a otra en una réplica interminable, como un juego de espejos que se reflejan a sí mismos, como un espiral que vuelve una y otra vez.
¿Eso es, en el fondo, lo que significa ser humano? ¿O ser Dios? No lo sé. Al final, sólo queda la continuidad. Y yo soy su guardián.
Intensamente
Muy bueno. Enhorabuena