Reseña Revista

El libro de las cosas nunca vistas

Por Guadalupe Gómez-Aguado. Inversión de lectura: 4 minutes

¿Cómo tender puentes entre lo visto y lo escuchado frente a lo nunca visto? ¿Cómo crear un mundo imaginario y dotarlo de vida? Es lo que hace Michel Faber en su novela El libro de las cosas nunca vistas. Una fantasía que nos lleva por un viaje interestelar a un planeta a millones de años luz de la tierra, un lugar llamado Oasis en el que conviven terrícolas sin lazos sentimentales con su planeta de origen y “oasianos” que no quieren tener más trato que el estrictamente necesario con los habitantes de la base de la empresa gubernamental que encabeza el proyecto.

Hasta ahí, todo parece ser una novela de ciencia ficción como muchas, que habla de vida extraterrestre y de humanos tratando de colonizar otro planeta porque la tierra está inmersa en problemas cada vez más acuciantes. El futuro de millones de seres humanos está en ese Oasis que puede salvarlos de la aniquilación. Pero entonces aparece Peter, el pastor cristiano que decide emprender el largo viaje porque necesita el salario que van a pagarle por su trabajo espiritual con los oasianos. En su Inglaterra natal, Peter deja a su amada esposa Bea, que lo ha salvado de una vida de alcohol y drogas, y a su gato Joshua. La esperanza de la pareja es que él regrese y con el dinero que le van a pagar por la aventura, pueda  ayudar a sus fieles. Los dos buenos cristianos esperan que el sacrificio que Peter está a punto de realizar sea en beneficio no sólo de ellos, sino de su comunidad.

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El viaje, sin embargo, es mucho más que la llegada a un planeta extraño para evangelizar a seres extraños. Poco a poco se convierte en una aventura que lleva a Peter a cuestionarse su vida y a reafirmar su fe, mientras los oasianos lo reciben como el mensajero que estaban esperando, aquél que les va a llevar la palabra en “El libro de las cosas nunca vistas”. Los lazos que el pastor establece con su nueva comunidad van a ser profundos y conmovedores. Para los hombrecitos que habitan Oasis, la vida es una sucesión de días sin pasado ni futuro. El concepto de historia es desconocido, no se preocupan por lo que pasó porque sólo viven el presente. Trabajan todos juntos, se ayudan y son una comunidad que sufre y disfruta sin cuestionarse los porqués de su vida. Pero cuando conocen a Jesús como su salvador, descubren la esperanza. Porque los cuerpos de esos pequeños seres no tienen la capacidad de regenerarse como los de los humanos, y si sufren una herida no pueden curarla. Poco a poco van sucumbiendo a la corrosión y a la muerte. Por ello la idea de salvación, de vida después de la vida, les hace concebir esperanzas de desafiar la aniquilación final que nos espera a todos.

Y mientras Peter crea lazos cada vez más profundos con su nueva comunidad de fieles seguidores,  la comunicación con Bea y las noticias que le llegan de la tierra son cada vez más difíciles. Él se sorprende por lo poco que le importa lo que ella le cuenta sobre catástrofes naturales, disturbios sociales, escasez y muerte. Sólo le ilusiona tocar el espíritu de los oasianos, compartir su palabra, explicar el misterio de la redención y traducir las palabras de la Biblia a un lenguaje que los nuevos fieles puedan comprender. Porque en Oasis no hay animales, no hay océanos, no hay peces, no hay ovejas ni pastores. Sólo un inmenso páramo de tierra ocre con un sol que recorre el cielo sin que los colores se transformen, y con lluvias intermitentes que caen siempre y que dejan la tierra tan seca como la encontraron, porque esa tierra absorbe toda la humedad en cuanto es tocada por un agua color verde con sabor a melón.

La novela de Faber recrea un mundo fantástico, y lo hace con originalidad y maestría. Pero también es una reflexión sobre lo que nos hace humanos y nos mantiene unidos a pesar de nuestras diferencias y rivalidades. O lo frágil que es el puente que se construye cuando las letras que viajan de un planeta a otro no pueden comunicar lo que sentimos, o lo hacen de una manera que el otro no entiende. Cuántos planetas nos separan de lo que no conocemos, de los que sufren pero no nos parecen cercanos, de los que piensan distinto y por ello se nos vuelven ajenos. Los puentes de la comunicación interestelar a veces son tan grandes como los que separan a una pareja que no supo explicarse y comprenderse. Y en un momento el puente se rompe y la comunicación es imposible.

Esta novela, conmovedora y fascinante, también tiende puentes para imaginar, mediante la fuerza de la palabra escrita, cómo sería un mundo en el que la apariencia no fuera lo único importante, en el que la belleza física como la entendemos no tuviera que ver con la simetría de un rostro o las proporciones perfectas de un cuerpo, sino con la naturalidad y la grandeza de la entrega generosa de lo que somos y tenemos. La obra de Faber nos permite reflexionar sobre los valores de una sociedad individualista que ha olvidado la conexión con el otro, la bondad y la justicia. Que ha dejado de conmoverse por los problemas de cada día y que sólo busca una satisfacción inmediata sin tomar en cuenta el daño que eso puede hacer a su entorno y a sus semejantes. Lejos de ser una fábula moralista, también nos lleva a imaginar un mundo sin conflictos, totalmente aséptico, en el que no hay necesidad de policía ni de castigos. Y por lo mismo, profundamente impersonal y monótono.

¿Todos somos un poco extraterrestres en medio de la desconfianza y la soledad que caracteriza al mundo de hoy? Peter y los habitantes de Oasis no pueden usar redes sociales, no tienen internet, ni la respuesta inmediata a todas sus dudas; no pueden llenarse de noticias inútiles como lo hacemos los habitantes de la sociedad hipercomunicada del siglo xxi. Y eso, podemos pensar los lectores de esta obra excepcional, podría ser un puente que nos lleve de nuevo a la comunicación cara a cara. Que nos acerque al otro, al que tenemos tan cerca y sin embargo, tan lejos como si habitara un planeta muy, muy lejano.


Guadalupe Gómez-Aguado

Maestra en historia. Candidato a doctor en historia. Sus líneas de investigación se han centrado en el estudio del conservadurismo mexicano en el siglo xix. Ha investigado y publicado sobre diversos temas de historia decimonónica y contemporánea. Es profesora de tiempo completo en la Universidad Nacional Autónoma de México.

@GGomezAguado

 

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