{"id":20290,"date":"2025-09-15T13:13:34","date_gmt":"2025-09-15T13:13:34","guid":{"rendered":"https:\/\/letrasenlafrontera.org\/?p=20290"},"modified":"2025-09-15T13:13:37","modified_gmt":"2025-09-15T13:13:37","slug":"a-la-putanesca","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/letrasenlafrontera.org\/index.php\/2025\/09\/15\/a-la-putanesca\/","title":{"rendered":"A la putanesca"},"content":{"rendered":"\n<p>Por Adela Celorio<\/p>\n\n\n\n<p>:::\u00a0<em>Con un gui\u00f1o Adela Celorio entrega a la literatura una colecci\u00f3n de cuentos p\u00edcaros y profundos. Esta colecci\u00f3n, m\u00e1s valiosa por ser breve, es como una bomba, pero una bomba deliciosa que estalla en medio de la dogm\u00e1tica pesadez de una sociedad osificada. Traviesa y, como dice Santiago Dayd\u00ed-Tolson, picarona, su narrativa oscila entre lo sutil de lo no dicho y lo que ella hace exquisitamente obvio, lo impuro de una sociedad decadente. Aqu\u00ed presentamos un cuento del libro <strong>La vida est\u00e1 en otra parte<\/strong>.<\/em><br><br><br>\u2014No te pongas nada bajo el vestido, quiero comerte todita y voy a empezar por abajo. Despu\u00e9s de la medianoche te espero en el camarote 111, dijo la voz en el tel\u00e9fono, y sin darme tiempo a responder, colg\u00f3.<br><br>\u2014\u00bfQui\u00e9n era, mami?<br><br>Nadie, sigue durmiendo. Y sin m\u00e1s, mi ni\u00f1a se dio media vuelta en la otra cama del camarote que compartimos.<br><br>\u00bfComerme todita? \u00a1Maldici\u00f3n! Se supone que este viaje es para desestresarme y un loco de mierda se equivoca de n\u00famero y&#8230; \u00bfdijo todita?<br><br>Me quiero volver a dormir, pero la voz bermell\u00f3n y circular del desconocido da vueltas en mi cabeza, convocando instintos adormecidos, \u00bfo ser\u00e9 yo la que no la deja ir? Ya lo dice mi loquero favorito: iputa&#8230; qu\u00e9 se\u00f1or! Con \u00e9se s\u00ed&#8230; Dice que soy una mujer que piensa demasiado, que soy obsesiva y me estreso y&#8230; \u00bfdijo que iba a empezar por abajo? No, no voy a despertar a Lolita encendiendo la luz, pero como tampoco quiero seguir dando vueltas en la cama, me deslizo en la oscuridad hacia el peque\u00f1o balc\u00f3n Respiro profundo. El aire del mar, la frescura de la noche me bajan la ansiedad.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Para que descanses y regreses m\u00e1s tranquilita. \u00a1Pendejo!, \u00bfcrees que no me doy cuenta de que lo que quieres es quedarte solo?<\/p>\n\n\n\n<p>Empiezo a sentir fr\u00edo y vuelvo a la tibieza del camarote, aunque la sola idea de volver a meterme en la cama me provoca ansiedad, por lo que me refugio en el ba\u00f1o, abro las llaves del agua y lleno la min\u00fascula tina, donde m\u00e1s que lavarme, me acaricio. Quiere com\u00e9rsela toda, iDios! \u00bfQui\u00e9n ser\u00e1 ella? \u00bfY qui\u00e9n el loco que le habla para proponerle esas obscenidades? La embestida del chorro es vigorosa y me abro para ofrecerle mis pliegues, mis honduras&#8230; no pienso, s\u00f3lo siento hasta que mi cuerpo, con oleaje turbulento, se desborda.<\/p>\n\n\n\n<p>Disfruto la novedosa sensaci\u00f3n de ba\u00f1arme casi a medianoche en alta mar. M\u00e1s que untarme, acaricio mi piel despierta con la ostentosa crema de extracto de caviar, regalo de mi amiga Paty. Miro mis senos desnudos en el espejo y los apruebo. Verifico mis nalgas&#8230; ino!, no me han traicionado. Antes de ponerme la piyama para meterme a la cama, instauro nuevas rutas para el perfume. iQue desperdicio!, ni qui\u00e9n me huela. \u00bfDe verdad, le ir\u00e1 a comer todo?&#8230; y sue\u00f1o con los angelitos.<br><br>Con la molicie de las vacaciones, empiezo a recuperar mi ajetreado cuerpo de madre y esposa. De r\u00edgida maestra de arte, de chofer y ama de casa siempre agobiada por las agresiones de la ciudad y la sempiterna falta de tiempo.<br><br>\u2014\u00a1Lev\u00e1ntate, perezosa! Hoy hacemos escala en Saint Thomas, y antes de bajar a la isla tenemos que desayunar.<br><br>\u2014\u00bfQu\u00e9 hay en la isla?, pregunta Lolita entre bostezos.<br><br>\u2014No lo s\u00e9 \u00a1veamos!, para eso nos mand\u00f3 papi al crucero, para ver lo que hay en las islas \u2014le explico a mi ni\u00f1a\u2014, pero inevitablemente pienso: \u00bfser\u00eda para eso o para quedarse m\u00e1s libre con la putilla que le pinta los cuellos de la camisa?<br><br>S\u00f3lo mirar el fastuoso <em>buffet<\/em>, donde coinciden afortunadamente una colorida variedad de frutas tropicales, de quesos, arenques, salmones y todos los panecillos imaginables \u2014reci\u00e9n horneados y crujientes\u2014 bastar\u00eda para saciar mi apetito en cualquier otra circunstancia. Hoy, sin embargo, me apetece probarlo todo. Y para acompa\u00f1ar tan suculento popurr\u00ed, pido a un sol\u00edcito mesero un botell\u00edn de champa\u00f1a, \u00bfpor qu\u00e9 no?<br><br>\u2014Las vacaciones son para hacer cosas diferentes, me justifico ante la mirada interrogante de Lolita \u2014cuando el camarero pone sobre la mesa la exquisita champa\u00f1era plateada\u2014 y descorcha la botella con movimientos actorales y me sirve.<br><br>\u2014<em>\u00a1Salute signora!<\/em><br><br>Terminado el opulento desayuno, desembarcamos para caminar por las risue\u00f1as callecitas de Saint Thomas, donde todo es inaugural para los nueve anos de la cachorrita que me bombardea con sus comentarios, que escucho distraida porque dentro de mi cabeza la voz bermell\u00f3n, que ha insistido en llamar las tres noches que llevamos de traves\u00eda, repite tercamente; &#8220;Quiero comerte todita&#8221;.<br><br>Pasamos por una peque\u00f1a boutique de lencer\u00eda francesa, e impulsivamente empujo a mi ni\u00f1a hacia adentro.<br><br>\u2014\u00bfAqu\u00ed qu\u00e9 hay?<br><br>\u2014No s\u00e9. Ven, vamos a curiosear.<br><br>\u2014\u00bfBusca algo en especial? Pregunta la joven encargada, excesivamente risue\u00f1a y servicial.<br><br>-\u2014Bueno en realidad yo&#8230; Y se me van los ojos a los calzoncitos breves, extrovertidos, que exhibe el maniqu\u00ed.<br><br>Hay que decidirse r\u00e1pido porque mi cotorra tiene sed.<br><br>\u2014iS\u00ed se\u00f1orita tambi\u00e9n el brasier! Es un regalo para una amiga \u00bfsabe?, explico innecesariamente a la risue\u00f1a, mientras Lolita me jala hacia fuera.<br><br>\u2014Tengo calor, quiero una Coca, insiste impaciente entre una pregunta y otra.<br><br>\u00bfQui\u00e9n descubri\u00f3 esta isla? \u00bfAqu\u00ed hay escuelas para los ni\u00f1os? \u00bfPor qu\u00e9 en lugar de venir a las tiendas, no vamos a la playa? Yo respondo en autom\u00e1tico, mientras floto por las callecitas de la isla tratando de descubrir, entre la variopinta marejada de turistas, al de la voz.<br><br>En la terraza donde nos sentamos una colorida guacamaya, desde su aro, hace las delicias de Lolita, quien bebe por fin su Coca, mientras yo me receto un refrescante <em>Planters Punch<\/em>. En la exuberancia caribe\u00f1a todo parece lascivo.<\/p>\n\n\n\n<p>Hace demasiado calor para seguir andando, propongo volver al barco ponernos el traje de ba\u00f1o y darnos un chapuz\u00f3n, \u00bfqu\u00e9 te parece mi ni\u00f1a?<\/p>\n\n\n\n<p>A bordo sigue la fiesta pero yo, obstinada en detectar una mirada, una se\u00f1al que delate al degenerado, estoy como en otra dimensi\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Antes de cenar, hago una escala para beber dos <em>Mint Julips<\/em> en el ambiente festivo del bar, pero nada me refresca. Estoy febril. Para acompa\u00f1ar la cena pido media botella de blanco.<\/p>\n\n\n\n<p><em>\u2014\u00bfSoave Bola Signora?<\/em> Es ligero y va muy bien con el <em>espagueti putanesca<\/em> que orden\u00f3 \u2014sugiere Guido, el guapo camarero que nos atiende mientras mis ojos especulan en su bragueta\u2014: \u00bfSer\u00e1 \u00e9ste el lamedor?<\/p>\n\n\n\n<p>Lolita tiene sue\u00f1o y la llevo al camarote. Espero a que se duerma, e ignorando el libro de Egon Schiele que reclama mi atenci\u00f3n desde la mesita de noche, salgo a tomar el fresco en la cubierta. \u00bfD\u00f3nde quedar\u00e1 el camarote 111?<\/p>\n\n\n\n<p>Inquieta, con la sensaci\u00f3n de estar perdi\u00e9ndome algo, finalmente busco el sosiego en mi cama. El vino, la tibieza de la noche, el olor del mar, la imaginaci\u00f3n en llamas, el degenerado mordisqueando mis pezones, yendo de uno al otro, ilos dos! iCarajo! En doce a\u00f1os de casados mi marido sigue pensando que s\u00f3lo tengo uno. Lo imagino pintando mi cuerpo con el h\u00famedo pincel de su lengua. \u2014Dijo todita, comerte todita &#8230;, eso dijo.<\/p>\n\n\n\n<p>Las lentejuelas del breve traje de domadora me pican, pero aun as\u00ed me muevo con agilidad, montada sobre la trompa de elefante. El r\u00edtmico paso del animal es placentero. Tomo la punta de la trompa que el paquidermo levanta triunfal, la acerco a mi boca y empiezo a lamer con fruici\u00f3n. Ansioso, el animal escupe y r\u00edos de semen escurren por mis muslos. El p\u00fablico aplaude de pie. Despierto angustiada y sudorosa al tratar de secarme con la s\u00e1bana que se enreda tercamente entre mis piernas.<\/p>\n\n\n\n<p>iMaldici\u00f3n, qu\u00e9 calor! Cierro los ojos tratando de reconstruir el sue\u00f1o. Prendo la luz para anotarlo como me ha pedido mi loquero. Lola ni pesta\u00f1ea.<\/p>\n\n\n\n<p>El sue\u00f1o se ha ido y retomo de la mesa de noche el libro que traje con la esperanza de que algo se me ocurra, al fin, para comenzar a escribir el ensayo que, sobre Schiele, tengo pendiente Algunos de sus grabados me resultan grotescos, van directo a mi inconsciente, y m\u00e1s que erotismo sugieren lascivia. Al mostrar sus m\u00e1s \u00edntimas reconditeces, las modelos pierden el misterio que confiere la intimidad usurpando al tacto y a la cercan\u00eda el placer de explorar y descubrir el objeto del deseo La verdadera y \u00fanica pasi\u00f3n del artista, parece ser \u00e9l mismo y su alucinante relaci\u00f3n con sus lienzos y pinceles.<\/p>\n\n\n\n<p>Me detengo en la fotograf\u00eda p\u00f3stuma del joven y brioso pintor que, de pronto se mete en la tina donde me ba\u00f1o. Me abro para acoger su cuerpo entre mis piernas y empieza a morderme el cuello suavemente, mientras mis dedos se enredan en su pelo. Desciende ansioso por mi vientre, buscando la parte m\u00e1s escondida de mi cuerpo, y cuando por fin la encuentra el ruido del libro al caer de la cama vuelve a despertarme.<\/p>\n\n\n\n<p>Miro el reloj, pasan quince minutos de la medianoche. Me levanto me pongo un vestido sin nada abajo, salgo a cubierta y dejo que el aire marino me posea, mientras me dirijo al camarote 111.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00a1\u00d3igame majadero!, le espeto indignada al tosco marinero que sigiloso abre la puerta, y me deslizo hacia adentro. Cierro bruscamente, corro el pasador de seguridad y le digo con firmeza: iUsted a m\u00ed no va a comerme nada&#8230;! \u00bfO s\u00ed?<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por Adela Celorio :::\u00a0Con un gui\u00f1o Adela Celorio entrega a la literatura una colecci\u00f3n de cuentos p\u00edcaros y profundos. 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