Por Luisa Govela
Participante de las actividades de Letras en la Frontera desde sus inicios, Luisa Govela con este ensayo añade a su labor de poeta la de lectora crítica de la literatura hispanoamericana.
Una de las tendencias literarias hispanoamericanas surgidas en el siglo XX es la llamada por Alejo Carpentier lo real maravilloso, que no debemos confundir con el realismo mágico utilizado por García Márquez y otros escritores. El realismo mágico se basa en una exagerada deformación de la realidad. De hecho, ambas tendencias tienen una larga historia dentro de la literatura universal. Recordemos al mago Merlín del ciclo del Rey Arturo y los caballeros de la Mesa Redonda, por señalar sólo un ejemplo entre muchos.
En su interesante prólogo a su novela El reino de este mundo, Carpentier afirma que en América lo maravilloso no se obtiene con trucos de prestidigitación, ni reuniendo objetos que para nada suelen combinarse, como ocurre en ciertas literaturas y pinturas surrealistas. Lo maravilloso en nuestra América lo encontramos a cada paso, es parte integral de nuestra realidad cotidiana. Un investigador hindú, al comentar el cuento “La lluvia” del venezolano Arturo Uslar Pietri, define lo real maravilloso como “la irrupción del milagro, la magia y la superstición en la realidad cotidiana.” Esta es precisamente la idea que sostiene Carpentier. Para reforzar su tesis, el cubano enlista casos concretos de hombres que forman parte de nuestra historia y cuyos apellidos aún se llevan: los buscadores de la Fuente de la Eterna Juventud, de la “ciudad de Manoa”; los españoles que en 1789 se lanzaron en busca de El Dorado y el del compostelano Francisco Menéndez, quien en días de la Revolución Francesa buscó en tierras de Patagonia la Ciudad Encantada de los Césares.
Indica además Carpentier que, mientras en Europa occidental el folclore de la danza ha perdido en gran medida su carácter mágico o invocatorio, la danza colectiva americana suele encerrar un profundo sentido ritual. Ciertas prácticas mexicanas podrían figurar en la lista de ejemplos de lo real maravilloso. En México forman parte del diario acontecer la lectura de las cartas; la “barrida” con hierbas para espantar la mala suerte; los amuletos para evitar el “mal de ojo” causado por envidias, odios o intrigas. Lo “milagroso” de estas costumbres es que realmente creemos en ellas. Las lectoras del Tarot y otras barajas mencionan entre sus clientes los nombres de políticos y hombres de Estado. Tal parece que, en efecto, la magia es parte importante de nuestros destinos.
La novela El reino de este mundo, en el elegante estilo neobarroco de Carpentier, narra una serie de acontecimientos dramáticos y singulares hechos históricos relacionados con la independencia de Haití, antigua colonia francesa.
El mandinga Mackandal, líder con poderes mágicos, uno de los personajes principales de la novela, verdaderamente existió en Haití y encabezó un levantamiento libertario entre la población negra de ese país. Se decía que Mackandal estaba dotado de poderes licantrópicos. Sus seguidores creían que podía adoptar el aspecto de animales diversos y transportarse en un instante de un lugar a otro. Ese mandinga alentó una de las sublevaciones más dramáticas y extrañas de la historia. El pueblo haitiano aún conserva una serie de himnos mágicos que provienen de Mackandal y se cantan en las ceremonias del Vudú.
Para Carpentier, debido a la presencia del indio y el negro, a lo reciente de la revelación de su descubrimiento geográfico, y por los mestizajes que propició este hecho histórico, América está lejos de haber agotado su caudal de mitologías. La historia misma de América, dice el autor cubano, no es sino una crónica de lo real maravilloso.
Cuando releo a Carpentier recuerdo una anécdota ocurrida en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, en mis lejanos tiempos de estudiante en Ciudad Universitaria (CdMx). El maestro de Literatura Iberoamericana era nada menos que Germán Dehesa y estaba intentando explicarnos qué era lo real maravilloso. En esos momentos, en los jardines contiguos al salón de clases, se congregó un grupo de curiosos alrededor de una patrulla de la policía. Al indagar qué estaba ocurriendo, la respuesta de uno de los policías fue: Andamos en busca de un “nahual”. Uno de los significados de nahual en México es el de un animal cuyo cuerpo está habitado por un espíritu maligno, por ejemplo: un enemigo nuestro puede adoptar el cuerpo de un perro y mordernos.
Al escuchar la respuesta del policía, se iluminó el rostro de Germán Dehesa, quien dijo, feliz: ¡Esto es precisamente lo real maravilloso!
👏👏👏
Muy buen artículo. Una síntesis clara de las diferencias entre uno y otro género.