{"id":19855,"date":"2025-08-06T13:21:20","date_gmt":"2025-08-06T13:21:20","guid":{"rendered":"https:\/\/letrasenlafrontera.org\/?p=19855"},"modified":"2025-08-06T14:48:15","modified_gmt":"2025-08-06T14:48:15","slug":"un-elogio-a-la-descripcion","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/letrasenlafrontera.org\/index.php\/2025\/08\/06\/un-elogio-a-la-descripcion\/","title":{"rendered":"Un elogio a la descripci\u00f3n"},"content":{"rendered":"\n<p>Por Rebecca Bowman<\/p>\n\n\n\n<p>Hace a\u00f1os aprend\u00ed el concepto del<em> lector ed\u00edpico<\/em>, el que se brinca los pasajes descriptivos de una novela para saber r\u00e1pidamente qu\u00e9 sucede; o los lee, pero sin mucha concentraci\u00f3n, sin darse cuenta de que cada hilo en un tejido literario tiene importancia. Algunos maestros de la descripci\u00f3n de la naturaleza incluyen a P\u00e9rez Gald\u00f3s, a Emilia Pardo Baz\u00e1n, a Gustavo B\u00e9cquer, a Valle Incl\u00e1n en espa\u00f1ol, a Thomas Hardy, John Galsworthy y otros, en ingl\u00e9s. Tantos, tantos hay, pues la capacidad de observar con detalle nuestro alrededor es una de las m\u00e1s importantes del artista.<\/p>\n\n\n\n<p>Veamos unos ejemplos de pasajes descriptivos memorables intentando no ser lectores ed\u00edpicos sino lectores atentos y pacientes:<\/p>\n\n\n\n<p>Como \u00e9ste de la novela <em>Lejos del mundanal ruido,<\/em> de Thomas Hardy:<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-left\"><em>Era uno de esos amaneceres lentos caracter\u00edsticos de esa \u00e9poca del a\u00f1o, y el cielo, violeta puro en su cenit, se ve\u00eda plomizo al norte y turbio al este, donde, sobre la hondonada cubierta de nieve o en los pastos de las ovejas de la Granja Alta de Weatherbury, y al parecer apoyado sobre el risco, la \u00fanica mitad del sol que a\u00fan resultaba visible ard\u00eda sin rayos como una hoguera roja y desprovista de llamas sobre la piedra blanca del hogar. El efecto en su conjunto se asemejaba m\u00e1s al crep\u00fasculo, tal como la ni\u00f1ez se asemeja a la vejez.<br><br>En otras direcciones, los campos y el cielo ten\u00edan el mismo color a causa de la nieve, de tal suerte que era dif\u00edcil determinar con una mirada apresurada d\u00f3nde se encontraba el horizonte; y hab\u00eda en general esa misma inversi\u00f3n sobrenatural antes mencionada de la luz y las sombras que altera la perspectiva cuando el estridente brillo natural del cielo se advierte sobre la tierra y las sombras de la tierra se reflejan en el cielo. Al oeste colgaba la luna in\u00fatil, apagada y te\u00f1ida de un color amarillo verdoso, como el lat\u00f3n bru\u00f1ido.<br><br> Boldwood advirti\u00f3 con indiferencia que el hielo hab\u00eda endurecido y satinado la superficie de la nieve, hasta hacerla brillar como el m\u00e1rmol pulido bajo la roja luz del este; que en algunas zonas de la ladera, la hierba marchita, encerrada entre car\u00e1mbanos, asomaba bajo el suave y p\u00e1lido manto retorci\u00e9ndose y entrelaz\u00e1ndose como el cristal de Venecia; y que las huellas de algunas aves que hab\u00edan correteado sobre la nieve mientras \u00e9sta ca\u00eda blanda como la lana, se hab\u00edan congelado para cobrar una breve permanencia.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-left\">O este pasaje del cuento &#8220;Una enemistad&#8221;, de John Galsworthy:<\/p>\n\n\n\n<p><em>\u00c9l sali\u00f3 en ese momento, bajo la luz del sol inclinada, para mirar algunos animales que ten\u00eda en el terreno \u00e1spero debajo de sus campos, y el perro lo sigui\u00f3. Entre los j\u00f3venes helechos y el brezo que a\u00fan no hab\u00eda florecido nuevamente, se sent\u00f3 en una piedra. La tarde era gloriosa m\u00e1s all\u00e1 de todas las palabras, ahora que el sol estaba bajo, y su glamour ten\u00eda movimiento, por as\u00ed decirlo, y vuelo a trav\u00e9s de los fresnos, el espino y el helecho. Un espino cercano a \u00e9l a\u00fan estaba maravillosamente en delicada flor, con un dulce y pesado aroma; en el seto, las cabezas redondas de color crema del sa\u00faco brillaban, planas contra el aire brillante, mientras que los serbales en el barranco ya estaban pasando de la flor hacia las bayas marrones no redondeadas.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>Hab\u00eda toda la magia de la transici\u00f3n de estaci\u00f3n a estaci\u00f3n, incluso en el canto del cuc\u00fa, que vol\u00f3 como una flecha hacia un espino en el barranco rocoso, y comenz\u00f3 a llamar agudamente. Bowden cont\u00f3 sus animales y marc\u00f3 el fino brillo en sus pelajes rojos. Estaba somnoliento por su caliente d\u00eda del sidra que hab\u00eda bebido, y el zumbido de las moscas en el helecho. Inconscientemente disfrut\u00f3 de una profunda y sensual paz de calidez y belleza. Ned hab\u00eda dicho que no hab\u00eda verde all\u00e1 afuera. \u00a1Era inimaginable! \u00a1Sin verde\u2014sin el refugio de un conejo; sin una joven oruga enroscada de helecho; sin ning\u00fan \u00e1rbol verde para que un p\u00e1jaro posara! \u00a1Y Steer lo hab\u00eda enviado all\u00ed! A trav\u00e9s de su somnolencia, ese pensamiento vino batiendo sus alas negras. \u00a1Steer! \u00a1Quien no ten\u00eda un hijo por el que pelear, quien estaba ganando dinero a manos llenas! A Bowden le parec\u00eda que una fortuna maligna proteg\u00eda a ese chico taca\u00f1o, que ni siquiera pod\u00eda tomar su copa.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>Hab\u00eda peque\u00f1as flores azules, ver\u00f3nica y flor de leche, creciendo abundantemente en la hierba \u00e1spera alrededor; Bowden not\u00f3, quiz\u00e1s por primera vez, esos peque\u00f1os lujos florales de los que Steer hab\u00eda privado a su hijo al enviarlo a un lugar donde no crec\u00eda la hierba.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-left\">Admirables son estas l\u00edneas de <em>Los pazos de Ulloa<\/em>, de Emilia Pardo Baz\u00e1n:<\/p>\n\n\n\n<p><em>Antes de dar con el marqu\u00e9s, recorrieron el capell\u00e1n y su gu\u00eda casi toda la huerta. Aquella vasta extensi\u00f3n de terreno deb\u00eda de haber sido en otro tiempo cultivada con primor y engalanada con los adornos de la jardiner\u00eda sim\u00e9trica y geom\u00e9trica cuya moda nos vino de Francia. De todo lo cual apenas quedaban vestigios: las armas de la casa, trazadas con mirto en el suelo, eran ahora intrincado matorral de bojes, donde ni la vista m\u00e1s lince distinguir\u00eda rastro de los lobos, pinos, torres almenadas, roeles y otros emblemas que campeaban en el preclaro blas\u00f3n de los Ulloas: y sin embargo, persist\u00eda en la confusa masa no s\u00e9 qu\u00e9 aire de cosa plantada adrede y con arte. El borde de piedra del estanque estaba semiderruido, y las gruesas bolas de granito que lo guarnec\u00edan andaban rodando por la hierba, verdosas de musgo, esparcidas aqu\u00ed y acull\u00e1 como gigantescos proyectiles en alg\u00fan desierto campo de batalla. Obstruido por el limo, el estanque parec\u00eda charca fangosa, acrecentando el aspecto de descuido y abandono de la huerta, donde los que ayer fueron cenadores y bancos r\u00fasticos se hab\u00edan convertido en rincones poblados de maleza, y los tablares de hortaliza en sembrados de ma\u00edz, a cuya orilla, como tenaz reminiscencia del pasado, crec\u00edan libres, espinosos y alt\u00edsimos, algunos rosales de variedad selecta, que iban a besar con sus ramas m\u00e1s altas la copa del ciruelo o peral, que ten\u00edan enfrente. Por entre estos residuos de pasada grandeza andaba el \u00faltimo v\u00e1stago de los Ulloas, con las manos en los bolsillos, silbando distra\u00eddamente como quien no sabe qu\u00e9 hacer del tiempo\u2026<\/em><br><br>Leer este pasaje de <em>Alsino<\/em>, de Pedro Prado es como sumergirse en el oc\u00e9ano:<\/p>\n\n\n\n<p><em>Cuando estuve encima de las playas comenc\u00e9 a bajar, intern\u00e1ndome sobre las rompientes. Llegaba hasta mis labios el roc\u00edo de los enormes tumbos de la mar boba, al chocar contra las rocas. Gustando su frescura salina, como si bebiese el m\u00e1s poderoso de los licores, ca\u00ed en uno de esos mis antiguos arrebatos de alegr\u00eda desbordada. Durante ellos no cab\u00eda dentro de m\u00ed mismo, y, por eso, en el aire, danzaba fren\u00e9tico como si quisiese dar libertad a mis alas, a mis brazos y mis piernas que bailaban enloquecidos. Descendiendo, cada vez m\u00e1s, iba cerca de las rocas, volaba rozando las aguas hirvientes: olas colosales que se ergu\u00edan abrumadoras como monta\u00f1as. \u00a1Ah! \u00a1Cu\u00e1n feliz era al retozar entre la chisper\u00eda tornasolada de los tumbos despedazados! Mis alas h\u00famedas resplandec\u00edan al sol.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>Al divisar el nacimiento de una nueva ola soberbia, y ver que por el agua de su cumbre, de una indecible claridad verdosa, cada vez m\u00e1s trasparente, izaba el rel\u00e1mpago de un pez, me vino el mismo deseo incontenible de los piqueros cuando se dejan caer en el mar. Sin atender al peligro, cerr\u00e9 mis alas y veloz, como una flecha, me hund\u00ed profundamente en el agua, logrando aprisionar entre mis manos al pececillo.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-left\">De la novela <em>La guerra y la paz<\/em>, de Le\u00f3n Tolstoy es este ejemplo primoroso de la iron\u00eda po\u00e9tica:<\/p>\n\n\n\n<p><em>El perrito gris de las patas torcidas corr\u00eda por la cuneta del camino y a veces levantaba una de las patas traseras y avanzaba sobre las tres restantes, como si quisiera demostrar su habilidad y su alegr\u00eda, o se paraba para ladrarle a un cuervo posado sobre un cad\u00e1ver. El animal estaba m\u00e1s limpio y m\u00e1s alegre que en Mosc\u00fa. Por todas partes se ve\u00edan carro\u00f1as de hombres y caballos, en diversos grados de descomposici\u00f3n. Los hombres imped\u00edan con su presencia que se acercasen lobos y el perrito pod\u00eda comer a sus anchas.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>Durante todo el d\u00eda estuvo lloviendo. De vez en cuando se aclaraba el cielo y parec\u00eda que iba a cesar la lluvia y a salir el sol, pero, tras un breve intervalo, volv\u00eda a llover. La carretera, cubierta de agua, ya no pod\u00eda absorber m\u00e1s, y por todas partes corr\u00edan arroyuelos que iban a alimentar los charcos.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>Pedro avanzaba mirando de soslayo y contando sus pasos de tres en tres con ayuda de los dedos. En su fuero interno dec\u00eda, dirigi\u00e9ndose a la lluvia: &lt; &lt;\u00a1M\u00e1s, m\u00e1s, todav\u00eda m\u00e1s!&gt;&gt;<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-left\">Veamos un fragmento del cuento &#8220;Los ojos verdes&#8221;, de Gustavo Adolfo B\u00e9cquer:<\/p>\n\n\n\n<p><em>T\u00fa no conoces aquel sitio. Mira: la fuente brota escondida en el seno de una pe\u00f1a, y cae, resbal\u00e1ndose gota a gota, por entre las verdes y flotantes hojas de las plantas que crecen al borde de su cuna. Aquellas gotas, que al desprenderse brillan como puntos de oro y suenan como las notas de un instrumento, se re\u00fanen entre los c\u00e9spedes y, susurrando, susurrando, con un ruido semejante al de las abejas que zumban en torno a las flores, se alejan por entre las arenas y forman un cauce, y luchan con los obst\u00e1culos que se oponen a su camino, y se repliegan sobre s\u00ed mismas, saltan, y huyen, y corren, unas veces, con risas; otras, con suspiros, hasta caer en un lago. En el lago caen con un rumor indescriptible. Lamentos, palabras, nombres, cantares, yo no s\u00e9 lo que he o\u00eddo en aquel rumor cuando me he sentado solo y febril sobre el pe\u00f1asco a cuyos pies saltan las aguas de la fuente misteriosa, Para estancarse en una balsa profunda cuya inm\u00f3vil superficie apenas riza el viento de la tarde.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-left\"><em>Todo all\u00ed es grande. La soledad, con sus mil rumores desconocidos, vive en aquellos lugares y embriaga el esp\u00edritu en su inefable melancol\u00eda. En las plateadas hojas de los \u00e1lamos, en los huecos de las pe\u00f1as, en las ondas del agua, parece que nos hablan los invisibles esp\u00edritus de la Naturaleza, que reconocen un hermano en el inmortal esp\u00edritu del hombre.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-left\">Finalmente incluyo, un pasaje del cuento &#8220;Los muertos&#8221;, una descripci\u00f3n del autor irland\u00e9s James Joyce que tambi\u00e9n sirve de met\u00e1fora:<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-left\"><em>Leves toques en el vidrio lo hicieron volverse hacia la ven\u00adtana. De nuevo nevaba. So\u00f1oliento vio c\u00f3mo los copos, de plata y de sombras, ca\u00edan oblicuos hacia las luces. Hab\u00eda lle\u00adgado la hora de variar su rumbo al poniente. S\u00ed, los diarios estaban en lo cierto: nevaba en toda Irlanda. Ca\u00eda nieve en cada zona de la oscura planicie central y en las colinas calvas, ca\u00eda suave sobre el m\u00e9gano de Allen y, m\u00e1s al oeste, suave ca\u00eda sobre las sombr\u00edas, sediciosas aguas de Shannon. Ca\u00eda, as\u00ed, en todo el desolado cementerio de la loma donde yac\u00eda Michael Furey, muerto. Reposaba, espesa, al azar, sobre una cruz cor\u00adva y sobre una losa, sobre las lanzas de la cancela y sobre las espinas yermas. Su alma ca\u00eda lenta en la duermevela al o\u00edr caer la nieve leve sobre el universo y caer leve la nieve, como el descenso de su \u00faltimo ocaso, sobre todos los vivos y sobre los muertos.<\/em>&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-left\">Notar\u00e1n que varios de estos pasajes incluyen elementos de agua y de vegetaci\u00f3n y sin embargo son muy diferentes. Una cosa que hay que entender es que una narraci\u00f3n \u201crealista\u201d no retrata el mundo en s\u00ed sino un mundo inventado. El mundo de Faulkner no es el de Updike, el de Dos Passos no es el de Wharton. Todo contexto ficcional es una ficci\u00f3n, no importa si es ficci\u00f3n especulativa, de fantas\u00eda, o algo que intente ser sumamente veros\u00edmil. No es una mera descripci\u00f3n, sino que refleja todo un punto de vista, una manera de percibir el mundo. Las descripciones nos sit\u00faan en un lugar y en un tiempo, pero tambi\u00e9n dan el tono de una novela, indican la distancia entre narrador y lector, o entre el narrador y su mundo, reflejan un registro ling\u00fc\u00edstico y un l\u00e9xico que muchas veces nos hace comprender aspectos de clase, de etnia, de tiempo hist\u00f3rico. Sentimos un mundo interior diferente seg\u00fan el pasaje descriptivo. Aunque las dos autoras eran hermanas y viv\u00edan juntas, el p\u00e1ramo de <em>Cumbres borrascosas<\/em> no es el mismo de <em>Jane Eyre<\/em>. Adem\u00e1s, as\u00ed como no se puede separar el signo del significado, la forma del fondo, no se puede distinguir por completo entre la descripci\u00f3n y el avance de un argumento. La descripci\u00f3n hace m\u00e1s lento el ritmo de los sucesos en general pero tambi\u00e9n es una serie de sucesos, de im\u00e1genes que entran una por una a la imaginaci\u00f3n del lector. \u00bfQu\u00e9 ser\u00eda <em>Moby Dick<\/em> sin esos cap\u00edtulos de conocimiento enciclop\u00e9dico, o <em>La vor\u00e1gine<\/em> sin la presencia de la selva?<\/p>\n\n\n\n<p><em>La laguneta de aguas amarillosas estaba cubierta de hojarascas. Por entre ellas nadaban unas tortuguillas llamadas gal\u00e1pagos, asomando la cabeza, rojiza; y aqu\u00ed y all\u00ed los caimanejos nombrados cachirres exhib\u00edan sobre la nata del pozo los ojos sin p\u00e1rpados. Garzas meditabundas, sostenidas en un pie, con picotazo repentino arrugaban la charca trist\u00edsima, cuyas evaporaciones mal\u00e9ficas flotaban bajo los \u00e1rboles como velo mortuorio. Partiendo una rama, me inclin\u00e9 para barrer con ella las vegetaciones acu\u00e1tiles, pero don Rafo me detuvo, r\u00e1pido como el grito de Alicia. Hab\u00eda emergido bostezando para atraparme una serpiente \u201cgu\u00edo\u201d, corpulenta como una viga, que a mis tiros de rev\u00f3lver se hundi\u00f3 removiendo el pantano y rebas\u00e1ndolo en las orillas.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-left\">Hoy en d\u00eda debido a que se siente la cada vez menor capacidad de enfocarse del lector se tiende a no incluir tanta descripci\u00f3n, pero creo que eso es un error. Si nosotros no llamamos la atenci\u00f3n a lo que es la naturaleza, a lo que poco a poco se nos est\u00e1 desapareciendo, si no captamos en este momento el roble, el cardo, el flujo de un r\u00edo, el leve vuelo de una lib\u00e9lula, entonces estos elementos desaparecer\u00e1n no solamente del planeta sino tambi\u00e9n de nuestra memoria. La ecofilia es una virtud apreciable y necesaria, y si nosotros no intentamos instalarla en nuestros vecinos menos podemos esperar que cuiden la naturaleza. Nabokov, grand\u00edsimo escritor, pinta en <em>Habla, memoria<\/em> su infancia en la que pas\u00f3 much\u00edsimo tiempo en Europa Central cazando mariposas. Su habilidad de compartir con nosotros el pasmo, el asombro y la apreciaci\u00f3n que \u00e9l ten\u00eda respecto a la naturaleza es enorme.\u00a0 Ojal\u00e1 hagamos el intento de imitarlo. \u00a0Se me ocurre que muchos textos que cito aqu\u00ed se escribieron durante el tiempo de la Revoluci\u00f3n Industrial cuando la contaminaci\u00f3n de las f\u00e1bricas comenzaba a dejar estragos en la naturaleza. Quiz\u00e1 estos mismos autores ya tem\u00edan su desaparici\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Un punto final: los m\u00faltiples mundos naturales, cada uno distinto, de estos autores nos dan la capacidad y el permiso de tambi\u00e9n inventar el nuestro. Que no tengamos miedo, como escritores, del lector ed\u00edpico, que no eliminemos las descripciones que sean necesarias en nuestros escritos por el temor de aburrir. Registremos con bravura la flora y la fauna que nos rodean, al menos eso les debemos.<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image size-large is-resized\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"700\" height=\"524\" src=\"https:\/\/letrasenlafrontera.org\/wp-content\/uploads\/2025\/08\/Descripcion-6-700x524.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-19947\" style=\"width:400px\"\/><\/figure>\n\n\n\n<p><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por Rebecca Bowman Hace a\u00f1os aprend\u00ed el concepto del lector ed\u00edpico, el que se brinca los pasajes descriptivos de una novela para saber&hellip;<\/p>\n","protected":false},"author":3,"featured_media":19951,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[310,248,209],"tags":[],"coauthors":[312],"class_list":["post-19855","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-columna-la-terraza","category-ensayo","category-revista"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/letrasenlafrontera.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/19855","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/letrasenlafrontera.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/letrasenlafrontera.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/letrasenlafrontera.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/users\/3"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/letrasenlafrontera.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=19855"}],"version-history":[{"count":39,"href":"https:\/\/letrasenlafrontera.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/19855\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":19966,"href":"https:\/\/letrasenlafrontera.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/19855\/revisions\/19966"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/letrasenlafrontera.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media\/19951"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/letrasenlafrontera.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=19855"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/letrasenlafrontera.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=19855"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/letrasenlafrontera.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=19855"},{"taxonomy":"author","embeddable":true,"href":"https:\/\/letrasenlafrontera.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/coauthors?post=19855"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}