{"id":19224,"date":"2025-01-14T18:17:45","date_gmt":"2025-01-14T18:17:45","guid":{"rendered":"https:\/\/letrasenlafrontera.org\/?p=19224"},"modified":"2025-07-25T20:05:59","modified_gmt":"2025-07-25T20:05:59","slug":"manuel","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/letrasenlafrontera.org\/index.php\/2025\/01\/14\/manuel\/","title":{"rendered":"Manuel"},"content":{"rendered":"\n<p>Por: Arturo Castillo Alva<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-right\">Para Manuel Alba Vera<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-right\">                                                                  Y la gente, siempre jodi\u00e9ndose unos a otros                                                                                                    Y todos, todos los cad\u00e1veres amontonados\u2026                                                                                              Lou Reed and The Velvet Underground<\/p>\n\n\n\n<div class=\"wp-block-group is-vertical is-layout-flex wp-container-core-group-is-layout-8cf370e7 wp-block-group-is-layout-flex\">\n<p><em><strong>i<\/strong><\/em><br>Nos matar\u00edamos al cumplir treinta a\u00f1os <br>Arrancar\u00edamos nuestras sombras de los muros de sal <br>romper\u00edamos nuestros nombres como quebrar jarrones <br>caminar\u00edamos sobre nuestras madres llorosas <br>como sobre vidrios brillando al sol. S\u00ed, crujidos <br>Nos matar\u00edamos antes que cumplir treinta a\u00f1os <\/p>\n\n\n\n<p><strong><em>ii<\/em><\/strong><br>Con sudor y sangre hicimos juramento<br>Nos matar\u00edamos sin cumplir treinta a\u00f1os. No.<br>No ser\u00edamos adultos. Nunca ciudadanos\u00a0<br>de un pa\u00eds sin sue\u00f1os. Y con hambre.<br>Nunca adultos de ocho horas de trabajo<br>de hijos que pelean, de infelices mujeres<br>de facturas sin pago, doloridas camas<br>cantinas sin respiro, <em>noamadas<\/em> amantes<br>meses sin lluvia, a\u00f1os sin viento<br>sill\u00f3n de pata rota, ratones en la trampa<br>enyerbados jardines, domingo en camiseta<br>con cerveza en la mano de cara al enorme televisor<\/p>\n\n\n\n<p><strong><em>iii<\/em><\/strong><br>Manuel alba vera, primo, primazo como t\u00fa lo dec\u00edas<br>Hijo de Pascual y Patro que divorciaron pronto<br>en los llanos del golfo. Nos ve\u00edamos de ni\u00f1os<br>marcados como extra\u00f1os por capricho de adultos<br>\u00bfQu\u00e9 sab\u00edamos nosotros?<br>Supimos, sin embargo, mirarnos como ni\u00f1os<br>en un parque futuro que nunca imaginamos<br>y que, sin embargo, nos perteneci\u00f3<br>a ratos perdidos<br><strong><em>iv<\/em><\/strong><br>Al final de la vida muchas noches te sue\u00f1o<br>siempre tu calma voz, siempre tus grandes ojos<br>esa generosidad que siempre te aliment\u00f3, agridulce<br>con bocados, peque\u00f1os, de esperanza<br>Cuando en la ma\u00f1ana despierto muy temprano<br>-esto me pasa ahora-<br>me pesas en los huesos, en los pasos torpes de la vejez<br>Pero acompa\u00f1as luego mi primer cigarrillo con caf\u00e9<br>y permaneces un rato en el sabor del humo y la bebida<br>aunque sea con silencio. Te moriste tan lejos.<\/p>\n\n\n\n<p><strong><em>v<\/em><\/strong><br>T\u00fa dejaste de fumar temprano, no s\u00e9<br>que imb\u00e9cil doctor te lo aconsejar\u00eda. Yo contin\u00fao<br>Aspiro y pienso. Miro la azulosa estela<br>permanezco en ella hasta desvanecerse&nbsp;<br>Te moriste tan cerca<br><strong><em>vi<\/em><\/strong><br>Reci\u00e9n saliste de prisi\u00f3n te invitamos a comer a casa<br>Expectantes te recibimos Gloria y yo<br>Parec\u00edas el mismo de siempre pero tu pelo era blanco<br>mientras afuera, desde el cuarto piso, ondulaban los verdes\u2026<br>Yo no sab\u00eda qu\u00e9 decir porque sab\u00eda, t\u00fa lo sab\u00edas tambi\u00e9n<br>Te abandon\u00e9. Te abandonamos. Tal vez&nbsp;<br>Pero nunca nos abandonamos a nuestra suerte<br>Nuestro albedr\u00edo, casa de nuestra desesperaci\u00f3n<br>A\u00f1os, un soterrado sentimiento de verg\u00fcenza<br>priv\u00f3 en mis actos<br>Cu\u00e1ntas palabras no eran necesarias&nbsp;<br>para tu gesto sencillo, y lo dijiste luego:<br>Cada quien tuvo que hacer lo suyo. Est\u00e1 bien as\u00ed<br><strong><em>vii<\/em><\/strong><br>A veces, sin embargo, no estoy seguro de haber hecho mi parte&nbsp;<br>(He sido un escritor mediocre y sin fama que nunca<br>goz\u00f3 ni de mi convicci\u00f3n)<br>y se me caen historias de la mano<br>una copa tambi\u00e9n. No los temblores<br>de la piel m\u00e1s profunda<br>Con mi hija peque\u00f1a escarbo en la arena de la amarga playa&nbsp;<br>Hay una foto<br>T\u00fa estabas huyendo en alg\u00fan sitio<br><strong><em>viii<\/em><\/strong><br>Estoy aqu\u00ed sentado a medianoche, escucho pasos<br>porque siempre hay pasos en las noches de los viejos<br>Todav\u00eda, muy de vez en cuando, visito la playa<br>ese falso escenario de nuestra generaci\u00f3n<br>Siempre tuve la certeza de que ser\u00edamos<br>lo que \u00e9ramos. Ten\u00edamos un pa\u00eds enfrente<br>Un mar envenenado. Un mundo envenenado<br>Un ant\u00eddoto ingenuo, s\u00ed, pero guardado con celo<br>en bolsillo de obrero y sin probar todav\u00eda<br>Siempre fuimos lo que ser\u00edamos<br>Y seremos por siempre lo que fuimos&nbsp;<br><strong><em>ix<\/em><\/strong><br>Est\u00e1s seguro conmigo, primo Manuel<br>No alcanzar\u00e1 el tiempo para el olvido<br>y m\u00e1s seguro est\u00e1s por eso<br>Estas en la p\u00e1gina de un libro que no ser\u00e1 le\u00eddo&nbsp;<br>Nadie nos reconoce ya en la calle, en buena hora<br>Y aqu\u00ed est\u00e1s, conmigo<br><br>Oc\u00faltate en mi dolor de siempre&nbsp;<br>como yo en nuestras risas de anta\u00f1o<br>Estoy seguro contigo. Siempre lo estuve<br><strong><em>x<\/em><\/strong><br>Y todos los cad\u00e1veres amontonados<br>Masacre, s\u00ed, masacre. Masacre cotidiana<br>Ni\u00f1as ardiendo desnudas por las carreteras<br>del fin de un mundo que no ten\u00eda fin<br>Carne asada al napalm del capitalismo un domingo<br>Masacre del Ch\u00e9 en Bolivia con los ojos<br>entreabiertos, y mir\u00e1ndonos. Moscas.<br>Millones muriendo de hambre. Moscas en los ojos<br>buitres en las azoteas, en las casas de lodo del progreso<br>Y todos los cad\u00e1veres amontonados<br>Masacre en la sierra de Guerrero<br>Masacre y el cad\u00e1ver de Ben Barka<br>nunca encontrado. Masacre de Lumumba<br>Roque Dalton, Jaramillo y Lucio y Genaro<br>El sacerdote aquel, Camilo Torres<br>Masacre de hombres nunca encontrados<br>en los basureros de las iluminadas ciudades<br>en la oscuridad de perdidas ca\u00f1adas en los montes<br>Luchas perdidas. Masacres. Obreros<br>arrojados al despe\u00f1adero de las calles oscuras<br>junto a perros sin nombre. Los innombrables<br>Masacre y pestilencia de los cad\u00e1veres amontonados<br>que nos cerraban el paso. Ah, primo<br>cu\u00e1nto nos hirieron sus gusanos insomnes<br>Masacres, masacres, masacres. Rojo intenso<br>sobre gris, Sangre. S\u00ed, sangre, al aire libre<br>espesando en lo fr\u00edo de las masacres. Co\u00e1gulos<br>Apilados cad\u00e1veres de campesinos desconocidos<br>Muchachas y muchachos lanzados vivos al mar<br>para alimentar la hoguera y tiburones<br>Todos muriendo lejos. Todos muriendo<br>a nuestro lado en camas sudorosas, s\u00e1banas sucias<br>donde cogimos quejumbrosos con nuestras ingenuas chicas<br>donde toda la madrugada gimieron de dolor los sue\u00f1os<br>E \u00edbamos a despertar a otra ma\u00f1ana, horadados y sin remedio<br>aunque nada hubi\u00e9ramos dormido<br><strong><em>xi<\/em><\/strong><br>hace seis o siete a\u00f1os llam\u00f3 tu hermano para pedirme<br>que fuera a cuidarte una noche al hospital. Ni siquiera sab\u00eda&nbsp;<br>que estabas en el puerto. Tantos a\u00f1os sin verte<br>No estabas tan grave como pens\u00e9, pero lo estabas<br>Eras. Charlamos mucho. El mismo. Re\u00edmos. De entonces<br>(Qu\u00e9 palabra tan larga \u2018entonces\u2019; qu\u00e9 palabra sin tiempo)<br>Dormimos de a ratos en el silencio espeso de los hospitales<br>afuera un jard\u00edn iluminado a medias aportaba otro silencio<br>te acerqu\u00e9 agua, vaci\u00e9 tu orinal dos veces<br>Ambos sobrepas\u00e1bamos los setenta<br>El doctor dijo: \u2018Ahora ni siquiera piense en otro implante.&nbsp;<br>Primero vamos a salir de esto\u2019<br>En la madrugada fui a fumar afuera<br>recorr\u00ed un largu\u00edsimo pasillo solitario franqueado&nbsp;<br>por puertas cerradas, como debe de ser&nbsp;<br>el camino de la muerte, el de la vida com\u00fan<br>Por un momento pens\u00e9 que no alcanzar\u00eda la salida<br>Tal vez debimos matarnos a los treinta a\u00f1os<br><strong><em>xii<\/em><\/strong><br>Malditas todas las mujeres que no te amaron, primo Manuel<br>las que se aprovecharon de tu bondad<br>de tu sentido de lo justo. Las que rieron<br>cuando lloraste, que te rasgaron el alma&nbsp;<br>con sus colmillos podridos<br>Malditas las mujeres que te dieron hijos imb\u00e9ciles<br>que te despreciaron. Hijos que sin piedad te despojaron<br>Malditas todas, malditos sus hijos, malditos siempre<br>y para siempre, los hijos de tus hijos y sus hijos<br>(S\u00e9 que te doler\u00eda si me escucharas, pero ya no<br>me escuchas, est\u00e1s muerto)<br>Malditas otra vez y siempre las mujeres que no supieron<br>que pasaste la vida pidiendo perd\u00f3n a las mujeres<br>y perdonando a todas las mujeres que te fueron robadas<\/p>\n\n\n\n<p>de la infancia<\/p>\n\n\n\n<p><strong><em>xiii<\/em><\/strong><br>S\u00f3lo te top\u00e9 una vez m\u00e1s: a\u00fan viv\u00eda tu madre. Te acompa\u00f1aba<br>Te apoyabas en muletas, sin un fragmento de cadera<br>y sin f\u00e9mur. Sonre\u00edste como siempre. Esto resta<br>de lo que fuimos. Pero fuimos. A pu\u00f1ados comimos el dolor<br>y bebimos la esperanza a gotas. Saludamos al sol cuando nac\u00eda<br>y maldecimos dioses y galaxias<br>No, no quer\u00edamos morir<br><strong><em>xiv<\/em><\/strong><br>Nunca pudimos ser lo que no \u00e9ramos<br>Aunque de a ratos lo intentamos. Ser como los otros<br>Aquel verano, s\u00ed, el otro invierno&nbsp;<br>cuando descubrimos que todo<br>se oxidaba y no paraba de llover<br>Y est\u00e1bamos empapados, temblorosos y muy lejos<br>y ten\u00edamos miedo del pasado y del futuro miedo<br>Pero no, nunca estuvimos dispuestos a ceder&nbsp;<br>(Aunque a lo mejor me miento y no quiero<br>reconocer que fui cobarde)<br><strong><em>xv<\/em><\/strong><br>Luego te marchaste otra vez hacia el sureste<br>Incompleto esqueleto, carne vieja, noches<br>huecas de sue\u00f1os donde los gritos retumbaban, sin embargo<br>de pared a pared, de un \u00e1rbol al otro, de olvido en olvido&nbsp;<br>y a un recuerdo vano, finalmente<br>Y tu hija te ech\u00f3 de la casa que le diste, del amor<br>que le diste. Te quit\u00f3 tu pensi\u00f3n, tu pan<br>te arranc\u00f3 tu mordida, tu saliva, tu lengua&nbsp;<br>y hasta tu vaso de agua&nbsp;<br>Te arrastraste por las banquetas pidiendo limosnas<br>bajo el inclemente sol del sur, tan lejos.&nbsp;<br>Alguien nos avis\u00f3 que te hab\u00edan levantado del arroyo<br><strong><em>xvi<\/em><\/strong><br>Ref\u00fagiate en m\u00ed, primo Manuel. En mi casa vulgar<br>casa sin hero\u00edsmo ni paredes fuertes, sin armas suficientes<br>iluminada al menos con in\u00fatiles palabras<br>que arden en la noche y se evaporan<br>Ref\u00fagiate en m\u00ed. Aqu\u00ed hay un sitio para tu dolor&nbsp;<br>para tu esperanza. Ref\u00fagiate y reposa<br>juntos, si se puede, esperemos en vela<br>el amanecer<br><strong><em>xvii<\/em><\/strong><br>Un d\u00eda cualquiera nos dijeron que hab\u00edas muerto<br>seis meses atr\u00e1s. Muerto. Estabas muerto. Eras nada<br>Para entonces tus gusanos naufragaban en la nada&nbsp;<br>que alguna vez fuera tu todo. Un agua turbia. Esto&nbsp;<br>y s\u00f3lo esto, pens\u00e9 cuando lo supe. Despu\u00e9s lo dije a Olivia<br>que una tarde te recibi\u00f3 en la casa<br>Se me vino a la cabeza el mar; cervezas fr\u00edas<br>pescado frito; ostras desperladas, pobr<em>esos<\/em>tras<br>La tarde que ca\u00eda a nuestras espaldas<br>el \u00faltimo verano. Y el primero<br>Luego llam\u00e9 a Gloria, a quien amaste, y se lo dije<br>Ah, s\u00ed, debimos haber muerto a los treinta a\u00f1os<br><strong><em>xviii<\/em><\/strong><br>Dioses del espejo roto, rogad por nosotros<br>Dioses de la sangre helada, rogad por nosotros<br>Dioses de los m\u00fasculos cansados, rogad por nosotros<br>Dioses de los labios rotos a fuerza de besos irrumpidos, rogad por nosotros<br>Dioses de los labios rotos a fuer de lo dicho y lo gritado, rogad por nosotros<br>Dioses del miedo que fue nuestro, rogad por nosotros<br>Dioses del miedo que nos impusieron, rogad por nosotros<br>Dioses de las pistolas encasquilladas, rogad por nosotros<br>Dioses de las noches enfurecidas, rogad por nosotros<br>Dioses de los pa\u00edses tristes, rogad por nosotros<br>Dioses de los que nunca conocieron dioses, rogad por nosotros<br>Dioses de los globos reventados en la fiesta, rogad por nosotros<br>Dioses de los rostros que ignoramos, rogad por nosotros<br>Dioses de todos los cad\u00e1veres amontonados, rogad por nosotros<br>Dioses de los chicos que se masturbaron en las esquinas, rogad por nosotros<br>Dioses de las lindas chicas que ofrecieron para\u00edsos, rogad por nosotros<br>Dioses que cogieron en la playa hasta sangrarse, rogad por nosotros<br>Dioses que bailaron, ebrios, hasta el amanecer, rogad por nosotros<br>Dioses que fallaron siempre por ser dioses, rogad por nosotros<br>Dioses de los camiones recolectores de basura del capitalismo, rogad por nosotros<br>Dioses de las tibias vaginas, los pezones mordidos, rogad por nosotros<br>Dioses que anidaron al menos un invierno en femenino pubis, rogad por nosotros<br>Dioses de los jardines rotos, el pasto quemado, rogad por nosotros<br>Dioses de los ojos de las muchachas que nos vieron, rogad por nosotros<br>Apedreados dioses de lo vano, de los botones ca\u00eddos, rogad por nosotros<br>Dioses de la tuerca oxidada y el herrumbre, rogad por nosotros<br>Dioses de los gatos muertos, rogad por nosotros<br>Dioses de los gatos que nunca volvieron, rogad por nosotros<br>Dioses que se perdieron en la noche gatuna sin maullido&nbsp;<br>sin colmillos, sin garras y sin furia, rogad por nosotros<br>Dioses de los templos arruinados donde mi abuela Chuy&nbsp;<br>deambulara sin consuelo, rogad por nosotros<br>Dioses de las escaleras rotas, los ascensores descompuestos, rogad por nosotros<br>Dioses de los gargajos espesos fuera de la escupidera, rogad por nosotros<br>Rid\u00edculos dioses que no pudieron con nosotros cuando fuimos dioses<br>Dioses que murieron uno a uno en los arrabales del viento&nbsp;<br>desojados dioses, deslenguados dioses; mudos, ciegos, in\u00fatiles dioses<br>Tened piedad y misericordia de nosotros<\/p>\n\n\n\n<p><strong><em>xix<\/em><\/strong><br>Tal vez no debimos morir a los treinta a\u00f1os<br><br><strong>Coda<\/strong><br>Cu\u00e1nto, cu\u00e1nto, cu\u00e1nto a\u00f1oramos la venganza.<br>So\u00f1amos con ella, le cantamos, la invitamos a la cama<br>Compramos para esa noche s\u00e1banas nuevas. R\u00fasticas, poderosas.<br>\u201cSi son para la venganza no las cobro\u201d, dijo el vendedor.<br><\/p>\n\n\n\n<p>Ah, la sangre, la sangre escurriendo escaleras abajo por los castillos en llamas<br>Por los juzgados, por los cuarteles. Por las empapadas alfombras de los bancos<br>y las financieras. Espesa sangre, espumosa sangre.<br>Bocaradas de sangre envenenada de los mentirosos. Sangre y comida aceda.<br>Fragmentos pestilentes que las cucarachas despreciaron<br>Todos, todos los zares muertos en los s\u00f3tanos de la venganza, los reyes y los pr\u00edncipes<br>Sus hijos infantes degollados en nombre de los millones, s\u00ed,<br>y millones que murieron de hambre en la oscuridad de los siglos\u2026<br>Todav\u00eda nos persigue su llanto por las noches. Su gemido lastimoso.&nbsp;<br>Su vac\u00edo nos mete un hueco<br>Hervidero de sangre, bullicio de moscas, fest\u00edn de gusanos \u00a1Sangre!<br>Eso quer\u00edamos.<br>Sangre por todas partes bendiciendo el futuro.<br><\/p>\n\n\n\n<p>Ca\u00eda la tarde, primo, est\u00e1bamos sentados los dos en la plaza de armas<br>hac\u00eda fr\u00edo, dol\u00edan los huesos de tan j\u00f3venes<br>&nbsp;e \u00edbamos eligiendo los \u00e1rboles<br>los \u00e1rboles inocentes donde colgar\u00edan los cuerpos de los porte\u00f1os culpables&nbsp;<br>que ve\u00edamos en las fotos de los diarios, oleosos, rozagantes.<br><\/p>\n\n\n\n<p>Ay, la venganza, Manuel, la venganza. La venganza, amado primo<br>La \u00fanica pasi\u00f3n exclusivamente humana y que por eso es tan dulce, tan tierna, tan t\u00edmida<br>La \u00fanica pasi\u00f3n que nos redime, nos extiende, nos define habitantes justos<br>de la \u00faltima justicia. Y la primera. La \u00fanica justicia.<br>M\u00e1s los sue\u00f1os poco se corresponden con la vida. Y lo supimos desde entonces.<br>Aunque saberlo no nos consolara\u2026<br><\/p>\n\n\n\n<p>No s\u00e9 qu\u00e9 pienses t\u00fa, Manuel. Ignoro si puesto en el umbral de la muerte se piensa.<br>Si dan calambres, se ven ni\u00f1os correr por la banqueta, o si se siente sed en demas\u00eda<br>si duelen los colores en los nervios o sobra viento en los pulmones; los papalotes<br>revientan los cordeles, si se huelen faldas de muchachas. Los holanes.<br>O si da comez\u00f3n a media espalda -ese sitio inalcanzable de la noche&nbsp;<br>donde nada camina m\u00e1s que el viento<br><\/p>\n\n\n\n<p>Pero ganamos, primo, y aqu\u00ed estamos.<br>Y aqu\u00ed est\u00e1n los dem\u00e1s. Y somos muchos\/<\/p>\n\n\n\n<p>                                       <\/p>\n\n\n\n<p>                                     <strong>aca\/pueblo viejo de tampico\/agosto 2024<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n<\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por: Arturo Castillo Alva Para Manuel Alba Vera Y la gente, siempre jodi\u00e9ndose unos a otros Y todos, todos los cad\u00e1veres amontonados\u2026 Lou&hellip;<\/p>\n","protected":false},"author":3,"featured_media":19225,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":""},"categories":[1,153,209],"tags":[],"coauthors":[312],"class_list":["post-19224","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-noticias","category-poema","category-revista"],"jetpack_featured_media_url":"https:\/\/letrasenlafrontera.org\/wp-content\/uploads\/2025\/01\/pexels-harun-tan-2311991-3979493-e1736894692977.jpg","jetpack_sharing_enabled":true,"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/letrasenlafrontera.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/19224","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/letrasenlafrontera.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/letrasenlafrontera.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/letrasenlafrontera.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/users\/3"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/letrasenlafrontera.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=19224"}],"version-history":[{"count":2,"href":"https:\/\/letrasenlafrontera.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/19224\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":19245,"href":"https:\/\/letrasenlafrontera.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/19224\/revisions\/19245"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/letrasenlafrontera.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media\/19225"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/letrasenlafrontera.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=19224"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/letrasenlafrontera.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=19224"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/letrasenlafrontera.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=19224"},{"taxonomy":"author","embeddable":true,"href":"https:\/\/letrasenlafrontera.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/coauthors?post=19224"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}