{"id":17557,"date":"2017-05-24T02:28:35","date_gmt":"2017-05-24T02:28:35","guid":{"rendered":"http:\/\/letrasenlafrontera.org\/?p=17557"},"modified":"2017-05-31T21:01:58","modified_gmt":"2017-05-31T21:01:58","slug":"la-pena-de-muerte-en-la-literatura","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/letrasenlafrontera.org\/index.php\/2017\/05\/24\/la-pena-de-muerte-en-la-literatura\/","title":{"rendered":"La pena de muerte en la literatura"},"content":{"rendered":"<p class=\"p2\" style=\"text-align: right;\"><b><\/b><b> <\/b><span class=\"s1\">Por Pilar Alberdi.<em>\u00a0Inversi\u00f3n de lectura:<\/em> [est_time]<\/span><\/p>\n<hr \/>\n<p class=\"p2\"><span class=\"s1\">[dropcap]L[\/dropcap]as letras son puentes, a veces alegres y otras tristes. Pero, aunque sean tristes, aunque hablen de la parte oscura de la humanidad, hay que seguirlas, hay que ahondar en ellas, sufrirlas, hasta sentir que el pensamiento duele. <\/span><\/p>\n<p class=\"p2\"><span class=\"s1\">Hay tres obras \u2014entre otras\u2014 que hablan de esos momentos en que en nombre de la autoridad se ha de matar a un hombre. Una de ellas es la <i>Balada de la C\u00e1rcel de Reading<\/i> de Oscar Wilde, en donde se relata el final del convicto Carlos T. Wooldrige, suceso ocurrido el 7 de julio de 1896; la segunda es el cuento <i>La ejecuci\u00f3n de Troppman<\/i> de Ivan Turgueniev, en donde el narrador, que ha sido invitado por la autoridad a ver la ejecuci\u00f3n y en cierto modo a servir de testigo, observa c\u00f3mo de madrugada, entre voces de chiquillos, conversaciones de mujeres y disputas de borrachos, los alrededores de la prisi\u00f3n se van llenando de gente, corre el a\u00f1o de 1870, en Par\u00eds, las tabernas est\u00e1n abiertas, y una multitud se re\u00fane para ver morir a un joven en la guillotina, a las siete de la ma\u00f1ana en punto. Son unas<span class=\"Apple-converted-space\">\u00a0 <\/span>25.000 personas, aproximadamente, las que est\u00e1n all\u00ed, lo sabe, porque son las que caben en la plaza de la Roquette y en las calles adyacentes. El narrador cuenta lo que ve por una raz\u00f3n: \u00abComo castigo que me impongo a m\u00ed mismo y como ense\u00f1anza para los dem\u00e1s, quiero contar todo lo que vi y revivir, para el recuerdo, las penosas impresiones de aquella noche\u00bb. Como en la <i>Balada de la C\u00e1rcel de Reading <\/i>de Oscar Wilde, aqu\u00ed tambi\u00e9n se trata de un joven acusado de asesinato. Antes de cumplirse la hora, en presencia del capell\u00e1n, el jefe de la polic\u00eda informa al joven que ha sido rechazado el indulto solicitado y que ha llegado \u00abla hora de la reparaci\u00f3n\u00bb. El verdugo de Bauvais y su ayudante maniatan al joven, a continuaci\u00f3n, cortan la tela de la blusa y el cabello para dejar libre el cuello. \u00abMechones de cabellos casta\u00f1os, tupidos, se deslizaron sobre sus hombros y cayeron sobre el parqu\u00e9. Uno de ellos se desliz\u00f3 hasta mis botas\u00bb. Si alguna vez esas manos estuvieron manchadas de sangre, ahora est\u00e1n atadas e indefensas una sobre la otra. El narrador contin\u00faa con su explicaci\u00f3n: cuando el preso sali\u00f3 a la plaza donde se hab\u00eda levantado la guillotina \u00abel mugido de la muchedumbre nos alcanz\u00f3 como una oleada incesante y terriblemente agitada\u00bb. Luego se hizo un silencio, el joven fue guillotinado y cuando todo acab\u00f3, el narrador observa apesadumbrado que \u00abninguno de nosotros, absolutamente ninguno, ofrec\u00eda el aspecto de un hombre que ha asistido a la ejecuci\u00f3n de un acto de justicia. Todos intentaban apartarse de esta idea y rechazar la responsabilidad del asesinato\u00bb.<\/span><\/p>\n<p class=\"p2\"><span class=\"s1\">En tercer lugar, en este peque\u00f1o recuerdo de las obras de escritores que se manifestaron en contra de la pena de muerte, est\u00e1 George Orwell. En su obra <i>Cazando un elefante <\/i>aparece<i> <\/i>el cuento <i>El ajusticiamiento<\/i>, donde comenta la participaci\u00f3n del narrador en ese tipo de acto. Ya no estamos en Reino Unido ni en Francia como en los anteriores casos, sino en Birmania. Para empezar, indica c\u00f3mo sacan de la celda a un reo de los varios que tienen orden de ejecutar durante los pr\u00f3ximos d\u00edas. Los guardias que lo han maniatado, lo llevan \u00abtom\u00e1ndolo por el brazo y el hombro, como empuj\u00e1ndolo y sosteni\u00e9ndolo, al mismo tiempo\u00bb. De repente, ya en el patio de tierra, el reo evita pisar un charco. Es el momento en el que el narrador dice: \u00abEs curioso, pero hasta ese instante, yo nunca me hab\u00eda dado cuenta de lo que significa matar a un hombre que tiene salud y conciencia\u00bb. (\u2026) Luego, inesperadamente, un perro entra al patio, da brincos alrededor del grupo e intenta lamer al condenado. Todos se alteran. Un hombre, un condenado a muerte es festejado como un amigo por un perro. Retiran al animal y poco despu\u00e9s, la horca cumple su l\u00fagubre tarea, y la normalidad parece asentarse en la rutina diaria. \u00abExperiment\u00e1bamos un enorme alivio ahora que la tarea estaba terminada. Uno sent\u00eda el impulso de cantar, de echar a correr, de soltar risitas. A un mismo tiempo todo el mundo comenz\u00f3 a charlar jovialmente. Luego, bebieron, fumaron, intentaron olvidar\u00bb. Pero sab\u00edan, aunque intentaban olvidarlo por unas horas, que en los d\u00edas siguientes habr\u00eda m\u00e1s ejecuciones, y ellos ser\u00edan nuevamente los encargados de realizarlas.<\/span><\/p>\n<p class=\"p2\"><span class=\"s1\">A\u00fan recuerdo otro autor, Denis Diderot, explicando los motivos por los que el pueblo acude a ver las ejecuciones. Escribe: el pueblo \u00abva a buscar la plaza de la Gr\u00eave una escena que pueda contar a su regreso al arrabal, esa u otra, le da igual mientras tenga un papel junto a sus vecinos y se haga escuchar por ellos. Dad en el Boulevard una fiesta divertida y ver\u00e9is que la plaza de las ejecuciones est\u00e1 vac\u00eda\u00bb. <\/span><\/p>\n<p class=\"p2\"><span class=\"s1\">Lo dijimos al principio, las palabras son puentes, vuelan de un libro a otro, permanecen all\u00ed a\u00f1os o siglos, unas veces son alegres, pero otras muchas son tristes. A veces, somos nosotros los que las encontramos; otras, nos encuentran ellas. En juegos como este se dan la mano la vida y la literatura, pero tambi\u00e9n la muerte.<\/span><\/p>\n<hr \/>\n<h3 class=\"p2\"><span class=\"s1\"><a href=\"https:\/\/letrasenlafrontera.org\/wp-content\/uploads\/2017\/05\/title780180177.png\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignright size-full wp-image-17559\" src=\"https:\/\/letrasenlafrontera.org\/wp-content\/uploads\/2017\/05\/title780180177.png\" alt=\"\" width=\"281\" height=\"281\" srcset=\"https:\/\/letrasenlafrontera.org\/wp-content\/uploads\/2017\/05\/title780180177.png 281w, https:\/\/letrasenlafrontera.org\/wp-content\/uploads\/2017\/05\/title780180177-150x150.png 150w\" sizes=\"auto, (max-width: 281px) 100vw, 281px\" \/><\/a>Pilar Alberdi<\/span><\/h3>\n<p class=\"p2\"><span class=\"s1\">Escritora. Licenciada en Psicolog\u00eda (UOC). Cursando Grado en Filosof\u00eda (UNED)<\/span><\/p>\n<p class=\"p2\"><a class=\"stag-icon-link\"  href=\"https:\/\/twitter.com\/pilaralberdi\" target=\"_self\"><i aria-hidden=\"true\" class=\"fa fa-twitter\"  style=\"font-size:50px;line-height:50px\"><\/i><\/a><a href=\"https:\/\/twitter.com\/pilaralberd\">@pilaralberdi<\/a><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por Pilar Alberdi.\u00a0Inversi\u00f3n de lectura: [est_time] [dropcap]L[\/dropcap]as letras son puentes, a veces alegres y otras tristes. 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