{"id":22068,"date":"2026-06-07T16:14:54","date_gmt":"2026-06-07T16:14:54","guid":{"rendered":"https:\/\/letrasenlafrontera.org\/?p=22068"},"modified":"2026-06-07T16:14:56","modified_gmt":"2026-06-07T16:14:56","slug":"el-olor-del-porvenir","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/letrasenlafrontera.org\/index.php\/2026\/06\/07\/el-olor-del-porvenir\/","title":{"rendered":"El olor del porvenir"},"content":{"rendered":"\n<p><em>Con este ensayo el escritor mexicano Sealtiel Enciso P\u00e9rez obtuvo primera menci\u00f3n de honor en el Concurso Internacional Revista Digital Letras en la Frontera<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p>La humanidad avanza como quien corre sobre un espejo: cree ir hacia adelante, pero solo multiplica su propia imagen hasta el v\u00e9rtigo. Nunca supimos tanto ni tuvimos tanto, y sin embargo, rara vez estuvimos tan cerca del abismo. El progreso \u2014esa palabra que en otros siglos fue promesa\u2014 hoy suena a coartada. Hemos conquistado la velocidad, la informaci\u00f3n, la materia misma, pero no hemos aprendido a detenernos. Y detenerse, en este tiempo, es un acto revolucionario. Octavio Paz escribi\u00f3 en <em>El laberinto de la soledad<\/em> que el hombre moderno es \u201cun ser escindido\u201d, separado de s\u00ed mismo y del mundo. Esa escisi\u00f3n hoy se ha vuelto norma. Vivimos rodeados de advertencias: cient\u00edficos que anuncian el colapso clim\u00e1tico, fil\u00f3sofos que se\u00f1alan la alienaci\u00f3n, poetas que presienten la cat\u00e1strofe. Todo est\u00e1 dicho, repetido, demostrado. Y aun as\u00ed, elegimos no escuchar. No por ignorancia, sino por conveniencia. La tecnolog\u00eda, que pudo ser puente, se ha vuelto velo. Nos promete control mientras nos dispersa; nos ofrece conexi\u00f3n mientras nos fragmenta. Marshall McLuhan advirti\u00f3 en <em>Understanding Media<\/em> que \u201cel medio es el mensaje\u201d, y ese mensaje hoy es claro: la forma en que vivimos importa m\u00e1s que lo que creemos pensar. El algoritmo ha reemplazado a la conciencia, y la eficiencia ha suplantado a la \u00e9tica.<\/p>\n\n\n\n<p>En esta l\u00f3gica, el dinero no es ya un medio sino un dios. No se le cuestiona: se le obedece. Karl Marx se\u00f1al\u00f3 en <em>El capital<\/em> que el fetichismo convierte a las relaciones humanas en relaciones entre cosas. Hemos ido m\u00e1s lejos: ahora las cosas dictan el sentido de lo humano. El valor se mide en rentabilidad, la vida en productividad, la naturaleza en recursos explotables. El bosque ya no es bosque: es madera futura. El r\u00edo ya no es r\u00edo: es energ\u00eda pendiente. Sabemos que este camino conduce al agotamiento. Hannah Arendt escribi\u00f3 en <em>La condici\u00f3n humana<\/em> que la incapacidad de pensar es una de las grandes amenazas del mundo moderno. Pensar, hoy, implica aceptar l\u00edmites. Pero el mercado no cree en l\u00edmites; solo en expansi\u00f3n. Y as\u00ed, mientras celebramos cada avance, el aire se vuelve irrespirable, el agua escasea y el tiempo se acelera hacia un futuro que huele, cada vez m\u00e1s, al tufo de la cat\u00e1strofe.<\/p>\n\n\n\n<p>El drama no reside en la falta de conocimiento, sino en su esterilidad moral. Sabemos \u2014con precisi\u00f3n estad\u00edstica\u2014 cu\u00e1nto aumentar\u00e1 la temperatura del planeta, cu\u00e1ntas especies desaparecer\u00e1n, cu\u00e1ntas ciudades quedar\u00e1n bajo el agua. Sin embargo, ese saber no se traduce en acci\u00f3n transformadora. Como se\u00f1al\u00f3 Albert Camus en <em>El mito de S\u00edsifo<\/em>, el absurdo no nace del mundo sino del enfrentamiento entre el deseo humano de sentido y el silencio de la realidad. Hoy, ese silencio es c\u00f3mplice: la informaci\u00f3n grita, pero la voluntad calla. Octavio Paz, en <em>Los hijos del limo<\/em>, advert\u00eda que la modernidad rompi\u00f3 con la tradici\u00f3n sin crear un centro nuevo. Vivimos en una intemperie espiritual donde todo circula y nada arraiga. Esa falta de ra\u00edz explica por qu\u00e9 el da\u00f1o ecol\u00f3gico se percibe como una estad\u00edstica lejana y no como una herida \u00edntima. La naturaleza, al dejar de ser madre o misterio, se volvi\u00f3 inventario. Y lo inventariado se agota sin duelo.<\/p>\n\n\n\n<p>El pensamiento cr\u00edtico existe, pero es relegado al margen. Martin Heidegger advirti\u00f3 en <em>La pregunta por la t\u00e9cnica<\/em> que el peligro no est\u00e1 en las m\u00e1quinas, sino en una forma de pensar que reduce el mundo a \u201cfondo disponible\u201d. Cuando todo es disponible, nada es sagrado. La monta\u00f1a es cantera, el mar es ruta, el ser humano es recurso humano. La palabra misma delata la cosificaci\u00f3n: ya no somos sujetos, sino unidades de rendimiento. En esta econom\u00eda del rendimiento, el tiempo se convierte en mercanc\u00eda. Byung-Chul Han \u2014siguiendo una estela que ya estaba en Nietzsche\u2014 se\u00f1ala en <em>La sociedad del cansancio<\/em> que el sujeto contempor\u00e1neo se explota a s\u00ed mismo crey\u00e9ndose libre. No hay l\u00e1tigo externo: hay autoexigencia. La autodestrucci\u00f3n se disfraza de \u00e9xito, y el agotamiento se celebra como compromiso.<\/p>\n\n\n\n<p>Mientras tanto, el dinero asciende al altar mayor. Georg Simmel escribi\u00f3 en <em>Filosof\u00eda del dinero<\/em> que el dinero es el medio m\u00e1s puro y, por ello, el m\u00e1s vac\u00edo. Su neutralidad le permite ocupar el lugar del sentido. Todo se traduce a su lenguaje porque ese lenguaje parece universal. Pero lo universal, cuando carece de \u00e9tica, se vuelve totalitario. El futuro, entonces, no se presenta como promesa sino como interrogaci\u00f3n inquietante. No porque falten soluciones, sino porque falta el coraje de elegirlas. Elegir implica renunciar, y renunciar es hoy una palabra obscena. As\u00ed avanzamos: informados, conectados, y peligrosamente indiferentes, como quien reconoce el incendio pero no suelta el oro que lleva en las manos.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>La indiferencia no es ausencia de valores, sino su perversi\u00f3n. Hemos aprendido a convivir con la cat\u00e1strofe como con un ruido de fondo. El desastre se vuelve paisaje, y el paisaje, costumbre. Walter Benjamin advert\u00eda en <em>Tesis sobre la filosof\u00eda de la historia<\/em> que \u201cel estado de excepci\u00f3n en que vivimos es la regla\u201d. Hoy esa regla se normaliza mediante gr\u00e1ficos, comunicados y discursos que prometen correcciones futuras mientras perpet\u00faan el da\u00f1o presente.<\/p>\n\n\n\n<p>Octavio Paz entendi\u00f3 que el tiempo moderno no es lineal sino fragmentado. En <em>El arco y la lira<\/em> se\u00f1al\u00f3 que la poes\u00eda \u2014y por extensi\u00f3n la conciencia\u2014 es un acto de reconciliaci\u00f3n con el instante. Sin esa reconciliaci\u00f3n, el tiempo se acelera hasta volverse inhabitable. Vivimos adelantados a nosotros mismos: proyectamos futuros que no deseamos y olvidamos presentes que podr\u00edamos salvar. La prisa, aliada del mercado, es enemiga del cuidado. El ecocidio no es solo un problema t\u00e9cnico; es una crisis de imaginaci\u00f3n moral. Aldo Leopold escribi\u00f3 en <em>A Sand County Almanac<\/em> que \u201calgo es correcto cuando tiende a preservar la integridad, estabilidad y belleza de la comunidad bi\u00f3tica\u201d. Hemos invertido esa ecuaci\u00f3n: lo correcto es lo rentable, aunque erosione la estabilidad y aniquile la belleza. La \u00e9tica se subordina al balance trimestral, y el planeta paga intereses compuestos. Esta subordinaci\u00f3n se reproduce en la pol\u00edtica. El poder habla el idioma del crecimiento perpetuo, aun cuando la finitud del mundo sea un hecho f\u00edsico. Vaclav Havel recordaba en <em>El poder de los sin poder<\/em> que la vida en la mentira es la base de los sistemas que se sostienen por inercia. La mentira contempor\u00e1nea no siempre es falsedad; es omisi\u00f3n. Sabemos, pero no decimos. Decimos, pero no actuamos.<\/p>\n\n\n\n<p>La endiosaci\u00f3n del dinero no solo desplaza a la naturaleza: desplaza al otro. Emmanuel Levinas sostuvo en <em>Totalidad e infinito<\/em> que la \u00e9tica nace del rostro del otro que nos interpela. Cuando todo se cuantifica, el rostro se vuelve cifra y la interpelaci\u00f3n se diluye. Migrantes, pobres, generaciones futuras: todos se convierten en variables ajustables. El c\u00e1lculo suplanta a la responsabilidad. As\u00ed, el destino humano parece oscilar entre la lucidez y la negaci\u00f3n. No estamos condenados por falta de alternativas, sino por la dificultad de abandonar una fe ciega en el beneficio inmediato. El porvenir se estrecha no porque no sepamos qu\u00e9 hacer, sino porque seguimos llamando progreso a lo que nos empuja al borde. El olor de la cat\u00e1strofe no es s\u00fabito; es persistente. Y, como todo olor persistente, termina por anestesiar a quien se niega a ventilar la casa.<\/p>\n\n\n\n<p>La cat\u00e1strofe, cuando finalmente llegue \u2014si es que ya no est\u00e1 aqu\u00ed\u2014, no tendr\u00e1 el estruendo del apocalipsis b\u00edblico, sino la monoton\u00eda de lo evitable. Ser\u00e1 el resultado l\u00f3gico de decisiones peque\u00f1as, repetidas, justificadas. G\u00fcnther Anders escribi\u00f3 <em>en La obsolescencia del hombre<\/em> que existe una brecha peligrosa entre lo que somos capaces de producir y lo que somos capaces de imaginar y asumir moralmente. Fabricamos un mundo que excede nuestra conciencia \u00e9tica, y esa desproporci\u00f3n nos vuelve irresponsables por costumbre. Octavio Paz insisti\u00f3 en que la modernidad rompi\u00f3 los v\u00ednculos simb\u00f3licos que daban sentido a la existencia. En <em>Conjunciones y disyunciones<\/em> se\u00f1al\u00f3 que el cuerpo, la naturaleza y el deseo fueron separados del esp\u00edritu. Hoy esa separaci\u00f3n se manifiesta en la devastaci\u00f3n del entorno: explotamos la tierra como si no fuera extensi\u00f3n de nosotros mismos. El da\u00f1o ecol\u00f3gico es, en el fondo, una forma de autonegaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>El discurso dominante propone soluciones t\u00e9cnicas para problemas que son, esencialmente, espirituales y culturales. M\u00e1s eficiencia, m\u00e1s innovaci\u00f3n, m\u00e1s control. Pero Ernst Schumacher advirti\u00f3 en <em>Small Is Beautiful<\/em> que \u201clo peque\u00f1o\u201d no es una limitaci\u00f3n, sino una medida humana. Ignorar la escala adecuada conduce a monstruos productivos que no saben cu\u00e1ndo detenerse. El gigantismo econ\u00f3mico es la enfermedad de una civilizaci\u00f3n que confunde grandeza con acumulaci\u00f3n. La educaci\u00f3n, que podr\u00eda ser el espacio de resistencia, a menudo reproduce la l\u00f3gica mercantil. Se ense\u00f1a a competir antes que a comprender, a producir antes que a contemplar. Paulo Freire escribi\u00f3 en <em>Pedagog\u00eda del oprimido<\/em> que la deshumanizaci\u00f3n no es destino, sino resultado de un orden injusto que puede transformarse. Pero esa transformaci\u00f3n exige una pedagog\u00eda del l\u00edmite, del cuidado y de la responsabilidad intergeneracional. El futuro incierto no solo amenaza a los que vendr\u00e1n: interpela a los que somos. Cada decisi\u00f3n presente escribe una l\u00ednea del ma\u00f1ana. La humanidad se encuentra ante una encrucijada que no admite neutralidad. O seguimos adorando al dinero como divinidad indiscutible, o recuperamos la noci\u00f3n de valor que no se compra ni se vende. Como advirti\u00f3 Simone Weil en <em>La gravedad y la gracia<\/em>, \u201cla atenci\u00f3n es la forma m\u00e1s rara y pura de generosidad\u201d. Prestar atenci\u00f3n al mundo es, quiz\u00e1, el primer gesto para no destruirlo del todo.<\/p>\n\n\n\n<p>Tal vez el mayor enga\u00f1o de nuestra \u00e9poca sea creer que el destino de la humanidad es una abstracci\u00f3n futura y no una pr\u00e1ctica cotidiana. El porvenir no se anuncia: se fabrica. El gesto de consumo, el silencio c\u00f3mplice, la decisi\u00f3n pol\u00edtica orientada al lucro inmediato va modelando un ma\u00f1ana que luego fingimos no haber elegido. Octavio Paz, en <em>Tiempo nublado<\/em>, advert\u00eda que las crisis no solo revelan fallas estructurales, sino vac\u00edos de sentido. El nuestro es un vac\u00edo habitado por cifras.<\/p>\n\n\n\n<p>El ser humano ha confundido libertad con opci\u00f3n de compra. Erich Fromm escribi\u00f3 en <em>Tener o ser <\/em>que una sociedad orientada al tener termina por vaciar al ser. Esta inversi\u00f3n ontol\u00f3gica explica por qu\u00e9, aun rodeados de bienes, experimentamos una pobreza interior creciente. La abundancia material no ha tra\u00eddo serenidad, sino ansiedad; no ha producido comunidad, sino competencia. El dinero, elevado a criterio supremo, erosiona los v\u00ednculos que no puede medir. Sin embargo, no todo est\u00e1 clausurado. La historia no es una l\u00ednea recta hacia la ruina, sino una trama de posibilidades abiertas. Antonio Gramsci, en sus <em>Cuadernos de la c\u00e1rcel<\/em>, habl\u00f3 del \u201cpesimismo de la inteligencia y el optimismo de la voluntad\u201d. Reconocer la gravedad del momento no implica rendirse a la fatalidad. Implica asumir responsabilidad. La lucidez, sin acci\u00f3n, es una forma refinada de la renuncia. La pregunta decisiva no es qu\u00e9 mundo heredar\u00e1n las pr\u00f3ximas generaciones, sino qu\u00e9 mundo estamos dispuestos a dejar de producir. Renunciar al dogma del crecimiento ilimitado no es retroceder; es recuperar la medida. Iv\u00e1n Illich sostuvo en <em>La convivialidad<\/em> que las herramientas deben servir a la vida y no someterla. Esta inversi\u00f3n del principio t\u00e9cnico es urgente si queremos evitar que el progreso contin\u00fae devorando sus propios fundamentos.<\/p>\n\n\n\n<p>El futuro huele a cat\u00e1strofe porque hemos saturado el presente de negaciones. Pero el olor tambi\u00e9n advierte, despierta, obliga a abrir ventanas. La humanidad a\u00fan puede elegir entre persistir en la adoraci\u00f3n del dinero o reconstruir una \u00e9tica del cuidado que restituya dignidad al mundo. No se trata de salvar al planeta como objeto externo, sino de salvarnos de la l\u00f3gica que nos ha separado de \u00e9l. Pensar, hoy, es un acto de resistencia. Cuidar, una forma de rebeld\u00eda. Y quiz\u00e1, como intu\u00eda Paz, el destino humano no consista en dominar la historia, sino en reconciliarse con el tiempo: habitarlo sin devastarlo, compartirlo sin agotarlo, y reconocer \u2014antes de que sea tarde\u2014 que ning\u00fan beneficio justifica la p\u00e9rdida del sentido.<\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Con este ensayo el escritor mexicano Sealtiel Enciso P\u00e9rez obtuvo primera menci\u00f3n de honor en el Concurso Internacional Revista Digital Letras en la&hellip;<\/p>\n","protected":false},"author":3,"featured_media":22095,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":""},"categories":[248,209],"tags":[331,228,221],"coauthors":[312],"class_list":["post-22068","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-ensayo","category-revista","tag-cultura","tag-ensayo","tag-literatura"],"jetpack_featured_media_url":"https:\/\/letrasenlafrontera.org\/wp-content\/uploads\/2026\/06\/1000066120-e1780777395883.png","jetpack_sharing_enabled":true,"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/letrasenlafrontera.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/22068","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/letrasenlafrontera.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/letrasenlafrontera.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/letrasenlafrontera.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/users\/3"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/letrasenlafrontera.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=22068"}],"version-history":[{"count":4,"href":"https:\/\/letrasenlafrontera.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/22068\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":22094,"href":"https:\/\/letrasenlafrontera.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/22068\/revisions\/22094"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/letrasenlafrontera.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media\/22095"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/letrasenlafrontera.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=22068"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/letrasenlafrontera.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=22068"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/letrasenlafrontera.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=22068"},{"taxonomy":"author","embeddable":true,"href":"https:\/\/letrasenlafrontera.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/coauthors?post=22068"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}