{"id":20118,"date":"2025-09-01T13:33:40","date_gmt":"2025-09-01T13:33:40","guid":{"rendered":"https:\/\/letrasenlafrontera.org\/?p=20118"},"modified":"2025-09-01T13:33:41","modified_gmt":"2025-09-01T13:33:41","slug":"nuestra-senora-de-las-mercedes-el-profugo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/letrasenlafrontera.org\/index.php\/2025\/09\/01\/nuestra-senora-de-las-mercedes-el-profugo\/","title":{"rendered":"Nuestra Se\u00f1ora de las Mercedes (el pr\u00f3fugo)"},"content":{"rendered":"\n<p>Por Cuqui V\u00e1squez<br><br>::: <em>Reproduce este texto un cuento del libro digital &#8220;A decir verdad&#8221;, publicado por la Secretar\u00eda de Cultura de Coahuila. Declara la autora que los relatos reunidos en dicho libro son memorias e &#8220;historias de su barrio&#8221;.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;Despu\u00e9s de la tormenta, el d\u00eda amaneci\u00f3 espl\u00e9ndido. El sol brillaba en todo lo alto. Atareados, los gorriones reparaban sus nidos, golpeados por el vendaval de la noche anterior; hormigas arrieras se daban un fest\u00edn con las hojas del nogal esparcidas por el suelo, huellas de vientos huracanados de los que no quedaba m\u00e1s que el recuerdo.<\/p>\n\n\n\n<p>Como era mi costumbre, arrastr\u00e9 una silla del comedor, me sub\u00ed en ella y alcanc\u00e9 el calendario que colgaba de un clavo en la pared. Disfrutaba de arrancar la hoja del d\u00eda anterior y ver en la siguiente la fecha en que est\u00e1bamos y a qu\u00e9 Santo correspond\u00eda: Nueve de Mayo, Nuestra Se\u00f1ora de las Mercedes, liberadora de los privados de la libertad.<\/p>\n\n\n\n<p>De un salto ruidoso baj\u00e9 de la silla pensando que pronto ya no me ser\u00eda necesaria para alcanzar el calendario. Ese pensamiento me hizo sonre\u00edr.<\/p>\n\n\n\n<p>Sal\u00ed al patio y me encontr\u00e9 con mi abuela y su fiel ayudante, Virginia. Preparaban todo para hervir la ropa blanca, aprovechando el d\u00eda soleado y un poco ventoso. Entre las dos, acarrearon le\u00f1a, formaron un mont\u00edculo y pusieron encima de \u00e9ste un tripi\u00e9 de fierro en el cual sentaron una gran tina de zinc. Despu\u00e9s de encender la hoguera, rebanaron con un cuchillo una barra de oloroso jab\u00f3n blanco, como si fuera un queso, lo pusieron dentro de la tina y la llenaron de agua.<\/p>\n\n\n\n<p>Mientras esperaban a que hirviera se ocuparon en separar la ropa que hab\u00edan sacado de la casa en tres grandes canastos de mimbre. Las fundas de almohada y las camisas por un lado, las s\u00e1banas por otro.<\/p>\n\n\n\n<p>Me sent\u00e9 cerca de ellas mientras jugueteaba con la hojita arrancada del calendario, con la intenci\u00f3n de lanzarla a la hoguera. Adivinando mis pensamientos y sin voltear a verme, mi abuela me apart\u00f3 con un firme adem\u00e1n; a\u00fan as\u00ed tuve tiempo de aventar el papelito, que cay\u00f3 en las llamas retorci\u00e9ndose como un gusano que cambi\u00f3 de color hasta convertirse en ceniza.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Te he dicho mil veces que no te acerques a la lumbre. Si no sabes obedecer te ir\u00e1s dentro de la casa hasta que terminemos \u2014dijo mi abuela, sacudiendo mi vestido que se hab\u00eda manchado con un poco de ceniza, \u2014vas a oler a humo, \u2014sonre\u00ed socarrona, el olor a humo me gustaba.<\/p>\n\n\n\n<p>Ellas hac\u00edan buen equipo: la fuerza f\u00edsica de Virginia necesaria para tareas pesadas y el sabio liderazgo de mi abuela. Entre las dos, eran capaces de matar una gallina en segundos. Mientras Virginia la tomaba por el cuello y le daba tres vueltas en el aire, mi abuela la remataba de un hachazo certero.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Ya hirvi\u00f3 suficiente, pongamos primero las fundas \u2014dijo mi abuela y se dieron a la tarea, revolviendo con un tabl\u00f3n de madera el agua jabonosa, que empezaba a gorgotear y a esparcir gotitas quemantes.<\/p>\n\n\n\n<p>En eso estaban cuando se escucharon gritos y ladrer\u00eda de perros; Lobo nuestro pastor alem\u00e1n que descansaba dormitando bajo el nogal, levant\u00f3 la cabeza y enderez\u00f3 las orejas olfateando el aire.<\/p>\n\n\n\n<p>Quedamos las tres en suspenso para escuchar lo que pasaba. Un golpe seco nos hizo volver la cabeza. Muy cerca de nosotros, un hombre hab\u00eda saltado desde la barda del vecino hacia nuestro patio. Cay\u00f3 hecho un ovillo ahogando un grito de dolor, se toc\u00f3 el tobillo derecho.<\/p>\n\n\n\n<p>Era un hombre muy joven, casi un ni\u00f1o, con el cabello cortado al rape y la cara con marcas de viruela. Portaba un sucio pantal\u00f3n a rayas, descalzo y no tra\u00eda camisa, estaba en los huesos.<\/p>\n\n\n\n<p>Nos quedamos mir\u00e1ndolo un instante, mientras sus ojos desorbitados iban de aqu\u00ed para all\u00e1 nerviosamente buscando una salida por donde seguir su carrera. El sudor le escurr\u00eda por la cara, respiraba agitadamente haciendo subir y bajar una rosa tatuada en su pecho del lado del coraz\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Mi abuela se plant\u00f3 delante de m\u00ed para protegerme, Virginia se aferr\u00f3 al tabl\u00f3n de madera con las dos manos. Lobo, nuestro pastor alem\u00e1n, se hab\u00eda acercado gru\u00f1endo y mostrando los colmillos al desconocido.<\/p>\n\n\n\n<p>Los gritos y voces cada vez se escuchaban m\u00e1s cerca.<\/p>\n\n\n\n<p>Mi abuela con un adem\u00e1n detuvo a Lobo, dando un paso cauteloso hacia el muchacho.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Acabo de escaparme de la c\u00e1rcel, mi Madre est\u00e1 muy grave, va a morir, solo quiero verla \u2014balbuce\u00f3 el joven sosteniendo la mirada inquisitiva de mi abuela.<\/p>\n\n\n\n<p>Las voces estaban justo del otro lado de la barda. Ella vacil\u00f3 un instante, cruz\u00f3 una mirada con Virginia y de un r\u00e1pido movimiento entre las dos vaciaron los canastos de ropa. Con una se\u00f1a le indic\u00f3 que se sentara en el piso y lo cubri\u00f3 con uno de los canastos. Me vi levantada en vilo y sentada encima.<\/p>\n\n\n\n<p>Virginia acudi\u00f3 a abrir la puerta estremecida por el llamado de fuertes golpes; de paso tom\u00f3 a Lobo de la correa y lo llev\u00f3 con ella.<\/p>\n\n\n\n<p>Mi abuela desat\u00f3 mis trenzas y con toda calma se puso a hurgar en mi cabeza buscando bichos imaginarios.<\/p>\n\n\n\n<p>Entraron al patio dos polic\u00edas exhaustos, \u2014se\u00f1ora, buscamos a uno que se acaba de fugar \u2014dijo el uniformado que parec\u00eda el jefe quit\u00e1ndose la gorra y sec\u00e1ndose el sudor de la frente con el dorso de la mano.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014S\u00ed \u2014dijo mi abuela con voz tranquila \u2014vimos pasar a un hombre corriendo y brincando bardas, se fue hacia el r\u00edo, rumbo al sur. \u2014\u00bfEst\u00e1 segura? \u2014pregunt\u00f3 el polic\u00eda \u2014tan segura como le estoy viendo a usted \u2014dijo sosteni\u00e9ndole la mirada, m\u00e1s vale que se apuren, si no, ya no lo alcanzan.<\/p>\n\n\n\n<p>Tranquilamente trenz\u00f3 de nuevo mi cabello, despacio me baj\u00f3 del canasto y finalmente descubri\u00f3 al joven que no se atrev\u00eda ni a respirar.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Anda, vete a ver a tu madre. Ya escuchaste, ellos se fueron hacia el sur.<\/p>\n\n\n\n<p>Antes de retomar su huida un \u00faltimo grito de mi abuela lo hizo volver la cabeza \u2014oye, ll\u00e9vate esto \u2014lanz\u00f3 una de las camisas blancas que hizo un giro en el aire y el joven la tom\u00f3 con la mano izquierda, esboz\u00f3 una t\u00edmida sonrisa de dientes disparejos y se despidi\u00f3 con un \u2014\u00a1Gracias jefita, la Virgen se lo pague!<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por Cuqui V\u00e1squez ::: Reproduce este texto un cuento del libro digital &#8220;A decir verdad&#8221;, publicado por la Secretar\u00eda de Cultura de Coahuila.&hellip;<\/p>\n","protected":false},"author":3,"featured_media":20125,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_feature_clip_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":"","jetpack_post_was_ever_published":false},"categories":[154,209],"tags":[],"coauthors":[312],"class_list":["post-20118","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-cuento","category-revista"],"jetpack_featured_media_url":"https:\/\/letrasenlafrontera.org\/wp-content\/uploads\/2025\/08\/copilot_image_1756337731171-e1756338129965.png","jetpack_sharing_enabled":true,"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/letrasenlafrontera.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/20118","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/letrasenlafrontera.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/letrasenlafrontera.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/letrasenlafrontera.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/users\/3"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/letrasenlafrontera.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=20118"}],"version-history":[{"count":9,"href":"https:\/\/letrasenlafrontera.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/20118\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":20251,"href":"https:\/\/letrasenlafrontera.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/20118\/revisions\/20251"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/letrasenlafrontera.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media\/20125"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/letrasenlafrontera.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=20118"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/letrasenlafrontera.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=20118"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/letrasenlafrontera.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=20118"},{"taxonomy":"author","embeddable":true,"href":"https:\/\/letrasenlafrontera.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/coauthors?post=20118"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}