{"id":17468,"date":"2017-02-24T21:30:48","date_gmt":"2017-02-24T21:30:48","guid":{"rendered":"http:\/\/letrasenlafrontera.org\/?p=17468"},"modified":"2017-03-02T00:31:42","modified_gmt":"2017-03-02T00:31:42","slug":"escribir-para-leer","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/letrasenlafrontera.org\/index.php\/2017\/02\/24\/escribir-para-leer\/","title":{"rendered":"Escribir para leer"},"content":{"rendered":"<p>Transcribimos para ustedes\u00a0este bello\u00a0ensayo\u00a0de Susan Sontag: \u201cLa escritura como lectura\u201d,\u00a0<i><\/i>contenido en\u00a0<em>Cuesti\u00f3n de \u00e9nfasis<\/em>\u00a0(Alfaguara 2006).\u00a0Inversi\u00f3n de lectura: [est_time]<\/p>\n<hr \/>\n<h2 style=\"text-align: center;\">La escritura como lectura<\/h2>\n<h4 style=\"text-align: center;\"><em>por Susan Sontag<\/em><\/h4>\n<hr \/>\n<p>[dropcap]L[\/dropcap]a lectura de novelas me parece una actividad muy normal, en tanto que escribirlas es una tarea en verdad extra\u00f1a; al menos eso pienso hasta que recuerdo la s\u00f3lida relaci\u00f3n que une a ambas. (Nada de generalizaciones acorazadas en lo que sigue. S\u00f3lo unos cuantos comentarios).<\/p>\n<p>En primer lugar porque escribir es ejercer, con especial intensidad y atenci\u00f3n, el arte de la lectura. Se escribe a fin de leer lo que se ha escrito, para ver si est\u00e1 bien y, puesto que no lo est\u00e1 nunca, a fin de reescribirlo \u2014una, dos, las veces necesarias para que sea algo que pueda ser tolerable releer\u2014. Se es el primer, acaso el m\u00e1s severo, lector propio. \u00abEscribir es someterse al juicio de uno mismo\u00bb, escribi\u00f3 Ibsen en la guarda de uno de sus libros. Es dif\u00edcil imaginar la escritura sin la relectura.<\/p>\n<p>Pero \u00bfnunca est\u00e1 bien lo que se ha escrito de primera mano? S\u00ed, claro: a veces m\u00e1s que bien. Y eso s\u00f3lo indica, al menos para esta escritora en todo caso, que al mirarlo mejor, al expresarlo en voz alta \u2014es decir, otra relectura\u2014 puede mejorar a\u00fan m\u00e1s. No estoy sosteniendo que el novelista tenga que preocuparse y sudar\u00a0bien pueden preferir la obra m\u00e1s espont\u00e1nea, menos minuciosa del escritor\u2014 sino el parecer de los escritores, esos profesionales de la insatisfacci\u00f3n. Se piensa: Si puedo alcanzar este punto la primera vez, sin demasiada lucha, \u00bfno podr\u00eda mejorar a\u00fan m\u00e1s?<\/p>\n<p>Y aunque esto, la reescritura \u2014la relectura\u2014, parece un esfuerzo, en realidad es la parte m\u00e1s placentera de la escritura. A veces la \u00fanica parte placentera. Comenzar a escribir, si se tiene en la cabeza la idea de la \u00abliteratura\u00bb, es formidable, intimidatorio. Una zambullida en un lago helado. Luego viene la parte c\u00e1lida, cuando ya se tiene algo que trabajar, mejorar, editar.<\/p>\n<p>Digamos que es un desastre. Pero se tiene la oportunidad de enmendarlo. Se intenta ser m\u00e1s clara. M\u00e1s profunda. O m\u00e1s elocuente. O m\u00e1s exc\u00e9ntrica. Se intenta ser veraz con un mundo. Que el libro sea m\u00e1s amplio, m\u00e1s fidedigno. Se quiere una elevaci\u00f3n por encima de la autora. La elevaci\u00f3n del libro por encima de la mente d\u00edscola. Al igual que la estatua est\u00e1 sepultada en el bloque de m\u00e1rmol, la novela est\u00e1 dentro de la propia cabeza. Se intenta liberarla. Se intenta que la cosa horrible en la p\u00e1gina se aproxime a lo que\u00a0se piensa que deber\u00eda ser el libro \u2014lo que se sabe, en los espasmos de j\u00fabilo, que puede llegar a ser\u2014. Se leen las oraciones una y otra vez. \u00bfEs este el libro que estoy escribiendo? \u00bfEsto es todo?<\/p>\n<p>O digamos que va bien, porque as\u00ed ocurre, en ocasiones (si no fuese as\u00ed sobrevendr\u00eda la locura). Aqu\u00ed se est\u00e1, e incluso si se es la m\u00e1s lenta copista o la peor de las mecan\u00f3grafas, una senda de palabras se abre camino, y se quiere continuar. Entonces viene la relectura. Quiz\u00e1 no se ceda a la satisfacci\u00f3n, pero al mismo tiempo gusta lo que se ha escrito. Se descubre que hay placer \u2014un placer de lectora\u2014 por lo que est\u00e1 en la p\u00e1gina.<\/p>\n<p>La escritura es, por \u00faltimo, un conjunto de permisos que se dan para ser expresiva de modos definidos. Para inventar. Para saltar. Para volar. Para caer. Para encontrar la manera peculiar de narrar e insistir; es decir, para encontrar la libertad interior. Para ser estricta sin vilipendiarse demasiado. No detenerse muy a menudo para releer. Para permitirse, cuando se cree que va bien (o no muy mal), simplemente seguir remando. No esperar el empell\u00f3n de la inspiraci\u00f3n.<br \/>\nPor supuesto, los escritores ciegos nunca pueden releer lo que dictan. Quiz\u00e1 esto importe menos a los poetas, que a menudo escriben casi todo en la cabeza antes de asentar lo que sea en el papel. (Los poetas viven por el o\u00eddo mucho m\u00e1s que los prosistas). Y ser incapaz de ver no significa que no se puedan hacer revisiones. \u00bfNo nos imaginamos a las hijas de Milton, al terminar cada d\u00eda el dictado del Para\u00edso perdido, que le leyeron todo de nuevo a su padre y luego anotaron sus correcciones? Pero los prosistas \u2014que trabajan en un almac\u00e9n de palabras\u2014 no pueden mantener todo en la cabeza. Necesitan ver lo que han escrito. Incluso los escritores m\u00e1s francos y prol\u00edficos deben de sentir esto. (De ah\u00ed que Sartre anunciara, cuando se qued\u00f3 ciego, que sus d\u00edas de escritor hab\u00edan terminado). Pi\u00e9nsese en Henry James, corpulento y venerable, caminando impaciente de arriba abajo en una habitaci\u00f3n de Lamb House componiendo La copa dorada en voz alta a un secretario. Dejando de lado la dificultad de imaginar c\u00f3mo la prosa tard\u00eda de James pudo haber sido dictada siquiera, mucho menos por encima del barullo de una m\u00e1quina de escribir Remington circa 1900, \u00bfno suponemos que James rele\u00eda lo mecanografiado y era abundoso en sus correcciones?<\/p>\n<p>Cuando volv\u00ed, otra vez, a ser paciente de un c\u00e1ncer hace dos a\u00f1os y tuve que interrumpir mi trabajo en la casi concluida En Am\u00e9rica, un amigo de Los \u00c1ngeles, que sab\u00eda de mi desesperaci\u00f3n y temor de que ya nunca la terminar\u00eda, se ofreci\u00f3 a venir a Nueva York a quedarse conmigo para transcribir el dictado del resto de la novela. Es verdad, los primeros ocho cap\u00edtulos ya estaban listos (es decir, reescritos y rele\u00eddos muchas veces) y hab\u00eda comenzado el pen\u00faltimo, con el arco de los dos \u00faltimos claramente a la vista. Y sin embargo rechac\u00e9 su oferta conmovedora y generosa. No s\u00f3lo porque estaba probablemente demasiado aturdida por la quimioterapia dr\u00e1stica y la morfina para recordar lo que estaba planeando escribir. Ten\u00eda que ser capaz de ver lo que escrib\u00eda, no s\u00f3lo de escucharlo. Ten\u00eda que ser capaz de releer.<\/p>\n<p>La lectura por lo general precede a la escritura. Y el impulso de escribir casi siempre se desata por la lectura. La lectura, el amor a la lectura, es lo que incita el sue\u00f1o de ser una escritora. Y, mucho tiempo despu\u00e9s de que se es una, la lectura de los libros que otros escriben \u2014y la relectura de los libros queridos del pasado\u2014 constituye una distracci\u00f3n irresistible de la escritura. Distracci\u00f3n. Consuelo. Tormento. Y, s\u00ed, inspiraci\u00f3n.<\/p>\n<p>No todos los escritores lo reconocer\u00e1n. Recuerdo haberle mencionado algo una vez a V.\u00a0S. Naipaul sobre una novela inglesa del siglo\u00a0XIX que me gustaba mucho, una novela muy conocida, la cual supon\u00eda que \u00e9l, como todos los que les importaba la literatura entre mis conocidos, admiraba tanto como yo. Pues no, no la hab\u00eda le\u00eddo, me dijo, y, al ver la sombra de la sorpresa en mi cara, a\u00f1adi\u00f3 severamente: \u00abSusan, soy un escritor, no un lector\u00bb.<\/p>\n<p>Muchos escritores ya no j\u00f3venes sostienen, por diversas razones, que leen muy poco, que, de hecho, en su opini\u00f3n la lectura y la escritura son de alg\u00fan modo incompatibles. Quiz\u00e1, para algunos escritores, lo sean. Si la raz\u00f3n es la angustia de la influencia, entonces esta preocupaci\u00f3n me parece vana y superficial. Si la raz\u00f3n es la falta de tiempo \u2014s\u00f3lo hay determinadas horas en un d\u00eda y aquellas invertidas en la lectura evidentemente se restan de aquellas en las que se podr\u00eda estar escribiendo\u2014, entonces este es un ascetismo al cual no aspiro.<\/p>\n<p>Perderse en un libro, la vieja frase, no es una fantas\u00eda ociosa sino una realidad adictiva, mod\u00e9lica. Virginia Woolf escribi\u00f3 divinamente, en una carta, \u00abA veces creo que el cielo debe de ser una continuada e inagotable lectura\u00bb. Sin duda la parte celestial es que \u2014de nuevo en palabras de Woolf\u2014 \u00abel estado de lectura consiste en la eliminaci\u00f3n completa del ego\u00bb. Infortunadamente, nunca en\u00a0efecto nos deshacemos del ego, al igual que no podemos pisar nuestros propios pies. Pero ese rapto incorp\u00f3reo, la lectura, es lo bastante parecido al trance como para hacernos sentir que no hay ego.<\/p>\n<p>Al igual que la lectura, la lectura embelesada, la escritura de narrativa \u2014la asunci\u00f3n de otras identidades\u2014 se siente asimismo como perderse.<\/p>\n<p>La mayor\u00eda de la gente parece creer en la actualidad que escribir es s\u00f3lo otra forma de engreimiento. Se llama tambi\u00e9n: expresi\u00f3n de s\u00ed mismo. Como al parecer ya no somos capaces de albergar aut\u00e9nticos sentimientos altruistas, se supone que no somos capaces de escribir de otro que no seamos nosotros.<\/p>\n<p>Pero eso no es cierto. William Trevor se refiere a la osad\u00eda de la imaginaci\u00f3n no autobiogr\u00e1fica. \u00bfPor qu\u00e9 no se puede escribir para escapar de una misma de id\u00e9ntico modo que se escribe para expresarse a una misma? Es mucho m\u00e1s interesante escribir sobre los dem\u00e1s.<\/p>\n<p>Casi no es preciso a\u00f1adir que presto partes de m\u00ed misma a todos mis personajes. Cuando, en En Am\u00e9rica, mis inmigrantes de Polonia llegan al sur de California \u2014est\u00e1n a las afueras del poblado de Anaheim\u2014 en 1876, vagan por el desierto y sucumben a la visi\u00f3n aterradora, transformadora, del vac\u00edo, estaba extrayendo de mi memoria infantil los paseos en el desierto del sur de Arizona \u2014a las afueras de lo que entonces era una peque\u00f1a ciudad, Tucson\u2014 en los a\u00f1os cuarenta. En el primer borrador de ese cap\u00edtulo, hab\u00eda saguaros en el desierto del sur de California. En el tercer borrador ya hab\u00eda excluido los saguaros, a mi pesar. (L\u00e1stima, en 1876 no hab\u00eda saguaros al oeste del r\u00edo Colorado).<\/p>\n<p>Escribo sobre otras cosas que no son yo. Y lo que escribo es m\u00e1s listo que yo. Porque puedo reescribirlo. Mis libros saben lo que alguna vez supe; de manera irregular, intermitentemente. Y disponer las mejores palabras en la p\u00e1gina no parece m\u00e1s f\u00e1cil, incluso despu\u00e9s de tantos a\u00f1os de escribir. Al contrario.<\/p>\n<p>Esta es la gran diferencia entre la lectura y la escritura. La lectura es una vocaci\u00f3n, una capacidad en la que, con pr\u00e1ctica, se est\u00e1 destinada a ser m\u00e1s experta. Lo que se acumula como escritora es sobre todo incertidumbres y ansiedades.<\/p>\n<p>Todos estos sentimientos de insuficiencia de parte del escritor \u2014de esta escritora en cualquier caso\u2014 se atribuyen a la convicci\u00f3n de que la literatura importa. \u00abImporta\u00bb es sin duda una palabra demasiado burda. Que hay libros necesarios, es decir, libros que, mientras se leen, se sabe que se releer\u00e1n. Tal vez m\u00e1s de una vez. \u00bfHay un mayor privilegio que gozar de una conciencia acrecentada, colmada, dirigida a la literatura?<\/p>\n<p>Libro de sabidur\u00eda, ejemplo de juego mental, dilatadora de simpat\u00edas, registro fiel de un mundo real (no s\u00f3lo el corriente dentro de una cabeza), servidora de la historia, defensora de emociones contrarias y rebeldes: una novela que se tiene por necesaria puede ser, deber\u00eda ser, la mayor parte de estas cosas.<\/p>\n<p>Respecto de si continuar\u00e1 habiendo lectores que compartan esta elevada noci\u00f3n de la narrativa, bien, \u00abNo hay futuro para esa pregunta\u00bb, respondi\u00f3 Duke Ellington cuando le inquirieron por qu\u00e9 a\u00fan se le pod\u00eda encontrar tocando en las sesiones matutinas del Apollo. Lo mejor es seguir remando.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Transcribimos para ustedes\u00a0este bello\u00a0ensayo\u00a0de Susan Sontag: \u201cLa escritura como lectura\u201d,\u00a0contenido en\u00a0Cuesti\u00f3n de \u00e9nfasis\u00a0(Alfaguara 2006).\u00a0Inversi\u00f3n de lectura: [est_time] La escritura como lectura por Susan&hellip;<\/p>\n","protected":false},"author":3,"featured_media":17469,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[149,209],"tags":[228,222,162,243,242,241],"coauthors":[],"class_list":["post-17468","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-articulo","category-revista","tag-ensayo","tag-escribir","tag-escritura","tag-lector","tag-leer","tag-susna-sontag"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/letrasenlafrontera.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/17468","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/letrasenlafrontera.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/letrasenlafrontera.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/letrasenlafrontera.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/users\/3"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/letrasenlafrontera.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=17468"}],"version-history":[{"count":2,"href":"https:\/\/letrasenlafrontera.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/17468\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":17471,"href":"https:\/\/letrasenlafrontera.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/17468\/revisions\/17471"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/letrasenlafrontera.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media\/17469"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/letrasenlafrontera.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=17468"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/letrasenlafrontera.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=17468"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/letrasenlafrontera.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=17468"},{"taxonomy":"author","embeddable":true,"href":"https:\/\/letrasenlafrontera.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/coauthors?post=17468"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}