{"id":20540,"date":"2025-10-06T12:57:35","date_gmt":"2025-10-06T12:57:35","guid":{"rendered":"https:\/\/letrasenlafrontera.org\/?p=20540"},"modified":"2025-10-08T01:48:03","modified_gmt":"2025-10-08T01:48:03","slug":"tres-pecas-un-cuento-de-rebecca-bowman","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/letrasenlafrontera.org\/index.php\/2025\/10\/06\/tres-pecas-un-cuento-de-rebecca-bowman\/","title":{"rendered":"&#8220;Tres pecas&#8221;, un cuento de Rebecca Bowman"},"content":{"rendered":"\n<p> :::&nbsp;<em>Aqu\u00ed reproducimos un cuento in\u00e9dito, escrito en 2019, caracter\u00edstico de la narrativa de la autora, con su realismo y estilo directos y sin pretensiones.<\/em><br><br><\/p>\n\n\n\n<p>Mariana Oviedo tiene tres pecas en el antebrazo. Cuando le ayudo a tomar el l\u00e1piz las veo. Tres pequitas o lunares como los puntos de un tri\u00e1ngulo que la marcan para siempre.<\/p>\n\n\n\n<p>A diario, desde las dos de la tarde, horas antes de las tres y cuarto cuando debe llegar su mam\u00e1 por ella, cuando antes le\u00eda con soltura y bailaba y cantaba junto con los dem\u00e1s bajo mi cargo, ahora no se siente bien, le entra el p\u00e1nico. Sin hacer caso a lo que digo se toma un mech\u00f3n de pelo y se lo lleva a la boca a chuparlo hasta dejarlo bien mojado, sus tobillos se enroscan en las patas de la silla, se encorva. Es otra, ajena a la de hace unos meses.<\/p>\n\n\n\n<p>Viene su mam\u00e1 por ella y Mariana corre r\u00e1pido a aferr\u00e1rsele a la pierna. No la suelta aun cuando hay que recoger su mochila y acomodar algunos papeles en ella; la madre no la separa de s\u00ed, le permite este lujo. Salen por la puerta como un animal singular, de cuatro patas, de extra\u00f1a hechura. Llegan los \u00faltimos padres, sus ni\u00f1os tambi\u00e9n se van. Comienzo a juntar las crayolas y l\u00e1pices que quedaron esparcidos, a acomodar las sillas alrededor de las mesas, mi pierna floja haciendo que me tambalee un poco.<\/p>\n\n\n\n<p>Voy al ba\u00f1o de la oficina central, caminando por los pasillos ya casi desiertos. Despu\u00e9s me sirvo un caf\u00e9, del caf\u00e9 tibio, ralo, ya quemado de la cafetera en el sal\u00f3n de maestros, y regreso a mi sal\u00f3n, sensible de nuevo al olor a crayola y l\u00e1piz, a pelo mal lavado, a desinfectante escolar y a la fragancia de canela del dispensador que uso para hacer m\u00e1s acogedor el espacio. Me quedar\u00e9 unas horas m\u00e1s, pues es el fin del periodo de evaluaci\u00f3n y hay que terminar con esto. Estoy apenas en las L, falta mucho.<\/p>\n\n\n\n<p>Cada a\u00f1o hay m\u00e1s documentos que completar, mayores requisitos que nos agobian y no nos permiten ser buenos maestros. Lleno los formularios: debo describir en cada reporte el progreso o falta de cada ni\u00f1o. Y al repasar la lista e ir apuntando en la hoja de cada quien mi parecer pienso en las distintas circunstancias de cada uno. De Juanga, con sus dos cambios de ropa, siempre limpios, pero que se alternan sin tregua de un d\u00eda a otro. Y de Natalia, t\u00edmida, enclenque, una de los pocos anglos en mi clase cuyos padres no insisten en que se les d\u00e9 una mayor atenci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Porque, cuidado y que a Heather se la mire feo o que a Bruce lo mande a <em>time-out<\/em>. Llegan con tenis nuevos, con una lonchera repleta de fruta y galletas saladas integrales, de hummus de Trader Joe\u2019s y \u00bfc\u00f3mo no van a traer m\u00e1s puntos de AR?, si de seguro sus pap\u00e1s llegan con br\u00edo a sus casa a leer con ellos y no tienen que hacer el turno nocturnal.<\/p>\n\n\n\n<p>Y aunque es palpable el privilegio de estos chiquillos y sus padres, siento c\u00f3mo poco a poco mis h\u00e1bitos mentales me van venciendo y que casi siempre les doy la raz\u00f3n, que supongo que lo obtenido se merece, que lo que poseemos es por m\u00e9rito y no circunstancia.<\/p>\n\n\n\n<p>Nos dan clases a los profesores, nos explican y a\u00fan as\u00ed fluye en nosotros lo ancestral: que hay los vencedores y los vencidos; aquella tara del derecho divino o bien, quiz\u00e1 en otro lugar, la idea del karma. Trato de imponer sobre mis mismos prejuicios lo que me ense\u00f1aron en la universidad, pero hay <em>slippage<\/em>, claro que lo hay.<\/p>\n\n\n\n<p>Oscurece. Pronto me ir\u00e9 a casa, a calentar una sopa, a acariciar a mi perrita de diez a\u00f1os, cuya vista ya se ha empa\u00f1ado con nubes en los dos cristalinos. Esta noche llover\u00e1 a c\u00e1ntaros y el techo de mi peque\u00f1a casa gotear\u00e1 en un llanto paulatino y certero.<\/p>\n\n\n\n<p>Ya estoy en las V, y est\u00e1 Maricarmen V\u00e1zquez, quien en estos \u00faltimos meses ha dejado de enfocarse bien, quien mira por la ventana, esperando, esperando que su madre llegue por ella.&nbsp; Aunque lo hace una t\u00eda desde noviembre. Cuatro meses ha vivido con la pariente que s\u00ed tiene, por el esposo, el derecho a permanecer aqu\u00ed. Lo importante de una hoja de papel, de una fisionom\u00eda que le da a uno mayores o menores derechos, como si la madre de uno no fuera ya un pasaporte al mundo entero est\u00e9 uno donde est\u00e9.<\/p>\n\n\n\n<p><em>Qu\u00e9 terrible,<\/em> dicen mis colegas en el sal\u00f3n de maestros, las que no dan la clase biling\u00fce, removiendo su caf\u00e9, poni\u00e9ndole el dulcificante artificial que tanto les gusta, con sus rostros liberales y simpatizantes. Pero nadie hace nada y la pr\u00f3xima semana habr\u00e1 otro esc\u00e1ndalo que capte la atenci\u00f3n. Tenemos un plan administrativo por si no llega alguien por un ni\u00f1o, pero ning\u00fan plan para la amenaza constante de que esto suceda.<\/p>\n\n\n\n<p>Debo seguir calificando, apuntar los porcentajes, n\u00fameros que dicen poco de mis alumnos y que no indican que algunos se ponen a llorar a la hora de entrar a clase, cuando sus padres los dejan, aunque ya hab\u00edan pasado esa etapa cuando estaban en k\u00ednder.<\/p>\n\n\n\n<p>Me trajeron aqu\u00ed y me dieron chamba. Parece que les soy \u00fatil, ya bien en buen plan o para encubrir la falta de inter\u00e9s verdadero en el destino final de mis pupilos. Soluci\u00f3n no la hallo.<\/p>\n\n\n\n<p>Delante de m\u00ed escritorio est\u00e1 el tapete grande multicolor con el alfabeto esparcido en los cuadros. El tema este a\u00f1o de la escuela entera es Or\u00edgenes y en el techo he colgado facs\u00edmiles de las banderas de los ancestros de mis alumnos, desde Nicaragua hasta Alemania.&nbsp;Una gran diversidad, aunque pocos son del Asia.<\/p>\n\n\n\n<p>Miro mis apuntes.&nbsp;Carlos ha vuelto a orinarse una o dos veces por semana despu\u00e9s de haber dejado de hacerlo.&nbsp; Alejandro, con su sonrisa permanente, est\u00e1 reprobando casi todo&#8230;si hubiera un estudio, si se publicara ampliamente, quiz\u00e1 entonces \u2026 Soy otra bur\u00f3crata apuntando n\u00fameros de identificaci\u00f3n, rasgos particulares para el Estado. C\u00f3mplice soy.&nbsp;Lleno los formularios, al igual que el sujeto en los estudios de Hannah Arendt. Y evito dar clases en mi pa\u00eds por un sueldo m\u00edsero y una vida tambi\u00e9n vulnerable y solitaria.<\/p>\n\n\n\n<p>No todos han retrocedido. Algunos se han vuelto diligentes, como si hacer todo bien fuera a salvar a la familia. Las u\u00f1as comidas, los l\u00e1pices mordidos, las cabezas inclinadas sobre esas <em>worksheets<\/em> pendejas que nos obligan a usar para que pasen el famoso examen STAAR; estos alumnos afanosos repiten lo que ellos saben que queremos escuchar, mec\u00e1nicamente, cejijuntos, determinados en darnos gusto. Poco saben que pronto no podr\u00e1n pensar de otra manera.<\/p>\n\n\n\n<p>Estudi\u00e9 sociolog\u00eda y termin\u00e9 aqu\u00ed imponiendo las mismas normas que tanto lamentamos. Fue una lenta corrupci\u00f3n, como el proceso gradual en que se fueron nublando los ojos de mi perrita, quien aparenta no darse cuenta de su paulatina ceguera, moviendo el rabo como si nada al darme la bienvenida.<\/p>\n\n\n\n<p>Todas las noches miro las paredes de mi sala pintadas color turquesa, los cuadros coloridos, el sarape que cubre un sof\u00e1 ya gastado. Frida me observa desde una esquina con la misma expresi\u00f3n cejijunta y determinada de algunos de mis alumnos. Pero Frida me juzga mientras que mis estudiantes a\u00fan no tienen esa capacidad de reconocer la cobard\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>El polio me dio esta cojera, la que me hizo poco apetecible para los machos de mi ejido. De manera que decid\u00ed conseguir una beca para salir de mi pueblo a estudiar, fue una bendici\u00f3n. Soy de San Luis Potos\u00ed, de una regi\u00f3n tan \u00e1rida y dif\u00edcil de cultivar que los habitantes cortan lechuguilla y se paran en la carretera a vender halcones capturados. Presos ellos, apresan a otro animal de presa y lo venden. Lo que atrapan, ya sea v\u00edbora o urraca, se lo comen, no tienen de otra. Es una vida dura en la que no cabe la piedad. Comparativamente la vida de mis alumnos aqu\u00ed es mejor. Eso mismo se\u00f1ala la directora de la escuela, tambi\u00e9n hispana, cada vez que le pido mayores fondos para los libros en espa\u00f1ol o un tutor m\u00e1s, como si por eso se justificaran las diferencias de oportunidad y por tanto de potencial entre un Carlos y un Bruce. Pero ella no usa esa misma comparaci\u00f3n para callar a la mam\u00e1 de Heather, pregunt\u00e1ndole por qu\u00e9 no se contenta con que su hija no tenga que mercadear v\u00edboras en un cruce de caminos.<\/p>\n\n\n\n<p>Ah, pero mi rostro ante los alumnos es pura dureza, es insistir en que se porten bien, en que pisen la raya azul a la hora de marchar enfilados a la cafeter\u00eda, que no dejen de hacer cada paso en su suma y escribir el resultado en el lugar correcto. Si algo tengo es disciplina, el desierto me la dio y estos ni\u00f1os la necesitan. Los tengo que acorazar.<\/p>\n\n\n\n<p>Y que yo haya salido de mi pueblo no dice que las otras muchachas que se quedaron y que ahora est\u00e1n envejecidas, chimuelas, incluso algunas, jorobadas, lo pudiesen haber hecho; no hay tantas plazas para eso. Yo sal\u00ed y mejor\u00e9 mi circunstancia, pero no por eso est\u00e1 bien que permanezca la miseria.<\/p>\n\n\n\n<p>Sigue la lucha. Los padres de Bruce y de Heather creen estar del lado correcto en este asunto, al igual que yo. Buscan que sus hijos sepan las dos lenguas, quieren que sean tolerantes, pero f\u00edjate en ese adjetivo, que muestra una agencia que otros no tienen. Quien tolera tiene el poder de no tolerar, de rechazar, no es que no tengan de otra. Y a final de cuentas para el ni\u00f1o de esta edad lo que importa es quien tiene la mejor lonchera, y casi siempre esa persona es g\u00fcera.<\/p>\n\n\n\n<p>La madre de Heather, quien insiste en hablarme en espa\u00f1ol a pesar de mis veinte a\u00f1os viviendo de este lado, quien siempre me dice cuando acaba de estrenar una nueva receta de chilaquiles, parece con su cola de caballo y largas piernas una Barbie, la misma expresi\u00f3n altanera y complacida. Entre yo y mi compa\u00f1era les decimos las Barbies, y es a ellas a quienes sabemos que no hay que alterar. Cuando se dan los premios sienten que ya de antemano les pertenecen a sus hijas. Igualmente creen que sus hijos, que apenas saben lo que sabr\u00eda cualquier persona en su medio, son unos genios y les fastidia si no los reconocemos. Este a\u00f1o la Barbie mayor se ha puesto a lamentar la situaci\u00f3n pol\u00edtica,\u00a0 pero no tanto como para no insistir en que le d\u00e9 atenci\u00f3n especial a su Heather.<\/p>\n\n\n\n<p>Entra el sol de la tarde por la ventana arrojando una \u00faltima m\u00ednima franja de luz y calor sobre mi escritorio. Si no sigo estar\u00e9 aqu\u00ed hasta las diez. Volteo una hoja y veo el nombre de Matt Ybarra. Orej\u00f3n y de cuerpo angular, ten\u00eda una curiosidad voraz y una nata perspicacia. L\u00edder natural, buen muchacho, su ausencia me duele much\u00edsimo. \u00bfRegresar\u00e1?, qui\u00e9n sabe, quedar\u00e1 solamente en mi memoria.<\/p>\n\n\n\n<p>Miro el tapete y mi mente se llena de los ojos expectativos de mis ni\u00f1os cuando se juntan ah\u00ed para la hora del cuento. Esperan tanto de m\u00ed y les doy tan poco. <em>Criss Cross Apple Sauce<\/em>, les digo para que se acomoden de manera segura, que no se toquen uno a otro. Tanto procedimiento, tan reglamentados son para que no caigan en el caos. Con un minuto que les deje actuar a su libre albedr\u00edo resulta alg\u00fan incidente.<\/p>\n\n\n\n<p>Llegu\u00e9 a Enrique Zavala, el \u00faltimo de mis ni\u00f1os, uno tan callado que no s\u00e9 ni qu\u00e9 decir de \u00e9l. Lleva lentes, viene siempre bien acicalado. Su constante calma refleja una casa sin problemas, una familia bien centrada. Todav\u00eda est\u00e1 ileso. Ojal\u00e1 dure as\u00ed.<\/p>\n\n\n\n<p>Me hace falta recortar unas letras, llenar la agenda en mi planificador, pero eso lo puedo hacer en casa. Alisto mi bolsa de lona que vaciar\u00e9 sobre la mesa de mi cocina despu\u00e9s de cenar para terminar mis deberes. Al meter los trabajos hallo el \u00faltimo dibujo de Mariana, la de las pecas; el dibujo es de un monito de alambres de cabeza enorme, de brazos extendidos, alarmados y arriba de ello una nube negra, remarcada con crayola gruesa. Abajo de las figuras va en picada una letra redondeada y torpe: <em>It is raining.<\/em> Pienso en sus manitas tiernas, su antebrazo curvado con las pecas distribuidas en tri\u00e1ngulo, en su aire d\u00f3cil. \u00bfQu\u00e9 pensar\u00eda Gramsci de m\u00ed? \u00bfde lo que hago? Ense\u00f1o, s\u00ed, les doy poder a estos ni\u00f1os, pero tambi\u00e9n les inculco ideas que luego har\u00e1n da\u00f1o, los etiqueto y los sistematizo. Y como mi perrita de ciegos ojos, me celebran y me quieren.<\/p>\n\n\n\n<p>Antes de apagar la luz, de cerrar el sal\u00f3n de clase e ir a mi Fairmont para regresar a casa, veo las banderas que cuelgan en grupo desde el cielo. Cierro tantito los ojos para empa\u00f1ar la vista, para hacer que los colores se mezclen y se unan, que queden todos parejos, luego abro los ojos para que cada bandera tome su forma original. Estoy cansada, no hallo soluci\u00f3n.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>:::&nbsp;Aqu\u00ed reproducimos un cuento in\u00e9dito, escrito en 2019, caracter\u00edstico de la narrativa de la autora, con su realismo y estilo directos y sin&hellip;<\/p>\n","protected":false},"author":3,"featured_media":20548,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_feature_clip_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":"","jetpack_post_was_ever_published":false},"categories":[154,209],"tags":[234,325,221],"coauthors":[312],"class_list":["post-20540","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-cuento","category-revista","tag-cuento","tag-educacion","tag-literatura"],"jetpack_featured_media_url":"https:\/\/letrasenlafrontera.org\/wp-content\/uploads\/2025\/10\/1000050202.jpg","jetpack_sharing_enabled":true,"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/letrasenlafrontera.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/20540","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/letrasenlafrontera.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/letrasenlafrontera.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/letrasenlafrontera.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/users\/3"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/letrasenlafrontera.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=20540"}],"version-history":[{"count":10,"href":"https:\/\/letrasenlafrontera.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/20540\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":20555,"href":"https:\/\/letrasenlafrontera.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/20540\/revisions\/20555"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/letrasenlafrontera.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media\/20548"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/letrasenlafrontera.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=20540"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/letrasenlafrontera.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=20540"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/letrasenlafrontera.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=20540"},{"taxonomy":"author","embeddable":true,"href":"https:\/\/letrasenlafrontera.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/coauthors?post=20540"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}