{"id":17099,"date":"2016-09-06T18:31:53","date_gmt":"2016-09-06T18:31:53","guid":{"rendered":"http:\/\/letrasenlafrontera.org\/?p=17099"},"modified":"2025-01-14T23:41:35","modified_gmt":"2025-01-14T23:41:35","slug":"acuerdate","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/letrasenlafrontera.org\/index.php\/2016\/09\/06\/acuerdate\/","title":{"rendered":"Acu\u00e9rdate"},"content":{"rendered":"<p><em>(Juan Rulfo en la Ciudad de M\u00e9xico. Foto: Ricardo Salazar)<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\"><strong><em>Acu\u00e9rdate <\/em><\/strong>es\u00a0un cuento\u00a0escrito por\u00a0Juan Rulfo\u00a0y\u00a0forma parte de los diecis\u00e9is cuentos de \u201cEl llano en llamas\u201d, obra publicada por primera vez en 1953 por el Fondo de Cultura Econ\u00f3mica.<\/p>\n<p><!--more--><\/p>\n<hr \/>\n<h1 style=\"text-align: center;\">Acu\u00e9rdate<\/h1>\n<h5 style=\"text-align: center;\">Por Juan Rulfo<\/h5>\n<hr \/>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>[dropcap] A[\/dropcap]cu\u00e9rdate de Urbano G\u00f3mez, hijo de don Urbano, nieto de Dimas, aqu\u00e9l que dirig\u00eda las pastorelas y que muri\u00f3 recitando el \u201crezonga \u00e1ngel maldito\u201d cuando la \u00e9poca de la gripe. De esto hace ya a\u00f1os, quiz\u00e1 quince. Pero te debes acordar de \u00e9l. Acu\u00e9rdate que le dec\u00edamos \u201cel Abuelo\u201d por aquello de que su otro hijo, Fidencio G\u00f3mez, ten\u00eda dos hijas muy juguetonas: una prieta y chaparrita, que por mal nombre le dec\u00edan <i>la<\/i> <i>Arremangada<\/i>, y la otra que era rete alta y que ten\u00eda los ojos zarcos y que hasta se dec\u00eda que ni era suya y que por m\u00e1s se\u00f1as estaba enferma del hipo. Acu\u00e9rdate del relajo que armaba cuando est\u00e1bamos en misa y que a la mera hora de la Elevaci\u00f3n soltaba un ataque de hipo, que parec\u00eda como si estuviera riendo y llorando a la vez, hasta que la sacaban fuera y le daban tantita agua con az\u00facar y entonces se calmaba. Esa acab\u00f3 cas\u00e1ndose con Lucio Chico, due\u00f1o de la mezcalera que antes fue de Librado, r\u00edo arriba, por donde est\u00e1 el molino de linaza de los Te\u00f3dulos.<\/p>\n<p>Acu\u00e9rdate que a su madre le dec\u00edan <i>la Berenjena<\/i> porque siempre andaba metida en l\u00edos y de cada l\u00edo sal\u00eda con un muchacho. Se dice que tuvo su dinerito, pero se lo acab\u00f3 en los entierros, pues todos los hijos se le mor\u00edan reci\u00e9n nacidos y siempre les mandaba cantar alabanzas, llev\u00e1ndolos al pante\u00f3n entre m\u00fasica y coros de monaguillos que cantaban \u201chosannas\u201d y \u201cglorias\u201d y la canci\u00f3n esa de \u201cah\u00ed te mando, Se\u00f1or, otro angelito\u201d. De eso se qued\u00f3 pobre, porque le resultaba caro cada funeral, por eso de las canelas que les daba a los invitados del velorio. S\u00f3lo le vivieron dos, el Urbano y la Natalia, que ya nacieron pobres y a los que ella no vio crecer, porque se muri\u00f3 en el \u00faltimo parto que tuvo, ya de grande, pegada a los cincuenta a\u00f1os.<\/p>\n<p>La debes haber conocido, pues era muy discutidora y cada rato andaba en pleito con las vendedoras en la plaza del mercado porque le quer\u00edan dar muy caros los jitomates, pegaba gritos y dec\u00eda que la estaban robando. Despu\u00e9s, ya pobre, se le ve\u00eda rondando entre la basura, juntando rabos de cebolla, ejotes ya sancochados y alguno que otro ca\u00f1uto de ca\u00f1a \u201cpara que se les endulzara la boca a sus hijos\u201d. Ten\u00eda dos, como ya te digo, que fueron los \u00fanicos que se le lograron. Despu\u00e9s no se supo ya de ella.<\/p>\n<p>Ese Urbano G\u00f3mez era m\u00e1s o menos de nuestra edad, apenas unos meses m\u00e1s grande, muy bueno para jugar a la rayuela y para las tr\u00e1calas. Acu\u00e9rdate que nos vend\u00eda clavellinas y nosotros se las compr\u00e1bamos, cuando lo m\u00e1s f\u00e1cil era ir a cortarlas al cerro. Nos vend\u00eda mangos verdes que se robaba del mango que estaba en el patio de la escuela y naranjas con chile que compraba en la porter\u00eda a dos centavos y que luego nos las revend\u00eda a cinco. Rifaba cuanta porquer\u00eda y media tra\u00eda en el bolso: canicas \u00e1gata, trompos y zumbadores y hasta mayates verdes, de esos a los que se les amarra un hilo en una pata para que no vuelen muy lejos. Nos traficaba a todos, acu\u00e9rdate.<\/p>\n<p>Era cu\u00f1ado de Nachito Rivero, aquel que se volvi\u00f3 tonto a los pocos d\u00edas de casado y que In\u00e9s, su mujer, para mantenerse tuvo que poner un puesto de tepeche en la garita del camino real, mientras Nachito se viv\u00eda tocando canciones todas refinadas en una mandolina que le prestaban en la peluquer\u00eda de don Refugio.<\/p>\n<p>Y nosotros \u00edbamos con Urbano a ver a su hermana, a bebernos el tepeche que siempre le qued\u00e1bamos a deber y que nunca le pag\u00e1bamos, porque nunca ten\u00edamos dinero. Despu\u00e9s hasta se qued\u00f3 sin amigos, porque todos al verlo, le sac\u00e1bamos la vuelta para que no fuera a cobrarnos.<\/p>\n<p>Quiz\u00e1 entonces se vio malo, o quiz\u00e1 ya era de nacimiento.<\/p>\n<p>Lo expulsaron de la escuela antes del quinto a\u00f1o, porque lo encontraron con su prima <i>la Arremangada<\/i> jugando a marido y mujer detr\u00e1s de los lavaderos, metidos en un aljibe seco. Lo sacaron de las orejas por la puerta grande entre el ris\u00f3n de todos, pas\u00e1ndolo por una fila de muchachos y muchachas para avergonzarlo. Y \u00e9l pas\u00f3 por all\u00ed, con la cara levantada, amenaz\u00e1ndolos a todos con la mano y como diciendo: \u201cYa me las pagar\u00e1n caro\u201d.<\/p>\n<p>Y despu\u00e9s a ella, que sali\u00f3 haciendo pucheros y con la mirada raspando los ladrillos, hasta que ya en la puerta solt\u00f3 el llanto; un chillido que se estuvo oyendo toda la tarde como si fuera un aullido de coyote.<\/p>\n<p>S\u00f3lo que te falle mucho la memoria, no te has de acordar de eso.<\/p>\n<p>Dicen que su t\u00edo Fidencio, el del molino, le arrim\u00f3 una paliza que por poco y lo deja par\u00e1lisis, y que \u00e9l, de coraje, se fue del pueblo.<\/p>\n<p>Lo cierto es que no lo volvimos a ver sino cuando apareci\u00f3 de vuelta aqu\u00ed convertido en polic\u00eda. Siempre estaba en la plaza de armas, sentado en la banca con la carabina entre las piernas y mirando con mucho odio a todos. No hablaba con nadie. No saludaba a nadie. Y si uno lo miraba, \u00e9l se hac\u00eda el desentendido como si no conociera a la gente.<\/p>\n<p>Fue entonces cuando mat\u00f3 a su cu\u00f1ado, el de la mandolina. Al Nachito se le ocurri\u00f3 ir a darle una serenata, ya de noche, poquito despu\u00e9s de las ocho y cuando las campanas todav\u00eda estaban tocando el toque de \u00c1nimas. Entonces se oyeron los gritos y la gente que estaba en la Iglesia rezando el rosario sali\u00f3 a la carrera y all\u00ed los vieron: al Nachito defendi\u00e9ndose patas arriba con la mandolina y al Urbano mand\u00e1ndole un culatazo tras otro con el m\u00e1user, sin o\u00edr lo que le gritaba la gente, rabioso, como perro del mal. Hasta que un fulano que no era ni de por aqu\u00ed se desprendi\u00f3 de la muchedumbre y fue y le quit\u00f3 la carabina y le dio con ella en la espalda, dobl\u00e1ndolo sobre la banca del jard\u00edn donde se estuvo tendido.<\/p>\n<p>All\u00ed lo dejaron pasar la noche. Cuando amaneci\u00f3 se fue. Dicen que antes estuvo en el curato y que hasta le pidi\u00f3 la bendici\u00f3n al padre cura, pero que \u00e9l no se la dio.<\/p>\n<p>Lo detuvieron en el camino. Iba cojeando, y mientras se sent\u00f3 a descansar llegaron a \u00e9l. No se opuso. Dicen que \u00e9l mismo se amarr\u00f3 la soga en el pescuezo y que hasta escogi\u00f3 el \u00e1rbol que m\u00e1s le gustaba para que lo ahorcaran.<\/p>\n<p>T\u00fa te debes acordar de \u00e9l, pues fuimos compa\u00f1eros de escuela y lo conociste como yo.<\/p>\n<p align=\"center\">FIN<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>(Juan Rulfo en la Ciudad de M\u00e9xico. 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