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De encuentros que se convierten en poemas

Un hito que seguramente será muy recordado por la literatura mundial, es el sucedido en Chile durante el invierno de 1969, que reunió durante cuatro días a escritores de toda Latinoamérica. Personajes de las letras como Pablo Neruda, Gonzalo Rojas, Fernando Alegría, Carlos Drouguett, Mario Vargas Llosa, Juan Carlos Onetti, Nicanor Parra, David Viñas, Ernesto Sábato —por mencionar algunos—, y dos escritores mexicanos: Rosario Castellanos y Juan Rulfo.

El encuentro literario fue del 18 al 21 de agosto, con motivo de que la Universidad Católica de Chile otorgara el grado de Doctor Scientia et Honoris Causa a Pablo Neruda. El poeta hizo una tertulia en la famosa Casa de la Isla Negra. La fotógrafa argentina Sara Facio —quien es autora de la foto que compartimos en este espacio— estuvo presente y cuenta que aquella noche “se habló, se escuchó música y Neruda solo hizo un aparte en su habitación con Juan Rulfo” (Pablo Neruda, 1988).

Nunca sabremos sobre qué temas conversaron el poeta chileno y el narrador mexicano, no hay registro de ello, pero podemos especular que hablaron de Rilke, pues los dos fueron traductores y estudiosos del poeta. Lo que sí sabemos, es que en ese lugar nació una amistad que tal vez siguió por vía epistolar, pues fue justo el historiador chileno Abraham Quezada —quien en 2013 estaba realizando una investigación sobre un posible epistolario Neruda-Rulfo— que hizo un interesante descubrimiento: Pablo Neruda siempre regalaba versos a sus amigos, uno de esos poemas fue para Juan Rulfo.

Quezada, que ha dedicado más de 10 años en cazar toda la correspondencia de Neruda, cuenta que halló el texto y lo copió directamente de un original que poseía un coleccionista y bibliófilo chileno: “Estaba escrito con tinta verde, en hojas sin el logo nerudiano, era un manuscrito inédito. No tenía otras fechas o indicaciones (…) Tiene cara de dedicatoria, pero eran hojas sueltas, que no estaban dentro o sobre un libro específico”.

Aún no se ha descifrado si esa hoja de papel alguna vez llegó a las manos de Rulfo, lo más probable es que no por la simple razón que el poema se encontró en Chile y no en México. El texto por su sencillez y simpleza no sólo ha causado revuelo entre los estudiosos de la obra de Neruda, sino que para los amantes de la obra Rulfiana ha generado nostalgia. Puesto que se sabe que Rulfo tenía un enemigo gigantesco, su mayor crítico y su más inclemente rival: él mismo (una vez declaró que El llano en llamas salió a la luz no porque le resultara un buen trabajo, sino porque le dio el borrador a los editores y ellos creyeron que estaba lista para darlo a conocer). Lo advertimos porque por ese nivel de autocrítica y perfeccionismo también destruyó muchos otros borradores y que por ello sólo tenemos tres libros publicados: El llano en llamas en 1953, Pedro Páramo en 1955, y nada durante 25 años hasta 1980 con El Gallo de Oro; la nostalgia viene cuando uno se pregunta —ante la falta de confianza en sí mismo, de validación y aprobación— qué habría pasado si Juan Rulfo hubiera leído el poema:

Aquí, sobre

estas olas

está el recuerdo

de tantas

lágrimas

que han

navegado

a través de

días y años

en la soledad

de una luna

olvidada.

Para ti querido

Juan nace

este canto

perdido a

orillas del

mar.

Pablo Neruda,

para Juan Rulfo

querido amigo

de paso por Isla Negra

1969.

 

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