Poema Traducción

Tres poemas de Czeslaw Milosz

Traducciones de José Emilio Pacheco.

Ars poetica


Siempre he aspirado a una forma mucho más amplia

Que, libre de las aspiraciones de la poesía y la prosa,

Nos dejase entendernos sin exponer

A lector y autor a sublimes agonías.

En la esencia misma de la poesía hay algo indecente:

Expresamos cosas que ignorábamos tener en nosotros.

De modo que parpadeamos como si hubiera

saltado un tigre

Y estuviese en la luz moviendo la cola.

Por eso dicen justamente que un demonio dicta la poesía,

Aunque es exagerado sostener que se trata de un ángel.

Es arduo adivinar de dónde viene el orgullo de los

poetas

Cuando tan a menudo quedan avergonzados

por la revelación de su fragilidad.

¿Qué persona razonable sería una ciudad de demonios

Que se portan a sus anchas, hablan en muchas lenguas

Y, no satisfechos con robarle sus labios y sus manos,

Trabajan en cambiarle el destino para su convivencia

infernal?

Es cierto que hoy se aprecia mucho lo mórbido;

Por tanto acaso pienses que sólo estoy bromeando

O simplemente has encontrado otros medios

De alabar el arte sin ayuda de la ironía.

Hubo un tiempo en que sólo los libros sabios eran leídos

Y nos ayudaban a soportar nuestro dolor y sufrimiento.

Esto, después de todo, no es lo mismo

Que hojear cientos de obras recién salidas de clínicas

psiquiátricas.

Y sin embargo es diferente de lo que parece

Y nosotros somos distintos de cómo nos vemos

en nuestros delirios.

Por tanto las personas preservan su identidad silenciosa

Y ganan el respeto de sus parientes y vecinos.

El propósito de la poesía es recordarnos

Qué difícil es seguir siendo una sola persona,

Ya que está abierta nuestra casa, no tiene llaves

Y huéspedes invisibles entran y salen a su antojo.

De acuerdo, no es poesía lo que ahora digo:

Los poemas deben escribirse rara vez y de mala gana,

Bajo penas intolerables y sólo con la esperanza

De que los buenos espíritus, no los malos, nos elijan

como instrumento.

Lecturas


Me preguntas para qué sirve leer los Evangelios en griego.

Respondo: es conveniente que pasemos el dedo

Por letras más durables que las grabadas en piedra.

Y al pronunciar con lentitud cada sílaba

Descubramos la verdadera dignidad del lenguaje.

Obligados a estar atentos pensaremos en aquella época

No más lejana que ayer, aunque en las monedas actuales

Las cabezas de los césares son diferentes.

Sin embargo, es el mismo eón todavía.

Son iguales el temor y el deseo, aceite, vino y pan

Significan lo mismo. Y otro tanto

La veleidad de la multitud, ávida de milagros como en el pasado.

A su vez las costumbres,

Ceremonias nupciales, drogas, lamentos por los muertos,

Sólo parecen diferentes.

Entonces, por ejemplo, también había

Muchas personas que el texto llama Daimonoizomenoi,

Es decir, los endemoniados, o endiablados, si lo prefieres.

(En cuanto a “poseídos”, no es sino capricho de un diccionario.)

Convulsiones, espuma en la boca, crujir de dientes,

No eran vistas entonces como señales de talento.

Los endemoniados no tenían acceso a la letra de imprenta

ni a la pantalla.

Rara vez se dedicaban a las artes y letras.

No obstante, la parábola del Evangelio conserva su fuerza:

El espíritu que se apodera de ellos puede entrar en los cerdos,

Quienes, exasperados por la colisión repentina

Entre ambas naturalezas, la demoníaca y la suya

Se echan al agua y se ahogan (como sucede a menudo).

Así, en cada página un lector persistente

Observa veinte siglos como si fueran veinte días

En un mundo que un día llegará a su final.

Berkeley, 1969.

Prueba


 

Sin embargo, probaste las llamas del infierno.

Incluso puedes decir cómo son: reales,

Terminadas en ganchos agudos que desgarran

la carne

Pedazo por pedazo hasta llegar al hueso.

Caminaste por la calle y allí estaban: el látigo

y el derramamiento de sangre.

Recuerda por lo tanto que no hay duda:

Ciertamente existe el infierno.

 

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