{"id":17418,"date":"2016-10-24T22:41:20","date_gmt":"2016-10-24T22:41:20","guid":{"rendered":"http:\/\/letrasenlafrontera.org\/?p=17418"},"modified":"2025-01-14T23:40:31","modified_gmt":"2025-01-14T23:40:31","slug":"joseph-brodsky-a-quien-llamamos-poeta","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/letrasenlafrontera.org\/index.php\/2016\/10\/24\/joseph-brodsky-a-quien-llamamos-poeta\/","title":{"rendered":"Joseph Brodsky: \u00bfA qui\u00e9n llamamos poeta?"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: left;\">Comparto a continuaci\u00f3n un fragmento de un ensayo\u00a0escrito por Joseph Brodsky\u00a0(Leningrado, 1940 &#8211; Nueva York, 1996), el poeta ruso quien fuera el ganador del premio Nobel de Literatura en 1987. <em>\u00a0Inversi\u00f3n de lectura:<\/em> [est_time]<\/p>\n<hr class=\"stag-divider stag-divider--plain\" \/>\n<p>[dropcap]A[\/dropcap]unque hablar sobre males pol\u00edticos resulta algo tan natural como la digesti\u00f3n para alguien cuya lengua materna es el ruso, me gustar\u00eda cambiar ahora de tema. Lo malo de los discursos sobre obviedades es que corrompen la conciencia por la facilidad y la rapidez con que nos proporcionan la tranquilidad moral de hallarnos en lo cierto. Ah\u00ed reside su tentaci\u00f3n, similar en su naturaleza a la tentaci\u00f3n del reformista social que engendra esos males. El hecho de haberse dado cuenta de esa tentaci\u00f3n, y de haberla rechazado, puede explicar en cierto modo el destino de muchos escritores contempor\u00e1neos,\u00a0responsables de la literatura surgida de sus plumas. Tal literatura no intentaba huir de la historia y silenciar la memoria, como podr\u00eda parecer desde fuera. \u00ab\u00bfC\u00f3mo se puede escribir poes\u00eda despu\u00e9s de Auschwitz?\u00bb, preguntaba Adorno; y cualquiera que est\u00e9 familiarizado con la historia rusa podr\u00eda repetir la pregunta cambiando tan solo el nombre del campo de concentraci\u00f3n, y quiz\u00e1 con m\u00e1s raz\u00f3n a\u00fan, pues el n\u00famero de personas que murieron en los campos de Stalin sobrepasa con mucho el de las v\u00edctimas de los campos de concentraci\u00f3n alemanes. \u00ab\u00bfY c\u00f3mo se puede comer despu\u00e9s de Auschwitz?\u00bb, replic\u00f3 en una ocasi\u00f3n el poeta americano Mark Strand\u2026 En cualquier caso, la generaci\u00f3n a la que pertenezco ha demostrado ser incapaz de escribir poes\u00eda.<\/p>\n<p>Esta generaci\u00f3n (nacida precisamente cuando los hornos crematorios de Auschwitz trabajaban a toda m\u00e1quina, cuando Stalin est\u00e1 en el c\u00e9nit de su poder absoluto, divino, que parec\u00eda patrocinado por la propia Madre Naturaleza) lleg\u00f3 al mundo, por lo visto, para continuar la senda que pretend\u00edan interrumpir los hornos crematorios y las tumbas an\u00f3nimas del archipi\u00e9lago de Stalin. El hecho de que no todo quedara interrumpido, al menos en Rusia, puede atribuirse en gran parte a mi generaci\u00f3n, y me siento tan orgulloso de ello como de hallarme hoy aqu\u00ed ante ustedes. El propio hecho de hallarme hoy aqu\u00ed constituye un reconocimiento a los servicios prestados por mi generaci\u00f3n a la cultura de mi pa\u00eds; y podr\u00eda a\u00f1adir, parafraseando a Mandelstam, a la cultura mundial. Mirando retrospectivamente, puedo ahora afirmar que empezamos en un territorio vac\u00edo (de hecho, terriblemente asolado) y, de forma m\u00e1s intuitiva que deliberada, aspiramos precisamente a la recreaci\u00f3n de la continuidad cultural, a la reconstrucci\u00f3n de sus formas y tropos, para llenar sus pocas formas supervivientes, a menudo contemporizadoras en exceso, de un contenido nuestro, nuevo (o as\u00ed nos lo parec\u00eda) y contempor\u00e1neo.<\/p>\n<p>Pod\u00edamos haber seguido otra senda: la senda de la deformaci\u00f3n, la po\u00e9tica de la ruina y el escombro, del minimalismo, del nudo en la garganta. Si la rechazamos, no fue por su supuesto exceso de dramatismo ni porque quisi\u00e9ramos preservar por encima de todo la nobleza hereditaria de las formas culturales conocidas, equivalentes, en nuestra conciencia, a las formas de la dignidad humana. La rechazamos porque en realidad la elecci\u00f3n no era nuestra sino de la cultura. Y, de nuevo, esta elecci\u00f3n era, m\u00e1s que moral, est\u00e9tica.<\/p>\n<p>Sin duda, lo natural es que una persona se vea a s\u00ed misma no como instrumento de cultura sino, al rev\u00e9s, como su creador y guardi\u00e1n. Pero si hoy afirmo lo contrario no es porque quede bien parafrasear, a finales del siglo XX, a Plotino, Lord Shaftesbury, Schelling o Novalis, sino porque, a diferencia de los dem\u00e1s, un poeta sabe que lo que com\u00fanmente se llama la voz de la Musa es, en realidad, el dictado de la lengua; que no es la lengua su instrumento sino \u00e9l el medio utilizado por la lengua para sobrevivir. No obstante, por mucho que pueda pensarse en ella (muy adecuadamente, por cierto) como una especie de ser vivo, la lengua no es capaz de elecciones \u00e9ticas.<\/p>\n<p>Una persona se pone a escribir un poema por diversas razones: para ganarse el coraz\u00f3n del ser amado; para expresar su actitud ante la realidad circundante, ya sea un paisaje o la situaci\u00f3n pol\u00edtica; para reflejar su estado de \u00e1nimo en un determinado momento; para dejar \u2014tal es al menos su intenci\u00f3n\u2014 alguna huella en este mundo. Lo m\u00e1s probable es que recurra a esta forma \u2014el verso\u2014 por razones inconscientemente mim\u00e9ticas: el negro y vertical co\u00e1gulo de palabras en medio del blanco de la p\u00e1gina le debe de recordar su propia situaci\u00f3n en el mundo, el equilibrio entre el espacio y su cuerpo. Pero al margen del mayor o menor efecto que produzca en sus lectores lo surgido de su pluma, la consecuencia inmediata de esta empresa es la sensaci\u00f3n de entrar en contacto directo con la lengua, o, m\u00e1s exactamente, la sensaci\u00f3n de quedar sometido a una inmediata dependencia respecto de ella, a todo lo que con ella se ha expresado, escrito y conseguido.<\/p>\n<p>Tal dependencia es absoluta, desp\u00f3tica, pero tambi\u00e9n liberadora. Pues, aun siempre de m\u00e1s edad que el escritor, la lengua sigue poseyendo la colosal energ\u00eda centr\u00edfuga conferida por todo el tiempo que tiene por delante. Y este potencial temporal no solo queda determinado cuantitativamente por el tama\u00f1o de la naci\u00f3n que habla tal lengua (aunque sin duda este hecho resulta determinante) sino por la calidad de la poes\u00eda que en ella se escriba. Baste recordar a los autores de la Antig\u00fcedad griega y romana; baste recordar a Dante. Y, as\u00ed, lo que hoy se escribe en ruso o ingl\u00e9s, por ejemplo, garantiza la existencia de estas lenguas tambi\u00e9n durante el pr\u00f3ximo milenio. El poeta, perm\u00edtanme repetirlo, es el medio de supervivencia de la lengua; o como dijo mi amado Auden, la lengua vive a trav\u00e9s del poeta. Yo, que escribo versos, dejar\u00e9 de existir; y tambi\u00e9n quien los lee. Pero la lengua en que est\u00e1n escritos y en que se leen permanecer\u00e1, y no solo porque la lengua sea m\u00e1s duradera que el hombre, sino porque es m\u00e1s capaz de mutaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Sin embargo, quien escribe un poema no lo escribe porque pretenda alcanzar la fama en la posteridad, aunque suele albergar la esperanza de que el poema le sobreviva, al menos durante un tiempo. Quien escribe un poema escribe porque la lengua le inspira \u2014cuando no le dicta\u2014 el siguiente verso. Por lo general, al empezar un poema el poeta no sabe qu\u00e9 curso va a tomar, y muchas veces \u00e9l es el primer sorprendido, pues a menudo el resultado es mejor de lo esperado, a menudo su pensamiento le lleva m\u00e1s lejos de lo que cre\u00eda. Y ese es el momento en que el futuro de la lengua invade el presente.<\/p>\n<p style=\"text-align: left;\">Existen, como sabemos, tres modos de conocimiento: el modo anal\u00edtico, el modo intuitivo y el modo de los profetas b\u00edblicos, la revelaci\u00f3n. Lo que distingue a la poes\u00eda de otros g\u00e9neros literarios es su utilizaci\u00f3n de los tres modos a la vez (aunque sobre todo del segundo y del tercero). Los tres, en efecto, se dan en la lengua; y hay ocasiones en que, mediante una simple palabra, una simple rima, el que escribe un poema se ve llevado all\u00ed donde no ha estado nadie antes que \u00e9l, quiz\u00e1 incluso m\u00e1s lejos de lo que \u00e9l mismo deseaba. Quien escribe un poema lo escribe sobre todo porque la escritura de versos es un extraordinario acelerador de la conciencia, del pensamiento, de la comprensi\u00f3n del universo. Una vez experimentada tal aceleraci\u00f3n, ya no se puede renunciar a repetir la experiencia; establecemos una dependencia total con este proceso, al igual que otros con las drogas o con el alcohol. A quien establece esta especie de dependencia con la lengua es, supongo, a quien llamamos poeta.<\/p>\n<p style=\"text-align: right;\"><strong>1987.<\/strong><\/p>\n<p>Fragmento de: &#8220;Del dolor y la raz\u00f3n<em>&#8220;<\/em>,\u00a0<em>Inusual semblante,<\/em> parte III de la conferencia del Premio Nobel Joseph Brodsky.\u00a0Traducci\u00f3n del ingl\u00e9s de Antoni Mart\u00ed Garc\u00eda, Editorial Siruela.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Comparto a continuaci\u00f3n un fragmento de un ensayo\u00a0escrito por Joseph Brodsky\u00a0(Leningrado, 1940 &#8211; Nueva York, 1996), el poeta ruso quien fuera el ganador&hellip;<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":17420,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":""},"categories":[209],"tags":[228,227,167],"coauthors":[],"class_list":["post-17418","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-revista","tag-ensayo","tag-joseph-brodsky","tag-poesia"],"jetpack_featured_media_url":"https:\/\/letrasenlafrontera.org\/wp-content\/uploads\/2016\/10\/1_12-e1477348783697.jpg","jetpack_sharing_enabled":true,"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/letrasenlafrontera.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/17418","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/letrasenlafrontera.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/letrasenlafrontera.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/letrasenlafrontera.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/letrasenlafrontera.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=17418"}],"version-history":[{"count":5,"href":"https:\/\/letrasenlafrontera.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/17418\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":17424,"href":"https:\/\/letrasenlafrontera.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/17418\/revisions\/17424"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/letrasenlafrontera.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media\/17420"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/letrasenlafrontera.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=17418"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/letrasenlafrontera.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=17418"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/letrasenlafrontera.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=17418"},{"taxonomy":"author","embeddable":true,"href":"https:\/\/letrasenlafrontera.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/coauthors?post=17418"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}