{"id":17623,"date":"2017-09-25T18:46:59","date_gmt":"2017-09-25T18:46:59","guid":{"rendered":"http:\/\/letrasenlafrontera.org\/?p=17623"},"modified":"2017-11-06T18:47:39","modified_gmt":"2017-11-06T18:47:39","slug":"el-dia-del-derrumbe","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/letrasenlafrontera.org\/index.php\/2017\/09\/25\/el-dia-del-derrumbe\/","title":{"rendered":"El d\u00eda del derrumbe"},"content":{"rendered":"<p class=\"p1\"><span class=\"s2\">Foto de Jes\u00fas Eduardo Guerrero. Atenango Gro, 20 de septiembre 2017. <span class=\"s1\"><em>Tiempo de lectura<\/em>\u00a0[est_time].<\/span><\/span><\/p>\n<blockquote>\n<p style=\"text-align: center;\"><span class=\"s2\">Un cuento de Juan Rulfo contenido en <em>El llano en llamas<\/em>, 1953. <\/span><\/p>\n<\/blockquote>\n<p>[dropcap]E[\/dropcap]sto pas\u00f3 en septiembre. No en el septiembre de este a\u00f1o sino en el del a\u00f1o pasado. \u00bfO fue el antepasado, Melit\u00f3n?<\/p>\n<p>\u2014No, fue el pasado.<\/p>\n<p>\u2014S\u00ed, si yo me acordaba bien. Fue en septiembre del a\u00f1o pasado, por el d\u00eda veintiuno. \u00d3yeme, Melit\u00f3n, \u00bfno fue el veintiuno de septiembre el mero d\u00eda del temblor?<\/p>\n<p>\u2014Fue un poco antes. Tengo entendido que fue por el dieciocho.<\/p>\n<p>\u2014Tienes raz\u00f3n. Yo por esos d\u00edas andaba en Tuxcacuesco. Hasta vi cuando se derrumbaban las casas como si estuvieran hechas de melcocha, nom\u00e1s se retorc\u00edan as\u00ed, haciendo muecas y se ven\u00edan las paredes enteras contra el suelo. Y la gente sal\u00eda de los escombros toda aterrorizada corriendo derecho a la iglesia dando de gritos. Pero esp\u00e9rense: Oye, Melit\u00f3n, se me hace como que en Tuxcacuesco no existe ninguna iglesia. \u00bfT\u00fa no te acuerdas?<\/p>\n<p>\u2014No la hay. All\u00ed no quedan m\u00e1s que unas paredes cuarteadas que dicen fue la iglesia hace algo as\u00ed como doscientos a\u00f1os; pero nadie se acuerda de ella, ni de c\u00f3mo era; aquello m\u00e1s bien parece un corral abandonado plagado de higuerillas.<\/p>\n<p>\u2014Dices bien. Entonces no fue en Tuxcacuesco donde me agarr\u00f3 el temblor, ha de haber sido en El Pochote. \u00bfPero El Pochote es un rancho, no?<\/p>\n<p>\u2014S\u00ed, pero tiene una capillita que all\u00ed le dicen la iglesia, est\u00e1 un poco m\u00e1s all\u00e1 de la hacienda de Los Alcatraces.<\/p>\n<p>\u2014Entonces fue all\u00ed ni m\u00e1s ni menos donde me agarr\u00f3 el temblor ese que les digo y cuando la tierra se pandeaba todita como si por dentro la estuvieran rebullendo. Bueno, unos pocos d\u00edas despu\u00e9s; porque me acuerdo que todav\u00eda est\u00e1bamos apuntalando paredes, lleg\u00f3 el gobernador; ven\u00eda a ver qu\u00e9 ayuda pod\u00eda prestar con su presencia.\u00a0Todos ustedes saben que nom\u00e1s con que se presente el gobernador, con tal de que la gente lo mire, todo se queda arreglado. La cuesti\u00f3n est\u00e1 en que al menos venga a ver lo que sucede, y no que se est\u00e9 all\u00e1 metido en su casa, nom\u00e1s dando \u00f3rdenes. En viniendo \u00e9l, todo se arregla, y la gente, aunque se le haya ca\u00eddo la casa encima, queda muy contenta con haberlo conocido. \u00bfO no es as\u00ed, Melit\u00f3n?<\/p>\n<p>\u2014Eso que ni qu\u00e9.<\/p>\n<p>\u2014Bueno, como les estaba diciendo, en septiembre del a\u00f1o pasado, un poquito despu\u00e9s de los temblores cay\u00f3 por aqu\u00ed el gobernador para ver c\u00f3mo nos hab\u00eda tratado el terremoto. Tra\u00eda ge\u00f3logo y gente conocedora, no crean ustedes que ven\u00eda solo. Oye, Melit\u00f3n, \u00bfcomo cu\u00e1nto dinero nos cost\u00f3 darles de comer a los acompa\u00f1antes del gobernador?<\/p>\n<p>\u2014Algo as\u00ed como cuatro mil pesos.<\/p>\n<p>\u2014Y eso que nom\u00e1s estuvieron un d\u00eda y en cuanto se les hizo de noche se fueron, si no, qui\u00e9n sabe hasta qu\u00e9 alturas hubi\u00e9ramos salido desfalcados, aunque eso s\u00ed, estuvimos muy contentos: la gente estaba que se le reventaba el pescuezo de tanto estirarlo para poder ver al gobernador y haciendo comentarios de c\u00f3mo se hab\u00eda comido el guajolote y de que si hab\u00eda chupado los huesos y de c\u00f3mo era de r\u00e1pido para levantar una tortilla tras otra roci\u00e1ndolas con salsa de guacamole; en todo se fijaron. Y \u00e9l tan tranquilo, tan serio, limpi\u00e1ndose las manos en los calcetines para no ensuciar la servilleta que s\u00f3lo le sirvi\u00f3 para espolvorearse de vez en vez los bigotes. Y despu\u00e9s, cuando el ponche de granada se les subi\u00f3 a la cabeza, comenzaron a cantar todos en coro. Oye, Melit\u00f3n, \u00bfcu\u00e1l fue la canci\u00f3n que estuvieron repite y repite como disco rayado?<\/p>\n<p>\u2014Fue una que dec\u00eda: \u201cNo sabes del alma las horas de luto.\u201d<\/p>\n<p>\u2014Eres bueno para eso de la memoria, Melit\u00f3n, no cabe duda. S\u00ed, fue \u00e9sa. Y el gobernador nom\u00e1s re\u00eda; pidi\u00f3 saber d\u00f3nde estaba el cuarto de ba\u00f1o. Luego se sent\u00f3 nuevamente en su lugar, oli\u00f3 los claveles que estaban sobre la mesa. Miraba a los que cantaban, y mov\u00eda la cabeza, llevando el comp\u00e1s, sonriendo. No cabe duda que se sent\u00eda feliz, porque su pueblo era feliz, hasta se le pod\u00eda adivinar el pensamiento.\u00a0Y a la hora de los discursos se par\u00f3 uno de sus acompa\u00f1antes, que ten\u00eda la cara alzada, un poco borneada a la izquierda y habl\u00f3. Y no cabe duda de que se las tra\u00eda. Habl\u00f3 de Ju\u00e1rez que nosotros ten\u00edamos levantado en la plaza y hasta entonces supimos que era la estatua de Ju\u00e1rez, pues nunca nadie nos hab\u00eda podido decir qui\u00e9n era el individuo que estaba encaramado en el monumento aquel. Siempre cre\u00edamos que pod\u00eda ser Hidalgo o Morelos o Venustiano Carranza, porque en cada aniversario de cualquiera de ellos, all\u00ed les hac\u00edamos su funci\u00f3n. Hasta que el catrincito aquel nos vino a decir que se trataba de don Benito Ju\u00e1rez. \u00a1Y las cosas que dijo! \u00bfNo es verdad, Melit\u00f3n? T\u00fa que tienes tan buena memoria te has de acordar bien de lo que recit\u00f3 aquel fulano.<\/p>\n<p>\u2014Me acuerdo muy bien; pero ya lo he repetido tantas veces que hasta resulta enfadoso.<\/p>\n<p>\u2014Bueno, no es necesario. S\u00f3lo que estos se\u00f1ores se pierden de algo bueno. Ya les dir\u00e1s mejor lo que dijo el gobernador.<\/p>\n<p>\u00bbLa cosa es que aquello, en lugar de ser una visita a los dolientes y a los que hab\u00edan perdido sus casas, se\u00a0convirti\u00f3 en una borrachera de las buenas. Y ya no se diga cuando entr\u00f3 al pueblo la m\u00fasica de Tepec, que lleg\u00f3 retrasada por eso de que todos los camiones se hab\u00edan ocupado en el acarreo de la gente del gobernador y los m\u00fasicos tuvieron que venirse a pie; pero llegaron. Entraron son\u00e1ndole duro al arpa y a la tambora, haciendo tatachum, chum, chum, con los platillos, arre\u00e1ndole fuerte y con ganas al Zopilote mojado. Aquello estaba de haberse visto, hasta el gobernador se quit\u00f3 el saco y se desabroch\u00f3 la corbata, y la cosa sigui\u00f3 de refil\u00f3n. Trajeron m\u00e1s damajuanas de ponche y se dieron prisa en tatemar m\u00e1s carne de venado, porque aunque ustedes no lo quieran creer y ellos no se dieran cuenta, estaban comiendo carne de venado del que por aqu\u00ed abunda. Nosotros nos re\u00edamos cuando dec\u00edan que estaba muy buena la barbacoa, \u00bfo no, Melit\u00f3n?, cuando por aqu\u00ed no sabemos ni lo que es eso de barbacoa. Lo cierto es que apenas les serv\u00edamos un plato y ya quer\u00edan otro y ni modo, all\u00ed est\u00e1bamos para servirlos; porque como dijo Liborio, el administrador del Timbre, que entre par\u00e9ntesis siempre fue muy agarrado, \u201cno importa que esta recepci\u00f3n nos cueste lo que nos cueste que para algo ha de servir el dinero\u201d y luego t\u00fa, Melit\u00f3n, que por ese tiempo eras presidente municipal, y que hasta te desconoc\u00ed cuando dijiste: \u201cque se chorri\u00e9 el ponche, una visita de \u00e9stas no se desmerece\u201d. Y s\u00ed, se chorri\u00f3 el ponche, \u00e9sa es la pura verdad; hasta los manteles estaban colorados. Y la gente aquella que parec\u00eda no tener llenadero. S\u00f3lo me fij\u00e9 que el gobernador no se mov\u00eda de su sitio; que no estiraba ni la mano, sino que s\u00f3lo se com\u00eda y beb\u00eda lo que le arrimaban; pero la bola de lambiscones se desviv\u00eda por tenerle la mesa tan llena que hasta ya no cab\u00eda ni el salero que \u00e9l ten\u00eda en la mano y que cuando lo desocupaba se lo met\u00eda en la bolsa de la camisa. Hasta yo fui a decirle: \u201c\u00bfno gusta sal, mi general?\u201d, y \u00e9l me ense\u00f1\u00f3 riendo el salero que ten\u00eda en la bolsa de la camisa, por eso me di cuenta.<\/p>\n<p>\u00bbLo grande estuvo cuando \u00e9l comenz\u00f3 a hablar. Se nos enchin\u00f3 el pellejo a todos de la pura emoci\u00f3n. Se fue enderezando, despacio, muy despacio, hasta que lo vimos echar la silla hacia atr\u00e1s con el pie; poner sus manos en la mesa; agachar la cabeza como si fuera a agarrar vuelo y luego su tos, que nos puso a todos en silencio. \u00bfQu\u00e9 fue lo que dijo, Melit\u00f3n?\u00bb<\/p>\n<p>\u2014\u201cConciudadanos \u2014dijo\u2014. Rememorando mi trayectoria, vivificando el \u00fanico proceder de mis promesas. Ante esta tierra que visit\u00e9 como an\u00f3nimo compa\u00f1ero de un candidato a la Presidencia, cooperador omn\u00edmodo de un hombre representativo, cuya honradez no ha estado nunca desligada del contexto de sus manifestaciones pol\u00edticas y que s\u00ed, en cambio, es firme glosa de principios democr\u00e1ticos en el supremo v\u00ednculo de uni\u00f3n con el pueblo, aunando a la austeridad de que ha dado muestras la s\u00edntesis evidente de idealismo revolucionario nunca hasta ahora pleno de realizaciones y de certidumbre.\u201d<\/p>\n<p>\u2014All\u00ed hubo aplausos, \u00bfo no, Melit\u00f3n?<\/p>\n<p>\u2014S\u00ed, muchos aplausos. Despu\u00e9s sigui\u00f3:<\/p>\n<p>\u00bb\u201cMi trazo es el mismo, conciudadano. Fui parco en promesas como candidato, optando por prometer lo que \u00fanicamente pod\u00eda cumplir y que al cristalizar, traduj\u00e9rase en beneficio colectivo y no en subjuntivo, ni participio de una familia gen\u00e9rica de ciudadanos. Hoy estamos aqu\u00ed presentes, en este caso paradojal de la naturaleza, no previsto dentro de mi programa de gobierno\u2026\u201d<\/p>\n<p>\u00bb\u201c\u00a1Exacto, mi general! \u2014grit\u00f3 uno de por all\u00e1\u2014. \u00a1Exacto! Usted lo ha dicho.\u201d<\/p>\n<p>\u00bb\u201c\u2026En este caso, digo cuando la naturaleza nos ha castigado, nuestra presencia receptiva en el centro del epicentro tel\u00farico que ha devastado hogares que pod\u00edan haber sido los nuestros, que son los nuestros; concurrimos en el auxilio, no con el deseo neroniano de gozarnos en la desgracia ajena, m\u00e1s a\u00fan, inminentemente dispuestos a utilizar mun\u00edficamente nuestro esfuerzo en la reconstrucci\u00f3n de los hogares destruidos, hermanalmente dispuestos en el consuelo de los hogares menoscabados por la muerte. Este lugar que yo visit\u00e9 hace a\u00f1os, lejano entonces a toda ambici\u00f3n de poder, anta\u00f1o feliz, hoga\u00f1o enlutecido, me duele. S\u00ed, conciudadanos, me laceran las heridas de los vivos por sus bienes perdidos y la clamante dolencia de los seres por sus muertos insepultos bajo estos escombros que estamos presenciando.\u201d\u00bb<\/p>\n<p>\u2014All\u00ed tambi\u00e9n hubo aplausos, \u00bfverdad, Melit\u00f3n?<\/p>\n<p>\u2014No, all\u00ed volvi\u00f3 a o\u00edrse el grit\u00f3n de antes: \u201c\u00a1Exacto, se\u00f1or gobernador! Usted lo ha dicho.\u201d Y luego otro de m\u00e1s ac\u00e1 que dijo: \u201c\u00a1Callen a ese borracho!\u201d<\/p>\n<p>\u2014Ah, s\u00ed. Y hasta pareci\u00f3 que iba a haber un tumulto en la mera cola de la mesa, pero todos se apaciguaron cuando el gobernador habl\u00f3 de nuevo.<\/p>\n<p>\u2014\u201cTuxcacuenses, vuelvo a insistir: Me duele vuestra desgracia, pues a pesar de lo que dec\u00eda Bernal, el gran Bernal D\u00edaz del Castillo: \u2018Los hombres que murieron hab\u00edan sido contratados para la muerte\u2019, yo, en los considerandos de mi concepto ontol\u00f3gico y humano, digo: \u00a1Me duele!, con el dolor que produce ver derruido el \u00e1rbol en su primera inflorescencia. Os ayudaremos con nuestro poder. Las fuerzas vivas del Estado desde su faldisterio claman por socorrer a los damnificados de esta hecatombe nunca predecida ni deseada. Mi regencia no terminar\u00e1 sin haberos cumplido. Por otra parte, no creo que la voluntad de Dios haya sido la de causaros detrimento, la de desaposentaros\u2026\u201d<\/p>\n<p>\u00bbY all\u00ed termin\u00f3. Lo que dijo despu\u00e9s no me lo aprend\u00ed porque la bulla que se solt\u00f3 en las mesas de atr\u00e1s creci\u00f3 y se volvi\u00f3 rete dif\u00edcil conseguir lo que \u00e9l sigui\u00f3 diciendo.\u00bb<\/p>\n<p>\u2014Es muy cierto, Melit\u00f3n. Aquello estuvo de haberse visto. Con eso les digo todo. Y es que el mismo sujeto de la comitiva se puso a gritar otra vez: \u201c\u00a1Exacto! \u00a1Exacto!\u201d, con unos chillidos que se o\u00edan hasta la calle. Y cuando lo quisieron callar, sac\u00f3 la pistola y comenz\u00f3 a darle de chacamotas por encima de su cabeza, mientras la descargaba contra el techo. Y la gente que estaba all\u00ed de mirona ech\u00f3 a correr a la hora de los balazos. Y tumb\u00f3 las mesas en la ca\u00edda que llevaba y se oy\u00f3 el rompedero de platos y de vidrios y los botellazos que le tiraban al fulano de la pistola para que se calmara, y que nom\u00e1s se estrellaban en la pared. Y el otro, que tuvo todav\u00eda tiempo de meter otro cargador al arma y lo descargaba de nueva cuenta, mientras se ladeaba de aqu\u00ed para all\u00e1 escabull\u00e9ndole el bulto a las botellas voladoras que le aventaban de todas partes.<\/p>\n<p>\u00bbHubieran visto al gobernador all\u00ed de pie, muy serio, con la cara fruncida, mirando hacia donde estaba el tumulto como queriendo calmarlo con su mirada.<\/p>\n<p>\u00bbQui\u00e9n sabe qui\u00e9n fue a decirle a los m\u00fasicos que tocaran algo, lo cierto es que se soltaron tocando el Himno Nacional con todas sus fuerzas, hasta que casi se le reventaba el cachete al del tromb\u00f3n de lo recio que pitaba; pero aquello sigui\u00f3 igual. Y luego result\u00f3 que all\u00e1 afuera, en la calle, se hab\u00eda prendido tambi\u00e9n el pleito. Le vinieron a avisar al gobernador que por all\u00e1 unos se estaban dando de machetazos; y fij\u00e1ndose bien, era cierto, porque hasta ac\u00e1 se o\u00edan voces de mujeres que dec\u00edan: \u201c\u00a1Ap\u00e1rtenlos que se van a matar!\u201d Y al rato otro grito que dec\u00eda: \u201c\u00a1Ya mataron a mi marido! \u00a1Ag\u00e1rrenlo!\u201d<\/p>\n<p>\u00bbY el gobernador ni se mov\u00eda, segu\u00eda de pie. Oye, Melit\u00f3n, c\u00f3mo es esa palabra que se dice\u2026<\/p>\n<p>\u2014Imp\u00e1vido.<\/p>\n<p>\u2014Eso es, imp\u00e1vido. Bueno, con el arg\u00fcende de afuera la cosa aqu\u00ed dentro pareci\u00f3 calmarse. El borrachito del \u201cexacto\u201d estaba dormido; le hab\u00edan atinado un botellazo y se hab\u00eda quedado todo despatarrado tirado en el suelo. El gobernador se arrim\u00f3 entonces al fulano aquel y le quit\u00f3 la pistola que ten\u00eda todav\u00eda agarrada en una de sus manos agarrotadas por el desmayo. Se la dio a otro y le dijo: \u201cEnc\u00e1rgate de \u00e9l y toma nota de que queda desautorizado a portar armas.\u201d Y el otro contest\u00f3: \u201cS\u00ed, mi general.\u201d<br \/>\n\u00bbLa m\u00fasica, no s\u00e9 por qu\u00e9, sigui\u00f3 toque y toque el Himno Nacional, hasta que el catrincito que hab\u00eda hablado en un principio, alz\u00f3 los brazos y pidi\u00f3 silencio por las v\u00edctimas. Oye, Melit\u00f3n, \u00bfpor cu\u00e1les v\u00edctimas pidi\u00f3 \u00e9l que todos nos asilenci\u00e1ramos?\u00bb<\/p>\n<p>\u2014Por las del efipoco.<\/p>\n<p>\u2014Bueno, pues por \u00e9sas. Despu\u00e9s todos se sentaron, enderezaron otra vez las mesas y siguieron bebiendo ponche y cantando la canci\u00f3n esa de las \u201choras de luto\u201d.<\/p>\n<p>\u201c\u00bbOra me estoy acordando que s\u00ed fue por el veintiuno de septiembre el borlote: porque mi mujer tuvo ese d\u00eda a nuestro hijo Merencio, y yo llegu\u00e9 ya muy noche a mi casa m\u00e1s bien borracho que buenisano. Y ella no me habl\u00f3 en muchas semanas arguyendo que la hab\u00eda dejado sola con su compromiso. Ya cuando se content\u00f3 me dijo que yo no hab\u00eda sido bueno ni para llamar a la comadrona y que tuvo que salir del paso a como Dios le dio a entender.\u00bb<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Foto de Jes\u00fas Eduardo Guerrero. Atenango Gro, 20 de septiembre 2017. Tiempo de lectura\u00a0[est_time]. 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