{"id":21924,"date":"2026-04-04T16:48:01","date_gmt":"2026-04-04T16:48:01","guid":{"rendered":"https:\/\/letrasenlafrontera.org\/?p=21924"},"modified":"2026-04-04T16:49:57","modified_gmt":"2026-04-04T16:49:57","slug":"relicarios","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/letrasenlafrontera.org\/index.php\/2026\/04\/04\/relicarios\/","title":{"rendered":"Relicarios"},"content":{"rendered":"\n<p>::: <em>En su columna regular Rebecca Bowman explora la relaci\u00f3n entre nosotros y los objetos que atesoramos. <\/em><\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<p>Estoy pensando en la palabra <em>reliquia<\/em>, en aquellas pertenencias de los santos o fragmentos de los santos mismos y c\u00f3mo las capillas, los monasterios y conventos rivalizaban para ser los depositarios de tales objetos. Pienso en c\u00f3mo estos objetos prove\u00edan una protecci\u00f3n sobrenatural importante, un poder pol\u00edtico que deten\u00eda a los enemigos. &nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Y reparo ahora en los objetos que nosotros mismos dejamos en este mundo, ya sean prendas, collares, compras u objetos que nosotros mismos hemos creado\u2014tal vez una pieza de cer\u00e1mica, un cuadro, un texto\u2014 y si tambi\u00e9n estos objetos tendr\u00e1n valor para otra persona, si ser\u00e1n una carga, si ser\u00e1n un objeto que causa un conflicto en una familia entre los herederos o porque lo quieren o porque pelean por no tener que llev\u00e1rselo.<\/p>\n\n\n\n<p>Nosotros somos quienes damos valor al objeto; no es el objeto mismo. Pienso en la pr\u00e1ctica de <em>D\u00f6st\u00e4dning,<\/em> el intento de depurar el c\u00famulo de nuestras posesiones para que no sea en alg\u00fan futuro una carga para los dem\u00e1s\u2026 y si de antemano no debemos reducir nuestro uso de objetos para no crear tanto problema para el planeta y no agregar lo nuestro a esos grandes basureros que hay en las costas y desiertos de los pa\u00edses en desarrollo\u2014las monta\u00f1as de playeras, camisas, pantalones, edredones, objetos de pl\u00e1stico como si fueran parte de la pel\u00edcula de Wall-E.<\/p>\n\n\n\n<p>Esto me lleva a las culturas n\u00f3madas, los visigodos, los vikingos, en donde el arte m\u00e1s apreciado eran las hebillas, los broches, pendientes, cruces y pulseras, la orfebrer\u00eda que podr\u00eda guardarse en una alforja en el lomo del caballo, objetos preciosos m\u00ednimos que no ocupaban demasiado espacio y eran f\u00e1ciles de transportar, una especie de bot\u00edn que era a la vez una reliquia.&nbsp; Y me acuerdo de que una de las primeras obras de arte, la Venus de Willendorf, cabe en la palma de una mano.<\/p>\n\n\n\n<p>Ser\u00e1 que en algunos \u00e1tomos del planeta hay una fuerza personal. &nbsp;En un caj\u00f3n guardo el collar que me regal\u00f3 mi mam\u00e1, el collar que fue lo \u00fanico que ped\u00ed de lo que ella ten\u00eda para poder en un pu\u00f1o sentir toda su potencia de ser \u2014un collar sin mucho valor econ\u00f3mico ya que eran simplemente cuentas de vidrio pero que para m\u00ed ten\u00edan una importancia inmensurable por la memoria que yo ten\u00eda de jugar con ello durante la infancia, de poder sacarlo del joyero de mi madre, desenred\u00e1ndolo de otros collares y aretes tambi\u00e9n de poco valor,&nbsp; y mirar dentro del centro de cada cuenta los colores azules y las pepitas doradas suspendidas en su vidrio acuoso, como si flotara la belleza suspendida en un lago transparente. Ese recuerdo fue un momento de exaltaci\u00f3n est\u00e9tica pero tambi\u00e9n ten\u00eda algo de religioso, de contemplaci\u00f3n, de veneraci\u00f3n, y el peso mismo de las cuentas tambi\u00e9n fue factor, pues el collar pesaba \u2014pesa tanto que no lo uso\u2014 pero el peso de ese collar en s\u00ed tambi\u00e9n consuela como si fuera una de esas frazadas pesadas que ahora venden a los angustiados. Pero aquel collar es sobre todo la reliquia de una persona que para m\u00ed ten\u00eda mucho de santa y que me concede cierta protecci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>No se debe ni se puede querer m\u00e1s a un objeto que a una persona, pero los objetos rara vez desilusionan. Son m\u00e1s constantes y menos fr\u00e1giles que las relaciones humanas. Son tambi\u00e9n una manera de conservar las memorias, de mitigar las p\u00e9rdidas. Los objetos que hemos perdido ya sea por el hurto, por el descuido, por dejarlos caer sobre un piso duro crean en nosotros un duelo especial.<\/p>\n\n\n\n<p>Hay muchos objetos que ya no est\u00e1n en mi posesi\u00f3n y que lamento haberlos extraviado, aunque tambi\u00e9n hay algo maravilloso en andar por el mundo con una sola mochila, con pocas pertenencias, con la sensaci\u00f3n de ligereza que da viajar con solo lo m\u00e1s necesario.<\/p>\n\n\n\n<p>Hay objetos que pertenecen a la cultura, \u00edconos que tal vez otras personas llegadas en otro momento en un siglo futuro no comprender\u00e1n. Objetos baratos de mala hechura que aun as\u00ed llevan un valor sentimental. Aqu\u00ed viene a mente los <em>mood rings<\/em>, los radios de transistor, las piezas de matatena, los <em>tamagotchi<\/em>. Nadie de estas \u00faltimas generaciones sentir\u00e1 la veneraci\u00f3n que sentimos algunos de nosotros hacia estos objetos de uso popular.<\/p>\n\n\n\n<p>En la Iglesia Cat\u00f3lica las reliquias no son sacramentos. No dan la protecci\u00f3n de evitar el infierno que nos otorga un escapulario. No son ni exvotos ni son los \u00edconos de la iglesia ortodoxa rusa que resultan ser una especie de ventana hacia lo divino. Las reliquias no son divinidades, aunque s\u00ed guardan un poder curioso. Representan quiz\u00e1 nuestra necesidad de la magia, pues necesitamos magia, necesitamos creer en algo, necesitamos protecci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Hay reliquias que representan una relaci\u00f3n: boletos de cine, entradas a la \u00f3pera, un men\u00fa de restaurante, una flor disecada, una carta amorosa, el anillo de compromiso, el vestido de novia, fotograf\u00edas guardadas en un caj\u00f3n. Al toparse con una de estas reliquias nos llega la ternura, la nostalgia, la p\u00e9rdida, quiz\u00e1 un sentimiento de traici\u00f3n. Estas reliquias se destruyen en un momento de coraje o hay veces que se guardan para siempre. Hay una mayor atracci\u00f3n casi al nivel molecular en estos objetos y alg\u00fan poder que tienen como los cristales que tanto admiran los seguidores de filosof\u00edas <em>New Age<\/em>. En los divorcios la gente pelea por los objetos a veces por despecho o para hacer otra herida m\u00e1s en quien antes fue objeto de cari\u00f1o, o quiz\u00e1 a veces porque la persona no aguanta perder una cosa m\u00e1s. Con el tiempo y con la resignaci\u00f3n un objeto as\u00ed puede perder ese valor sentimental.<\/p>\n\n\n\n<p>Batallo para deshacerme de cualquier cosa que me hayan regalado. Es como si la persona existiera todav\u00eda dentro del objeto. No importa si es una revista o una chucher\u00eda, si a m\u00ed me la regal\u00f3 alguien ya no puedo deshacerme de ella, pues siento como si tirara a la basura a la persona misma. Es una tonter\u00eda, pero as\u00ed me pasa porque soy supersticiosa.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00a0Traigo un recuerdo de ir a una misa en el centro de Los \u00c1ngeles, creo que porque alg\u00fan pariente hab\u00eda fallecido, y que me susurr\u00f3 al o\u00eddo mi hermana mayor que arriba del altar hab\u00eda el hueso o el coraz\u00f3n de una santa Viviana. Me desagrad\u00f3 la idea y durante toda la misa sent\u00ed un escalofr\u00edo en la nuca. El hueso estaba en un relicario, un cofre cubierto de terciopelo rojo, y una luz iluminaba este cofre de manera que brillaba desde nuestro punto arriba en un balc\u00f3n. No sent\u00ed protecci\u00f3n sino que era algo macabro. No entend\u00eda. Y al salir de esa misa, si mal no recuerdo, pasamos por una caja de vidrio en la que se encontraba un monje o un sacerdote cuyo cuerpo no se hab\u00eda desintegrado con el tiempo sino que estaba todo seco, una especie de momia blancuzca y que el hecho de que no hubiese desintegrado su cuerpo era signo de cierta santidad. T\u00e9trica la visi\u00f3n, rara, pero estaba yo tan chiquita que no entend\u00ed. Pero tal vez otros tampoco entiendan el valor que damos nosotros a los objetos que apreciamos.<\/p>\n\n\n\n<p>Tal vez nuestros propios recuerdos casi siempre condensados, hechos m\u00e1s sencillos, trabajados al reconstruirlos hasta convertirse en orfebrer\u00eda s\u00edquica, son como reliquias y nosotros mismos somos los relicarios de dichas memorias.<\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>::: En su columna regular Rebecca Bowman explora la relaci\u00f3n entre nosotros y los objetos que atesoramos. Estoy pensando en la palabra reliquia,&hellip;<\/p>\n","protected":false},"author":3,"featured_media":21929,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":""},"categories":[310,248,209],"tags":[331,228,221],"coauthors":[312],"class_list":["post-21924","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-columna-la-terraza","category-ensayo","category-revista","tag-cultura","tag-ensayo","tag-literatura"],"jetpack_featured_media_url":"https:\/\/letrasenlafrontera.org\/wp-content\/uploads\/2026\/04\/1000061114-rotated-e1775233014158.jpg","jetpack_sharing_enabled":true,"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/letrasenlafrontera.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/21924","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/letrasenlafrontera.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/letrasenlafrontera.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/letrasenlafrontera.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/users\/3"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/letrasenlafrontera.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=21924"}],"version-history":[{"count":8,"href":"https:\/\/letrasenlafrontera.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/21924\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":21943,"href":"https:\/\/letrasenlafrontera.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/21924\/revisions\/21943"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/letrasenlafrontera.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media\/21929"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/letrasenlafrontera.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=21924"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/letrasenlafrontera.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=21924"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/letrasenlafrontera.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=21924"},{"taxonomy":"author","embeddable":true,"href":"https:\/\/letrasenlafrontera.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/coauthors?post=21924"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}