{"id":22096,"date":"2026-06-16T00:44:53","date_gmt":"2026-06-16T00:44:53","guid":{"rendered":"https:\/\/letrasenlafrontera.org\/?p=22096"},"modified":"2026-06-16T00:44:57","modified_gmt":"2026-06-16T00:44:57","slug":"las-urracas-de-papan","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/letrasenlafrontera.org\/index.php\/2026\/06\/16\/las-urracas-de-papan\/","title":{"rendered":"Las urracas de pap\u00e1n"},"content":{"rendered":"\n<p>por Rossy Lima<\/p>\n\n\n\n<p><em>Tiene este cuento el toque po\u00e9tico de quien ha publicado varios vol\u00famenes de poemas. Y tiene tambi\u00e9n la magia de la fantas\u00eda y ciertos rasgos de leyenda.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Las urracas de pap\u00e1n<\/p>\n\n\n\n<p>En todo Tamiahua, nadie hubiera podido imaginar que una cabeza tan hermosa terminar\u00eda en el hocico de un perro, ni que ese perro la llevar\u00eda hasta la puerta de la t\u00eda Carmen, la misma por donde le echaba los huesos del caldo, la misma por donde Lupe sal\u00eda a pasear cuando todav\u00eda ten\u00eda la cabeza pegada al resto de su cuerpo: vestido de lino beige, con su guayabera adecuada para usar mancuernillas con piedra de alejandrina.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Mira, machis\u2014 le dec\u00eda a mi madre mostr\u00e1ndole los pu\u00f1os de la camisa \u2014esta piedra se llama igual que mi novia.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Mi mam\u00e1 pens\u00f3 que en el pueblo no viv\u00eda ninguna muchacha con un nombre tan brillante, y que m\u00e1s bien esta piedra tornadiza era igual que Lupe, una cosa preciosa que siempre se mira por primera vez. A mi mam\u00e1 le gustaba platicar con su primo, aunque su pl\u00e1tica hiciera piruetas.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Lupe, dice mi mam\u00e1 que si te quedas a comer.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014S\u00ed, machis, qu\u00e9 rico, \u00bfsi viste la pel\u00edcula? Ese dicen que soy yo as\u00ed me dijeron ayer que fuimos por caldo de jaiba, ah\u00ed vive la t\u00eda Socorro, \u00bfapenas vas a la escuela, no? Es que me voy&nbsp; a ir de viaje, s\u00ed regres\u00e9 mira, machis, esta piedra se llama igual que mi novia.<\/p>\n\n\n\n<p>No hab\u00eda espejo en donde cupiera su porte, o curandera que no le hubiera dicho a la t\u00eda Carmen que alguien le estaba trabajando un mal a su hijo [qui\u00e9n la manda a tener un hijo tan bello]. Bello, de una belleza que no serv\u00eda para estar tranquilo. Su piel viva de color a tierra reci\u00e9n mojada por la lluvia, sus manos que se mov\u00edan con la gracia animal de los guajolotes en pleno cortejo, su honda mirada que no tocaba a nadie. Las muchachas saltaban, re\u00edan, se atravesaban en su camino para que la obsidiana de sus ojos las rozara aunque fuera para sentir el carnoso goce de la herida.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>En la plaza, Lupe abr\u00eda la tarde con sus hombros de santo pagano que las beatas hubieran querido tocar a escondidas, hablando con los labios abultados como hacen los sanmarque\u00f1os [y como los sanmarque\u00f1os, la gente dec\u00eda que estaba condenado a volverse loco]. El lino se le pegaba con el sudor fino de los hombres que no trabajan con el cuerpo. Papaloteaba las manos y soltaba palabras que no ca\u00edan en ning\u00fan lado. Las urracas s\u00ed lo entend\u00edan. Le entraban por las mangas, camin\u00e1ndole en el pecho, enamoradas de la dermis lampi\u00f1a de ese muchacho hecho para ser amado, formadas en c\u00edrculo mientras las se\u00f1oritas ard\u00edan y sudaban cada que Lupe pasaba, hermoso y distra\u00eddo, con la mirada hundida entre sus disparates.<\/p>\n\n\n\n<p>Ya en el espejo de su t\u00eda, que era m\u00e1s grande y limpio que el que ten\u00eda en su casa, Lupe se sacud\u00eda las urracas que se aferraban a \u00e9l bajo la ropa, con la cabeza de lado como abraz\u00e1ndolo; pero como hablaba mientras se las sacud\u00eda, una que otra se colaba hac\u00eda su garganta o por la nariz y segu\u00edan su aleteo, y segu\u00edan acariciando esa cabeza tan bella, con cabello como ramas de sauce cayendo al ras de sus mejillas alt\u00edsimas.<\/p>\n\n\n\n<p>Los viejos lo ve\u00edan pasar sin el ardor que sent\u00eda la juventud, s\u00f3lo con la memoria de las llamas. Dec\u00edan que la t\u00eda Carmen hab\u00eda buscado su pena cuando quiso casarse con un sanmarque\u00f1o, un yeyo. En Tamiahua se sab\u00eda que por generaciones esa gente se hab\u00eda cerrado sobre s\u00ed misma para proteger su hermosura y su sangre, y de tanto estar estancada era incapaz de parir otra cosa que no fuera hermosura o desgracia, a veces las dos cosas en una misma cara. Pero qu\u00e9 culpa tiene la mujer que viendo a un hombre hermoso y suave cree que podr\u00e1 escapar la rispidez de los d\u00edas, las manos toscas y comunes que s\u00f3lo saben apretar. Una tambi\u00e9n se cansa de vivir entre piedras. Qu\u00e9 culpa tiene si confunde la belleza con una puerta, una promesa que pueda darle otro destino. La t\u00eda Carmen no oli\u00f3 la sangre maldita por querer descansar en un cuerpo que no la hiriera.&nbsp;&nbsp;&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Sin padre y con esas manos finas que no pod\u00edan defenderlo de nada, Lupe caminaba acompa\u00f1ado para que le ayudaran a espantar a las urracas que se le trepaban llevando ramitas y pelusas, listas para hacer nido en sus axilas que ol\u00edan a eucalipto y s\u00e1ndalo. Lupe hablaba como si tuviera a cinco personas adentro y sus amigos prefirieron dejarlo hablando solo, fastidiados si no por las urracas, porque las muchachas no los volteaban a ver por estar buscando que Lupe les dedicara uno de sus gui\u00f1os. Como ya nadie le espantaba los p\u00e1jaros, mi mam\u00e1 seguido se encontraba a su primo hablando solo y con la ropa hecha trizas. Mi mam\u00e1 ya no era una ni\u00f1a, pero ni todos los a\u00f1os cumplidos le hab\u00edan mermado a Lupe su perfil agud\u00edsimo, como de h\u00e9roe mesopot\u00e1mico, o su caminar de hiedra buscando en d\u00f3nde enredarse.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Lupe, Lupe. \u00bfSabes qui\u00e9n soy? V\u00e1monos a la casa, Lupe.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014S\u00ed, machita. \u2014respond\u00eda despu\u00e9s de un rato y caminaba detr\u00e1s de mi madre con las urracas abri\u00e9ndole huecos en su espalda de cedro para hacer su nidada.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Mi mam\u00e1 no sab\u00eda qu\u00e9 tanto dec\u00eda Lupe y tampoco sab\u00eda por qu\u00e9 la locura era algo que s\u00f3lo se le permit\u00eda a los hombres. Ya en la casa, le prend\u00eda un radio, de esos que llevaban pilas gordas, para que le hiciera compa\u00f1\u00eda mientras \u00e9l se ve\u00eda al espejo y se acomodaba las urracas que lo quer\u00edan m\u00e1s como fruta que como hombre.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>En un par de oto\u00f1os, Lupe qued\u00f3 tan hueco por los m\u00faltiples nidos de urracas de pap\u00e1n que cualquier viento lo levantaba, a veces hasta Juanamosa, en donde no viv\u00eda nadie de la familia. La t\u00eda Carmen decidi\u00f3 encerrarlo con su radio, sus urracas y las mancuernillas en su traje hecho piltrafa. Pero as\u00ed como se abre el zapote cuando cae, as\u00ed se abri\u00f3 ese cuarto sin ventanas y Lupe sali\u00f3 con la luz d\u00e1ndole primero en esa nar\u00edz suya creada para ser labrada en m\u00e1rmol, impulsado quiz\u00e1 por las urracas que necesitaban ver el sol. Ah\u00ed en el malec\u00f3n lleno de flamboyanes se le vio entero por \u00faltima vez. De una en una las urracas se llevaban un huesito, un pedazo de antebrazo, una oreja, sabiendo que no volver\u00edan a encontrar una piel tan suave y tan dispuesta a la desgracia, mientras Lupe se encaminaba hacia el r\u00edo Pantepec [un espejo m\u00e1s grande y limpio que el de la casa de su t\u00eda]. Tres o cuatro urracas intentaban cargar con la cabeza de Lupe y fue ah\u00ed que el perro de su madre alcanz\u00f3 a arrebat\u00e1rselas. Regres\u00f3 con lo \u00fanico que pudo a su casa sin voltear a ver a las urracas en algarab\u00eda por haberse podido llevar un pedacito de Lupe, un pedacito de su hermosura y una de sus mancuernillas de alejandrina.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>por Rossy Lima Tiene este cuento el toque po\u00e9tico de quien ha publicado varios vol\u00famenes de poemas. Y tiene tambi\u00e9n la magia de&hellip;<\/p>\n","protected":false},"author":3,"featured_media":22111,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_feature_clip_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":"","jetpack_post_was_ever_published":false},"categories":[154,209],"tags":[234,331,221],"coauthors":[312],"class_list":["post-22096","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-cuento","category-revista","tag-cuento","tag-cultura","tag-literatura"],"jetpack_featured_media_url":"https:\/\/letrasenlafrontera.org\/wp-content\/uploads\/2026\/06\/urraca-resized.jpg","jetpack_sharing_enabled":true,"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/letrasenlafrontera.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/22096","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/letrasenlafrontera.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/letrasenlafrontera.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/letrasenlafrontera.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/users\/3"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/letrasenlafrontera.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=22096"}],"version-history":[{"count":8,"href":"https:\/\/letrasenlafrontera.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/22096\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":22116,"href":"https:\/\/letrasenlafrontera.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/22096\/revisions\/22116"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/letrasenlafrontera.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media\/22111"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/letrasenlafrontera.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=22096"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/letrasenlafrontera.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=22096"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/letrasenlafrontera.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=22096"},{"taxonomy":"author","embeddable":true,"href":"https:\/\/letrasenlafrontera.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/coauthors?post=22096"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}