{"id":19352,"date":"2025-03-11T18:59:31","date_gmt":"2025-03-11T18:59:31","guid":{"rendered":"https:\/\/letrasenlafrontera.org\/?p=19352"},"modified":"2025-03-11T19:11:15","modified_gmt":"2025-03-11T19:11:15","slug":"un-encuentro-casual","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/letrasenlafrontera.org\/index.php\/2025\/03\/11\/un-encuentro-casual\/","title":{"rendered":"Un encuentro casual"},"content":{"rendered":"\n<p>Por Bertha Jacobson<\/p>\n\n\n\n<p>Maldices el momento en que decidiste ducharte. No hab\u00eda fila en las regaderas p\u00fablicas y dejaste el carrito de supermercado con todas tus pertenencias al lado de una banca en el parque. Buscas a tu alrededor, pero no ves nada. \u00bfC\u00f3mo se te ocurri\u00f3 disfrutar del agua caliente? Lo \u00fanico que te queda es esa toalla morada alrededor del cuello, unos pantalones cortos de mezclilla con agujeros en los muslos, tus chancletas negras y la loci\u00f3n que ganaste en una rifa del albergue el cuatro de julio. No es la primera vez que tienes que empezar de cero, pero \u00a1qu\u00e9 mierda! Pensaste que tu suerte iba a cambiar. El carrito te permit\u00eda mover tus cosas sin tener que cargarlas. Se llevaron todo: tus tres mudas de ropa, una colcha, la tienda de campa\u00f1a naranja para pernoctar en el parque y una bolsa de pl\u00e1stico llena de latas y botellas reciclables. Al venderlas podr\u00edas darte el gusto de comprar alg\u00fan antojo, un toque, un refresco, quiz\u00e1 hasta una cena de brisket asado en Rudy\u2019s, tu restaurant favorito.<\/p>\n\n\n\n<p>Con el torso desnudo, caminas a lo largo del empedrado hacia el r\u00edo. No sabes qu\u00e9 d\u00eda es, pero son pocos los caminantes y ciclistas que circulan por las veredas. Tu melena larga gotea sobre la toalla. El sol matinal acaricia tu espalda. La clav\u00edcula, el estern\u00f3n, las costillas y la espina dorsal sobresalen a trav\u00e9s de tu piel oscura llena de tatuajes y curtida por a\u00f1os de vivir a la intemperie.&nbsp; Coincides a la perfecci\u00f3n con el estereotipo de vagabundo que forjaste en tu mente hace a\u00f1os, cuando distabas de imaginar que ser\u00edas uno de ellos.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfQui\u00e9n lo hubiera dicho de ti? Siempre sobresaliste en lo acad\u00e9mico. Por lo menos hasta tu primer a\u00f1o de universidad. Ahora ya no recuerdas si recurriste a las drogas para mitigar la depresi\u00f3n, o te deprimiste por el uso de drogas. Qu\u00e9 m\u00e1s da. Abandonaste la escuela, te distanciaste de tu familia, perdiste a los amigos y ca\u00edste en un c\u00edrculo vicioso de tratamientos, encierros y reca\u00eddas.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Por una temporada te empe\u00f1aste en ser m\u00fasico ambulante y con un disfraz rid\u00edculo recorriste las calles m\u00e1s c\u00e9ntricas de la ciudad. Parec\u00edas gustarle al p\u00fablico, pero el im\u00e1n de la droga te desvi\u00f3 y empe\u00f1aste tu guitarra. Nunca pudiste recuperarla.<\/p>\n\n\n\n<p>Este parque de la ciudad de Austin se ha convertido en tu hogar. Te ayudas con un palo al remover los basureros en busca de material reciclable para vender. A menudo encuentras all\u00ed tu comida del d\u00eda, ya sea el resto de un s\u00e1ndwich o una hamburguesa.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Dentro de tu situaci\u00f3n desesperante puedes decir con orgullo que nunca has mendigado ni robado nada. Recoges las sobras, eso s\u00ed, pero no es lo mismo que humillarte al pedir a otros lo que no puedes costearte por ti mismo. Con frecuencia recurres al cambalache y te ha funcionado bien. Ahora sin embargo, te has quedado sin nada, salvo una botella de loci\u00f3n a medias.<\/p>\n\n\n\n<p>Al llegar al \u00e1rea de picnic, reconoces al \u201cescritor fracasado\u201d. As\u00ed bautizaste al hombre calvo que viene por aqu\u00ed tres veces por semana con su computadora port\u00e1til, su caf\u00e9 de Starbucks y su tel\u00e9fono m\u00f3vil. En lugar de escribir, consume el tiempo en llamadas quej\u00e1ndose de su bloqueo mental. Tiene semanas de venir por el parque y todav\u00eda no lo has visto escribir nada.<\/p>\n\n\n\n<p>Un grupo de j\u00f3venes de edad universitaria llega a comer su almuerzo y se sienta a dos mesas del escritor. Todos visten una camiseta color mostaza estampada con la figura de una abeja y el texto \u201cSalve a las abejas, son nuestro futuro\u201d.&nbsp; Tres chicos y dos chicas que bromean, r\u00eden a carcajadas, comparten el almuerzo y hasta cantan en coro. Dos de ellos brincan y hacen piruetas: rodadas de carro, maromas hacia atr\u00e1s y apoy\u00e1ndose sobre sus manos, caminan con las piernas en alto, como cirqueros.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Cautivan tu atenci\u00f3n; no gustas de escuchar conversaciones ajenas, pero la camarader\u00eda y el entusiasmo de los amigos te embelesa, no as\u00ed al \u201cescritor fracasado\u201d, quien molesto por el ruido, recoge sus cosas y se marcha balbuceando maldiciones.<\/p>\n\n\n\n<p>En la prisa por irse, el hombre deja su cigarro reci\u00e9n encendido sobre la mesa. Te apresuras a recogerlo e inhalas con gusto. Cierras los ojos, quiz\u00e1 tu suerte empiece a cambiar.<\/p>\n\n\n\n<p>Uno de los j\u00f3venes saca un <em>six-pack<\/em> de Dr. Pepper. Es tu refresco favorito y hace mucho que no te alcanza para comprarte uno. Te aproximas al grupo. La lata de Dr. Pepper es mucho m\u00e1s atractiva de cerca. Sabes que est\u00e1 fr\u00eda porque brilla contra el sol y se ve h\u00fameda.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Hey amigos, \u00bfme cambian esa lata de refresco por esto? \u2014levantas el frasco de loci\u00f3n por encima de tu cabeza, como si fuera un trofeo.<\/p>\n\n\n\n<p>Los muchachos te miran y sonr\u00eden. La chica maromera se acerca a la mesa y te entrega la lata.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Es tuya. Somos cinco y hay una extra.<\/p>\n\n\n\n<p>Pones la loci\u00f3n sobre la mesa de picnic, pero nadie la toma.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00bfHacemos cambalache? Estoy en un mal momento, pero no quiero abusar de su confianza \u2014insistes. Al abrir el refresco. escuchas el gas subir a la superficie. Tus labios sobre la lata reciben el l\u00edquido con emoci\u00f3n. Un sorbito apenas, te la tomar\u00e1s poco a poco para que te dure el gusto.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Si\u00e9ntate \u2014te invita uno de ellos.<\/p>\n\n\n\n<p>Aceptas y te unes al grupo. La muchacha y su compa\u00f1ero contin\u00faan con las piruetas. La camiseta de ella es demasiado grande y la lleva anudada a la cintura. Los otros j\u00f3venes te hacen preguntas. Quieren saber de ti. \u00a1Qu\u00e9 extra\u00f1o! Por lo general la gente te evita.<\/p>\n\n\n\n<p>Bajas la guardia. Te sientes c\u00f3modo entre ellos y cuentas parte de tu historia. La chica deja de brincar y regresa al grupo. Te escucha con atenci\u00f3n mientras descansa las manos sobre la mesa.<\/p>\n\n\n\n<p>Terminas tu cigarro y uno de los chicos te ofrece otro, esta vez de marihuana. \u00a1Qu\u00e9 suerte tienes! Te relajas. Aspiras con gusto para luego contarles que te han robado todo y sin pensarlo mucho, la misma joven que te dio el refresco, se despoja de la camiseta gigante. Por debajo lleva una blusa de cuadros verdes y azules.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Te la regalo.<\/p>\n\n\n\n<p>Te pones la prenda todav\u00eda c\u00e1lida por el contacto de su piel y percibes un aroma floral.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Gracias \u2014musitas emocionado y le ofreces de nuevo tu sonrisa desdentada y chueca, arruinada por la nicotina y las drogas.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Les cuentas de los a\u00f1os que llevas en la calle, que ya no recuerdas lo que es tener una vida estable, un techo para pasar la noche, o la certeza de tres comidas diarias.&nbsp; Eso no es lo m\u00e1s dif\u00edcil, les dices. A eso te has acostumbrado. Lo dif\u00edcil es perder la dignidad. Ver el desprecio en el rostro de los otros: los que cruzan la calle para evitarte, y los que fingen no verte, ni o\u00edrte cuando los abordas. Te has sincerado con este grupo de desconocidos y se te forma un nudo en la garganta.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00a1Al carajo con todo! \u2014murmuras al sentir una l\u00e1grima que baja por tu rostro.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00bfMe dejar\u00edas darte un abrazo? \u2014pregunta la joven, la misma que te dio la camiseta.<\/p>\n\n\n\n<p>Levantas la mirada y ves un rostro di\u00e1fano, desprovisto de toda maldad. No puedes responder porque tu voz se quiebra. Asientes con la cabeza y giras el cuerpo alrededor de la banca. Ella se acerca y coloca sus manos por encima de tus hombros, alrededor de tu cuello. Tu primera reacci\u00f3n es retraerte, rechazar el gesto amable. Hace mucho que no tienes contacto personal con otro ser humano. Te cuesta trabajo, pero extiendes tus brazos y los doblas alrededor de su cintura.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<p>El abrazo incondicional abre un dique de emociones reprimidas durante los a\u00f1os que has vagado sin destino. Te aferras a esta cercan\u00eda sorprendido por tus sollozos y el temblor incontrolable de tu cuerpo. Y as\u00ed, el llanto que te ataca en forma cruel y descarada, a pesar de escaldar tus entra\u00f1as, te regala un momento de felicidad ef\u00edmera.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por Bertha Jacobson Maldices el momento en que decidiste ducharte. 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