{"id":21979,"date":"2026-05-26T19:54:59","date_gmt":"2026-05-26T19:54:59","guid":{"rendered":"https:\/\/letrasenlafrontera.org\/?p=21979"},"modified":"2026-05-26T19:55:03","modified_gmt":"2026-05-26T19:55:03","slug":"la-orientacion","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/letrasenlafrontera.org\/index.php\/2026\/05\/26\/la-orientacion\/","title":{"rendered":"La orientaci\u00f3n"},"content":{"rendered":"\n<p>:::&nbsp;<em>En \u00e9sta, su columna regular La Terraza, Rebecca Bowman deambula sabiamente por el confuso laberinto de la desorientaci\u00f3n, sus confusiones y consecuencias.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Estoy pensando en la orientaci\u00f3n, en esa posibilidad de tener en la mente un mapa de una localidad, de saber hacia d\u00f3nde ir, de reconocer los signos que indican el camino a un lugar, de estar confiado en que uno no se va a perder. Hay quienes tienen un gran sentido de la orientaci\u00f3n y otros que, como yo, casi no saben ni llegar a su propia casa.<\/p>\n\n\n\n<p>No tener esa habilidad hace que uno se sienta perdido en la vida, vulnerable, apenado, poco adulto. Hace que uno no quiera explorar, ni siquiera aventurarse a otros lugares. S\u00ed tengo mapas mentales de ciertos lugares. Por ejemplo, puedo imaginar la calle donde pas\u00e9 la infancia. Puedo incluso ir casa por casa pensando en los jardines, las plantas, los hidrantes, unas marcas que hab\u00eda en las banquetas para mostrar los cambios de propiedad. De hecho, us\u00e9 esas memorias para escribir una colecci\u00f3n de cuentos. Otros sitios que tengo grabados en la memoria son las partes de la colonia donde vivo por las que caminaba durante la pandemia y mis rutas a mi trabajo y a la biblioteca. Pero de mi ciudad no tengo el mapa completo.<\/p>\n\n\n\n<p>Mi esposo, al contrario, puede llegar a una ciudad y dentro de unas horas ya ubicarse, saber d\u00f3nde est\u00e1 el centro, cu\u00e1les son las autopistas importantes, c\u00f3mo llegar al hotel: no se pierde nunca. Desafortunadamente mis hijos heredaron mis habilidades y no las de mi esposo. Miento. Uno de ellos<strong> <\/strong>a\u00fan a los dos a\u00f1os reconoc\u00eda los caminos a la casa de su abuela, al s\u00faper. Pero los dem\u00e1s\u2026dej\u00e9 una vez a un hijo a que se cortara el pelo en una peluquer\u00eda apenas a tres cuadras de mi casa<strong>;<\/strong> le dije que se viniera caminando de regreso y no supo hacerlo. Y si lo mandaba por leche tampoco pudo dar ni con la tienda ni con la casa de regreso.<\/p>\n\n\n\n<p>Pienso que esas desorientaciones tambi\u00e9n hay en otros campos. Mal\u00edsima soy para la geograf\u00eda y siendo un caso perdido para calcular distancias (y entonces) el mundo para m\u00ed es dificultoso<strong>.<\/strong> Pero si empiezan a platicarme de un tema acad\u00e9mico me siento a mis anchas, me ubico f\u00e1cilmente, entiendo casi todo. Es otro tipo de orientaci\u00f3n poder hacer conexiones entre un tema y otro; no se me hace nada dif\u00edcil, pero en el mundo f\u00edsico me pierdo por completo.<\/p>\n\n\n\n<p>Los cient\u00edficos explican que el sentido de la ubicaci\u00f3n tiene que ver con unas c\u00e9lulas de lugar que tenemos en el hipocampo, y una hermana me dijo que hay quienes tienen m\u00e1s hierro en el cr\u00e1neo y por lo tanto sienten el campo magn\u00e9tico de la Tierra, saben intuitivamente por d\u00f3nde est\u00e1 el norte. Cuando uno est\u00e1 perdido decimos en M\u00e9xico que &#8220;est\u00e1 norteado&#8221;<strong>,<\/strong> o sea que<strong>,<\/strong> de alguna manera<strong>,<\/strong> ya en el lenguaje se nota que supimos de ese fen\u00f3meno. Yo, por ser de California, siempre usaba el oeste como mi punto de orientaci\u00f3n porque ah\u00ed estaba el mar y por all\u00ed se pon\u00eda el sol. Ahora que vivo tierra adentro no me ubico tan f\u00e1cilmente. Cuando el mapa del GPS en mi tel\u00e9fono muestra el mundo con el sur en la parte de arriba de la pantalla me desorienta enormemente. Sin embargo, con el GPS puedo viajar con mayor seguridad. Antes, si sal\u00eda de mis zonas conocidas, el temor era enorme, un temor de perderme y de que nadie me ayudara y me quedara perdida para siempre, sin casa, sin familia, sin sustento, vulnerable y desamparada. No s\u00e9 si es eso la agorafobia, pero hagamos cuenta que lo es. Ahora, blandiendo mi tel\u00e9fono con Google Maps activado<strong>, <\/strong>puedo andar d\u00f3nde sea.<\/p>\n\n\n\n<p>Me siento m\u00e1s a gusto en Europa donde hay transporte p\u00fablico y las zonas son m\u00e1s chicas. En Texas<strong>,<\/strong> donde las distancias son mayores y uno puede estar obligado a manejar millas y millas antes de poder encontrar una nueva ruta, salir a la carretera me da miedo.<\/p>\n\n\n\n<p>La misma palabra <em>orientaci\u00f3n<\/em> indica una mirada hacia donde se levanta el sol y no a su ocaso. Sera quiz\u00e1 porque al comenzar un viaje, que casi siempre se emprende por la ma\u00f1ana<strong>,<\/strong> \u00e9sa ser\u00eda la se\u00f1al m\u00e1s segura para ubicarse.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfC\u00f3mo ser\u00eda vivir en otro siglo, cuando no hubo mapas y cuando uno ten\u00eda que utilizar sus sentidos para adivinar el camino a casa? Yo misma<strong>,<\/strong> si estoy con otros<strong>,<\/strong> en lugar de orientarme me pongo a mirar el paisaje y a so\u00f1ar despierta. Conf\u00edo en que los dem\u00e1s sabr\u00e1n el camino y no lo registro. Cuando me quedo sola en un poblado dibujo esos mapas y s\u00e9 perfectamente bien d\u00f3nde queda la catedral, el hotel, el puente y el mercado. No me permito el lujo de dejar de concentrarme. Me ha ocurrido, al caminar con otras personas como yo, que cada quien supone que las otras est\u00e1n marcando el camino, nos despistamos por completo y no es hasta muy tarde que nos damos cuenta de que hemos caminado en la direcci\u00f3n opuesta a la que deb\u00edamos haber seguido.<\/p>\n\n\n\n<p>Pensando en la literatura<strong>,<\/strong> hay novelas que son mapas. <em>Ulises<\/em> es un mapa de la ciudad de Dubl\u00edn. Dicen que <em>Rayuela<\/em> dibuja bien a Par\u00eds. &nbsp;Conoc\u00ed la Casa de los Azulejos de Sanborns en la Ciudad de M\u00e9xico primero por la novela de Carlos Fuentes<strong>,<\/strong> <em>La muerte de Artemio Cruz. <\/em>Qu\u00e9 interesante que una secuencia de palabras pueda servir de mapa. Pienso en Borges y su Buenos Aires<strong>,<\/strong> que es un Buenos Aires muy suyo<strong>;<\/strong> o en la Nueva York de Edith Wharton y, sobre todo<strong>, <\/strong>en la Ciudad de M\u00e9xico<strong>,<\/strong> que tan bien retrata Mar\u00eda Luisa Puga en su novela <em>P\u00e1nico o peligro.<\/em> Pensemos en el paseo de la se\u00f1ora Dalloway por la calle Bond para comprar las flores para su fiesta. Qu\u00e9 hermoso es alabar una ciudad y conocerla a fondo<strong>.<\/strong> Y para eso qu\u00e9 bueno es tener un sentido de ubicaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Pas\u00e9 muchos a\u00f1os en un pueblo en las monta\u00f1as donde no hab\u00eda una cuadr\u00edcula de calles y para ir de una parte de la ciudad a otra uno se dirig\u00eda m\u00e1s bien no girando a la izquierda ni a la derecha en intersecciones sino pasando aquella casa con el pino de enfrente hasta otra casa color rojo ladrillo hasta un cruce con tres abetos, o sea gui\u00e1ndose por los hitos del lugar<strong>.<\/strong> &nbsp;Entonces mis mapas mentales los construyo a partir de los objetos en el camino que sirven de se\u00f1ales y no por los puntos cardinales o las intersecciones al desplazarse por un espacio cuadriculado. Creo que como en una ciudad grande los negocios y el aspecto de los edificios cambian m\u00e1s r\u00e1pidamente no puede uno confiar en tales objetos y tiene que ubicarse en el espacio, sentir d\u00f3nde est\u00e1 con relaci\u00f3n al espacio entero. Dicen que, como con toda habilidad, la pr\u00e1ctica la mejora. Si uno vive en una ciudad grande tiene m\u00e1s lugares a donde ir y entonces desarrolla esa capacidad.<\/p>\n\n\n\n<p>Con la edad muchos pierden su sentido de orientaci\u00f3n. Un signo de la enfermedad de Alzheimer es que de repente una persona de mayor edad se pierda. Es una sensaci\u00f3n horrible no saber hacia d\u00f3nde ir y no saber c\u00f3mo llegar a lo conocido<strong>;<\/strong> espantosa y con raz\u00f3n porque si uno no sabe c\u00f3mo llegar a casa y no puede encontrar refugio es vulnerable. Cuando alguien se porta mal muchas veces le dicen &#8220;ub\u00edcate&#8221;, o<strong> <\/strong>cuando tenemos una idea equivocada se nos pide que veamos el contexto<strong>,<\/strong> o sea que lo que nos rodea importa mucho. Y si uno tiende a estar en un estado de enso\u00f1amiento no presta atenci\u00f3n a sus alrededores y es m\u00e1s probable que se pierda. Asimismo, pienso en el temor a la oscuridad<strong>,<\/strong> que es un temor natural y explicable<strong>, <\/strong>que tiene mucho que ver con la incapacidad de orientarse que no poder ver implica.<\/p>\n\n\n\n<p>Cada quien tiene su debilidad. Si uno sabe ubicarse en el espacio quiz\u00e1s no lo pueda hacer en el lenguaje; otros se pierden con las matem\u00e1ticas o con las finanzas. Al sentirse perdido casi siempre entra algo de p\u00e1nico y no se puede pensar bien<strong>,<\/strong> es dif\u00edcil llegar a un estado de serenidad suficiente para alcanzar la<strong> <\/strong>habilidad o capacidad de orientaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero hay una ventaja en la desorientacion<strong>.<\/strong> Al carecer de una habilidad, al depender de otro<strong>,<\/strong> nos damos cuenta de que apreciamos a\u00fan m\u00e1s a los dem\u00e1s. Mi suegro me gan\u00f3 por completo con tenerme paciencia mientras perdimos m\u00e1s de una hora buscando una vez un restaurante al que yo quer\u00eda ir. Y aprecio tanto las muchas veces que me han llevado a un lugar mis amigos, ofreci\u00e9ndome su ayuda. Creo que a fin de cuentas esta discapacidad m\u00eda en lugar de ser un estorbo ha sido una bendici\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Necesitamos a veces de un lazarillo como los que guiaban a los ciegos, y necesitamos tambi\u00e9n que alguien necesite de nosotros, que tengamos una oportunidad para dar la mano al confundido, o para detenerse y darle direcciones a un turista desorientado en una ciudad ajena<strong>.<\/strong> Nos necesitamos el uno al otro.<\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>:::&nbsp;En \u00e9sta, su columna regular La Terraza, Rebecca Bowman deambula sabiamente por el confuso laberinto de la desorientaci\u00f3n, sus confusiones y consecuencias. 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