{"id":17316,"date":"2016-10-04T21:03:55","date_gmt":"2016-10-04T21:03:55","guid":{"rendered":"http:\/\/letrasenlafrontera.org\/?p=17316"},"modified":"2017-03-01T23:19:00","modified_gmt":"2017-03-01T23:19:00","slug":"sin-senales-del-frente","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/letrasenlafrontera.org\/index.php\/2016\/10\/04\/sin-senales-del-frente\/","title":{"rendered":"Sin se\u00f1ales del frente"},"content":{"rendered":"<h4 class=\"p1\"><span class=\"s1\">Por Ricardo Jos\u00e9 G\u00f3mez Tovar.<\/span><\/h4>\n<hr class=\"stag-divider stag-divider--plain\" \/>\n<p class=\"p1\"><span class=\"s1\">[dropcap]E[\/dropcap]l top\u00f3grafo no pod\u00eda creerlo. Durante la noche, en plena tregua de intercambio de fuego de mortero y balas impregnadas de miedo, alguien hab\u00eda borrado los l\u00edmites que separaban las trincheras de ambos contendientes. Las alambradas se hab\u00edan volatilizado, al igual que los estandartes que ostentaban el n\u00famero y blas\u00f3n de los regimientos, y junto a estos s\u00edmbolos de demarcaci\u00f3n territorial, los silbatos que instaban a la acci\u00f3n en el campo del honor no emit\u00edan sonido alguno, convertidos por ensalmo en inocentes juguetes infantiles. Tambi\u00e9n los cascos, quepis, gorras y otros tocados militares hab\u00edan desaparecido misteriosamente de ambos frentes, y otro tanto les hab\u00eda ocurrido a los uniformes. Un general con bigotillo puntiagudo y el gesto torcido sali\u00f3 de sus dependencias en ropa interior y avanz\u00f3 hacia las trincheras vociferando:<\/span><\/p>\n<p class=\"p1\"><span class=\"s1\">\u2014\u00a1Pues aunque sea sin casco y en pa\u00f1os menores, los hombres saldr\u00e1n a combatir! <\/span><\/p>\n<p class=\"p1\"><span class=\"s1\">\u2014\u00bfEn qu\u00e9 direcci\u00f3n, se\u00f1or? \u2014pregunt\u00f3 el sargento Millet, un hombre de cara amable que, antes de enviar a sus semejantes a una muerte segura, trabajaba arreglando las maquinarias averiadas de los relojes que los habitantes de la localidad de St-Cyr-Sur-Mer depositaban en su taller. <\/span><\/p>\n<p class=\"p1\"><span class=\"s1\">El general lanz\u00f3 un vistazo a su alrededor. Era cierto. Todas aquellas hondonadas excavadas en el gris paisaje de la regi\u00f3n de Francia m\u00e1s pr\u00f3xima al Canal de La Mancha parec\u00edan ser el mismo p\u00e1ramo desolador. \u00bfCu\u00e1les eran las l\u00edneas enemigas? \u00bfHacia d\u00f3nde deb\u00edan avanzar?<\/span><\/p>\n<p class=\"p1\"><span class=\"s1\">\u2014Pues est\u00e1 muy claro. \u00bfEs que no sabe usted orientarse, sargento? Hacia el nordeste, es decir, hacia all\u00ed\u2026 <\/span><\/p>\n<p class=\"p1\"><span class=\"s1\">\u2014No estoy muy seguro de que aquello sea el nordeste, se\u00f1or. Podr\u00eda muy bien ser el noroeste. <\/span><\/p>\n<p class=\"p1\"><span class=\"s1\">\u2014\u00a1Traiga una br\u00fajula, entonces! \u00bfA qu\u00e9 espera?<\/span><\/p>\n<p class=\"p1\"><span class=\"s1\">\u2014No hay ni una en todo el frente, se\u00f1or. Han desaparecido. Al igual que todo lo dem\u00e1s\u2026\u00a0<\/span><\/p>\n<p class=\"p1\"><span class=\"s1\">El general se puso rojo de c\u00f3lera, lo que hizo resaltar a\u00fan m\u00e1s la blancura de su piel, que se descolgaba con ap\u00e1tica flacidez por entre los pliegues de su ropa interior. A continuaci\u00f3n, entr\u00f3 como un tornado en su tienda y sali\u00f3 con un mapa desplegado en las manos. <\/span><\/p>\n<p class=\"p1\"><span class=\"s1\">\u2014\u00a1Malditos insubordinados! \u00c9sta es nuestra posici\u00f3n. As\u00ed pues, aquel mont\u00edculo que se ve desde aqu\u00ed tiene necesariamente que ser el enemigo. \u00a1Es pura l\u00f3gica, Millet! \u00bfO es que ha perdido la cuerda de su sustancia gris?\u00a0<\/span><\/p>\n<p class=\"p1\"><span class=\"s1\">\u2014Eso ser\u00eda cierto si supi\u00e9semos en qu\u00e9 direcci\u00f3n debemos leer el mapa, se\u00f1or \u2014replic\u00f3 tranquilamente Millet, haciendo caso omiso de las alusiones insultantes del general\u2014. Usted lo interpreta mirando hacia aquel mont\u00edculo, pero tambi\u00e9n podr\u00eda examinarlo mirando en aquella otra direcci\u00f3n, junto a ese peque\u00f1o cerro, o hacia<span class=\"Apple-converted-space\">\u00a0 <\/span>aquella porci\u00f3n de nada que se divisa por all\u00ed; o tal vez mirando hacia aquella otra tierra bald\u00eda que le se\u00f1alo con el dedo, se\u00f1or\u2026<\/span><\/p>\n<p class=\"p1\"><span class=\"s1\">\u2014\u00a1Maldita sea su verborrea, Millet! \u00a1Yo le mostrar\u00e9 d\u00f3nde est\u00e1 el enemigo! Despu\u00e9s, ya puede seguirme con sus hombres. \u00a1Y ay de quien no lo haga!<span class=\"Apple-converted-space\">\u00a0 \u00a0<\/span><\/span><\/p>\n<p class=\"p1\"><span class=\"s1\">El general apart\u00f3 de un empuj\u00f3n al sargento y, rojo de ira, extrajo la pistola de su cartuchera. Entonces, lanzando un penetrante grito de guerra, se lanz\u00f3 a correr a campo abierto mientras apretaba el gatillo de su arma. Ni un solo rastro de fuego sali\u00f3 de su ca\u00f1\u00f3n, que parec\u00eda estar atrofiado desde hac\u00eda d\u00e9cadas, en direcci\u00f3n al lugar impreciso donde lo apuntaba. Sin embargo, cuando los dedos presionaron el gatillo por quinta vez, el arma estall\u00f3 inexplicablemente en la cara de quien lo empu\u00f1aba, caus\u00e1ndole la muerte instant\u00e1nea. A lo largo de aquel frente sin se\u00f1ales empezaron a producirse explosiones similares, peque\u00f1as nubes de fuego y humo que precedieron a la ca\u00edda al suelo enfangado de unos hombres empeque\u00f1ecidos en la distancia hasta hacerse del tama\u00f1o de soldados de plomo. En ausencia de uniformes, aquellas autoritarias figuras sedientas de guerra que iban sucumbiendo por todo el territorio donde horas antes se combat\u00eda encarnizadamente se ve\u00edan caracterizadas por su actitud arrogante, su desprecio por la vida humana, sus altisonantes condecoraciones ondeando rid\u00edculamente sobre la ropa interior y, especialmente, por el rictus de odio que les surcaba el rostro. <\/span><\/p>\n<p class=\"p1\"><span class=\"s1\">No hubo que esperar ni siquiera al amanecer para firmar el armisticio. Los generales, coroneles, mariscales y dem\u00e1s altos mandos ca\u00eddos en combate fueron enterrados en la m\u00e1s absoluta discreci\u00f3n por grupos mixtos de soldados alemanes y franceses, todos ellos cubiertos por mantas y ropas de paisano, ante la recurrente ausencia de uniformes reglamentarios. Como no se entend\u00edan entre ellos, un profesor de Heidelberg propuso hablar en esperanto. El top\u00f3grafo fue el encargado de volver a trazar las fronteras desdibujadas. Mientras lo hac\u00eda, se alegr\u00f3 solo de pensar que ahora ya nadie disparar\u00eda contra sus semejantes agazapado desde detr\u00e1s de aquellas l\u00edneas que siempre parecieron inamovibles, pero que hab\u00edan resultado tan f\u00e1ciles de difuminar.\u00a0<\/span><\/p>\n<h4 class=\"p1\"><\/h4>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por Ricardo Jos\u00e9 G\u00f3mez Tovar. [dropcap]E[\/dropcap]l top\u00f3grafo no pod\u00eda creerlo. 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