{"id":20592,"date":"2025-11-10T14:49:30","date_gmt":"2025-11-10T14:49:30","guid":{"rendered":"https:\/\/letrasenlafrontera.org\/?p=20592"},"modified":"2025-11-10T14:49:34","modified_gmt":"2025-11-10T14:49:34","slug":"parabola-del-retorno-un-cuento-de-santiago-daydi-tolson","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/letrasenlafrontera.org\/index.php\/2025\/11\/10\/parabola-del-retorno-un-cuento-de-santiago-daydi-tolson\/","title":{"rendered":"&#8220;Par\u00e1bola del retorno&#8221;, un cuento de Santiago Dayd\u00ed-Tolson"},"content":{"rendered":"\n<p>:::&nbsp;<em>Este texto de maravillosa hechura forma parte de la colecci\u00f3n de cuentos <\/em>Las edades del enigma<em> (Literatura Letras en la Frontera, 2021)<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p><br>Sub\u00eda el cerro con dificultad, entrecortada la respiraci\u00f3n y las piernas adoloridas del esfuerzo. Su antigua calle, que tantas veces hab\u00eda caminado de arriba abajo sin ninguna dificultad, lo sorprend\u00eda ahora con un declive que no recordaba tan empinado ni exigente. Lo obligaba a demorarse, vencido casi a mitad del trayecto, la casa todav\u00eda demasiado lejos, m\u00e1s arriba. Sub\u00eda apenas, atrasado para el almuerzo.<\/p>\n\n\n\n<p><br>Unos muchachos lo dejaron atr\u00e1s al pasar caminando sin esfuerzo, \u00e1giles en su paso largo, acompasado de energ\u00eda, tan diferente al suyo, corto y arr\u00edtmico en la lentitud del cansancio. Pero alguna vez \u2013ayer no m\u00e1s\u2013 hab\u00eda trepado esas calles encaramadas con la misma gracia corporal, la misma bell\u00edsima acci\u00f3n de la juventud. Ahora tuvo que detenerse a descansar. La respiraci\u00f3n entrecortada y las palpitaciones en el pecho y la sien le permitieron apenas una sonrisa ir\u00f3nica, rendida. Se daba muy bien cuenta de lo rid\u00edculo de su aspecto: apoyado contra un muro, un paquete de empanadas pes\u00e1ndole insoportablemente en la mano, el cuerpo medio corvo sobre su respiraci\u00f3n dificultosa, el pelo desordenado. Era la imagen perfecta del agotamiento. Jadeante y sudoroso, estaba a punto del desmayo.<\/p>\n\n\n\n<p>Los muchachos se hab\u00edan perdido de vista m\u00e1s arriba al volver una esquina, pero los sigui\u00f3 oyendo hablar mientras se alejaban. La calle qued\u00f3 vac\u00eda; no ven\u00eda nadie y decidi\u00f3 sentarse en la escalinata de una casa. Puso el paquete en el escal\u00f3n, a su lado, y se tom\u00f3 el pulso, como si con eso hubiera podido controlar los martillazos en el pecho. El amplio panorama de la ciudad y la bah\u00eda ten\u00edan la magn\u00edfica belleza de siempre, un espect\u00e1culo en el que se combinaban perfectamente la enormidad de la naturaleza con la variedad compleja de la ciudad de humildes y caprichosas construcciones encaramadas en todas direcciones.<\/p>\n\n\n\n<p><br>Fue poco a poco recuperando la respiraci\u00f3n. A su alrededor el barrio tan conocido ten\u00eda la belleza simple de lo propio. Lo reconoc\u00eda con agrado, recuperando del recuerdo las im\u00e1genes y sonidos, los tactos y aromas del pasado, cuando en momentos como \u00e9se volv\u00eda del colegio a casa y se encantaba, sin darse cuenta siquiera, con todo lo que lo rodeaba. Y hubo de aceptar el toque infinito de la nostalgia, ese deseo indefinido y persistente que se le confund\u00eda con el hambre del mediod\u00eda, recuerdo de sabores que el aroma de las cocinas de esa calle de tanta casa familiar evocaba como otro reconocimiento de algo largamente perdido que se recobra.<\/p>\n\n\n\n<p><br>Algunos ni\u00f1os que no pod\u00eda ver jugaban cerca y sus voces eran familiares como ese apetito de otro tiempo. Apetito de lo cocinado en casa, anticipo de sabores del guiso consabido, el que preparan para esos ni\u00f1os que juegan pensando a esa hora en lo que en un rato m\u00e1s habr\u00e1 en la mesa: el pan reci\u00e9n comprado, a lo mejor por ellos mismos, en la panader\u00eda de la esquina \u2013junto a \u00e9l las empanadas tibias<br>dejaban sentir a trav\u00e9s del papel un leve olor a entonces, el mismo que lo hab\u00eda tentado a comprarlas en el plan cuando ya volv\u00eda a casa, un poco atrasado para el almuerzo\u2013, la cazuela, sin m\u00e1s aspiraciones que alimentar dignamente con el sabor exacto, caldo ancestral en que a cada sorbo se funda el hogar, como si la sal que lo sala y el simple or\u00e9gano recogido en el rinc\u00f3n soleado del jard\u00edn menor de la cocina fueran la misma yerba y sal que usara, en un principio, la primera abuela.<\/p>\n\n\n\n<p><br>No hay hambre \u2013pens\u00f3, evocando comidas memorables\u2013 como la que satisface la cocina familiar. No hay bocado que sepa como el pan que el padre tambi\u00e9n come, apenas sazonado con lo perfecto de una salsa casera en que cayeron, a su debido tiempo y en debida forma, las pizcas de aquello que la vuelve propia, intransferible. Salsas en que el labio besa al beso, materias de la caricia y el cari\u00f1o. Delicioso encuentro cuando el acto cotidiano de comer \u2013diaria obligaci\u00f3n que exige tanto y tanto aporta\u2013 es ceremonia y placer sin aspavientos. Cada gesto se carga de sentido: el de servir, el de llevarse algo a la boca, el de levantar el vaso o de admirarse sin decir nada cuando un plato exacto se posa frente a cada comensal y desde el c\u00edrculo de la mesa se levanta el acorde del aroma repartido.<\/p>\n\n\n\n<p><br>Como el que sube desde el recuerdo donde frente a frente los padres se comunican comiendo y los hijos sienten, sin saberlo, la presencia de una sensualidad todav\u00eda invisible para ellos y desconocida, nervio interior del cari\u00f1o, el ser mismo de la carne que en la carne se genera y en el comer se nutre sensual y amoroso. Hasta que un d\u00eda \u2013lo recuerda bien\u2013 hay un sorpresivo darse cuenta de algo urgente y se rompe inexplicablemente el hechizo en rechazos y discordias. El d\u00eda en que se inicia la obsesi\u00f3n de la partida.<\/p>\n\n\n\n<p><br>Ahora est\u00e1 en su calle de nuevo, a s\u00f3lo unos pasos del comedor donde sus padres lo esperan. La llamada desde una de las casas a uno de los ni\u00f1os que juegan cerca le recuerda el apuro de llegar a tiempo: hay que seguir subiendo. Ya es la hora de almorzar y los dem\u00e1s esperan, la mesa puesta. Pasa un chiquillo corriendo calle abajo. El ni\u00f1o de siempre, acalorado apetito, vida nerviosa a la carrera. El tiempo se le vuelve de pronto fantas\u00eda, un juego. Todo parece estar igual, incluso \u00e9l mismo all\u00ed como invisible \u2013el ni\u00f1o le pasa al lado sin verlo\u2013 reconociendo los m\u00e1s m\u00ednimos detalles del barrio de la que alguna vez fuera su casa: las irregularidades del pavimento, lo id\u00e9ntico de las construcciones, el color borroso del almac\u00e9n de la esquina, la luz de invierno.<\/p>\n\n\n\n<p><br>Hab\u00eda vuelto apenas ayer a recuperar, cre\u00eda, lo perdido. Pero presintiendo \u2013incluso en el momento de mayor ilusi\u00f3n, al cruzar otra vez el umbral paterno\u2013 la imposibilidad de conseguirlo. En el ajetreo desordenado del llegar no hab\u00eda tenido la tranquilidad para observar a su alrededor, para darse realmente cuenta de que no era \u00e9se un viaje m\u00e1s de tantos, sino la vuelta, el \u00fanico viaje que importaba. El largamente preparado en los a\u00f1os de ausencia. Ya el vuelo de llegada hab\u00eda insinuado el desenga\u00f1o, como el mal augurio que en las grandes aventuras profetiza el desastre. No s\u00f3lo no hab\u00eda podido conseguir el asiento de ventana desde el que esperaba contemplar el lento aproximarse de la tierra recobrada, sino que adem\u00e1s hab\u00edan descendido a ciegas en la niebla y apenas pudo vislumbrar, al \u00faltimo momento, las luces incoherentes del aeropuerto, el mismo confuso iluminado de tantas pistas de aterrizajes extranjeros.<\/p>\n\n\n\n<p><br>Nadie esperaba su llegada porque no la hab\u00eda anunciado. Varias horas despu\u00e9s, y todav\u00eda incapaz de tomar plena conciencia de su estar de vuelta, hab\u00eda llegado a casa para sorpresa de sus padres. Tuvo que reconocer el error de no haberlos prevenido de su viaje cuando la emoci\u00f3n del encuentro los alter\u00f3 demasiado. Qu\u00e9 viejos estaban. Por un momento crey\u00f3 que no lo reconoc\u00edan, que no pod\u00edan aceptar que estaba all\u00ed con ellos. <\/p>\n\n\n\n<p>A la ma\u00f1ana siguiente se hab\u00eda levantado tempran\u00edsimo porque no pod\u00eda esperar m\u00e1s para bajar al plan y sali\u00f3 antes del desayuno sin que lo sintieran. Quer\u00eda reconocer a solas la ciudad. Volver\u00eda a almorzar; la noche anterior hab\u00edan quedado en que su madre le tendr\u00eda sus platos favoritos. Pero ahora se le ha hecho tarde. Se hab\u00eda demorado demasiado en ver la ciudad de nuevo. A \u00faltimo minuto, antes de subir, les hab\u00eda comprado unas empanadas para el almuerzo; como no recordaba los gustos preferidos de sus padres se hab\u00eda decidido por satisfacer con el regalo el suyo. Con el paquete en la mano se le hace aun m\u00e1s pesada la subida y, a pesar de haber descansado un rato, se demora demasiado. Tendr\u00e1n que esperar un poco m\u00e1s para el almuerzo. Siempre lo hab\u00edan esperado.<\/p>\n\n\n\n<p><br>Le queda muy poco por llegar, pero tiene que detenerse otra vez a recobrar las fuerzas. Est\u00e1 visto que el tiempo no se ha detenido ni ha pasado en vano: ya no puede subir su calle a paso largo y sin cansancios. La ciudad no puede ser tampoco la misma de antes. Esta realidad de la calle presente \u2013querid\u00edsima pero ya un poco esquiva\u2013 se le confunde con la imagen de la misma idealizada en las interminables vueltas de la memoria. Algo ha cambiado, aunque todo parezca igual a como era. La visi\u00f3n de la ciudad desde esa amplia perspectiva tampoco es la misma: le faltaba al horizonte la ilusoria tentaci\u00f3n de la distancia.<\/p>\n\n\n\n<p><br>En casa, los padres estar\u00e1n esperando que llegue. Ella en la cocina, lenta y hasta torpe en sus movimientos de anciana; \u00e9l sentado en su sill\u00f3n leyendo o mirando hacia afuera el min\u00fasculo jard\u00edn ya venido a menos y la calle inclinada, que ver\u00eda borrosamente. Viejos, lo est\u00e1n esperando que llegue a almorzar. Pero se ha hecho demasiado tarde y seguramente las empanadas que les ha comprado no les interesen, incapaces como son por su edad de comer como com\u00edan. La noche anterior, cuando se sentaron a la mesa otra vez juntos, se hab\u00edan servido apenas una taza de t\u00e9 y unas galletas de soda, sin apetencia, s\u00f3lo por costumbre. La mesa vac\u00eda le hab\u00eda parecido tan ajena que la loza y los cubiertos de tantas comidas le produjeron una decepci\u00f3n nueva entre las emociones de la llegada. Se hab\u00eda ido a acostar con hambre, pero inapetente, y ya en su cama se hab\u00eda obligado a pensar en lo que comer\u00eda al d\u00eda siguiente.<\/p>\n\n\n\n<p><br>Ya ha llegado, al fin, y en poco rato estar\u00e1n juntos sentados a la mesa almorzando. Los \u00faltimos pasos hasta la verja del jard\u00edn son de dudas, de creciente preocupaci\u00f3n indefinida. Ah\u00ed est\u00e1 el antejard\u00edn, empobrecido y mustio, invadido de malezas que malamente tratan de alegrarlo con un florecer sin gracia. Hab\u00eda sido un lindo jard\u00edn, con magn\u00edficas rosas, una en particular trepando la reja de la ventana, estupenda en sus grandes manojos de amarillo. Esa ventana, ahora severa en su desnudez. El padre no mira desde dentro, como hab\u00eda esperado que lo hiciera. A trav\u00e9s de los visillos puede entrever que se han sentado a almorzar.<\/p>\n\n\n\n<p><br>La reja est\u00e1 cerrada con candado o el paquete le imposibilita accionar adecuadamente el mecanismo del picaporte. Cree reconocer en el aire el aroma del plato favorito imaginado esa ma\u00f1ana. Toca el timbre reconociendo el sonido de la campanilla en la cocina.<\/p>\n\n\n\n<p><br>No abren. Vuelve a tocar. De nuevo.<\/p>\n\n\n\n<p><br>No pueden no haber o\u00eddo. Cree ver que su madre por fin se levanta de la mesa y se acerca a la ventana a atisbar. Le hace se\u00f1as para que le abra, pero ella vuelve al comedor y su imagen se confunde con los reflejos de la ventana y los esfuminos del visillo. Piensa que dar\u00e1 la vuelta por la cocina. Pero pasa el tiempo y no viene a abrir.<\/p>\n\n\n\n<p><br>Lleva la mano al timbre para llamar de nuevo, pero duda: tal vez ya no lo esperan. Como todos los d\u00edas, se han sentado a almorzar temprano, su puesto en la mesa, vac\u00edo, inexistente. Sobre la grata sensaci\u00f3n del hambre que tra\u00eda se impone intenso el ardiente pu\u00f1o de la certeza. Retira la mano sin alcanzar a tocar de nuevo. Un cansancio insoportable lo obliga a dejarse caer en el escal\u00f3n m\u00e1s alto de la entrada, el paquete de las empanadas pes\u00e1ndole inc\u00f3modo, en precario equilibrio, en la mano. Sentado all\u00ed sin saber qu\u00e9 hacer, el hambre una insistencia de lo presente, rasga el papel del paquete, dejando abrirse al aire fresco de la tarde el aroma tibio de las empanadas que se han ido, tambi\u00e9n, enfriando. Toma una, y sin darle importancia a las gotas de jugo que le corren por la mano y la mu\u00f1eca manch\u00e1ndole la ropa, se entrega a la voraz satisfacci\u00f3n de ese deseo que le ha venido hurgando el alma desde no sabe cu\u00e1ndo.<\/p>\n\n\n\n<p><br>Suspira satisfecho y resignado. Ya los llamar\u00e1 por tel\u00e9fono desde el almac\u00e9n de la esquina para contarles lo bien que est\u00e1 y saber de ellos.<\/p>\n\n\n\n<div style=\"height:30px\" aria-hidden=\"true\" class=\"wp-block-spacer\"><\/div>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image size-large is-resized\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"700\" height=\"1050\" src=\"https:\/\/letrasenlafrontera.org\/wp-content\/uploads\/2025\/11\/61RLvcXzqKS._SL1500_-700x1050.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-21019\" style=\"width:200px\" srcset=\"https:\/\/letrasenlafrontera.org\/wp-content\/uploads\/2025\/11\/61RLvcXzqKS._SL1500_-700x1050.jpg 700w, https:\/\/letrasenlafrontera.org\/wp-content\/uploads\/2025\/11\/61RLvcXzqKS._SL1500_-200x300.jpg 200w, https:\/\/letrasenlafrontera.org\/wp-content\/uploads\/2025\/11\/61RLvcXzqKS._SL1500_-768x1152.jpg 768w, https:\/\/letrasenlafrontera.org\/wp-content\/uploads\/2025\/11\/61RLvcXzqKS._SL1500_.jpg 800w\" sizes=\"auto, (max-width: 700px) 100vw, 700px\" \/><figcaption class=\"wp-element-caption\">Version 1.0.0<\/figcaption><\/figure>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>:::&nbsp;Este texto de maravillosa hechura forma parte de la colecci\u00f3n de cuentos Las edades del enigma (Literatura Letras en la Frontera, 2021). 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